En la región del NOA, los productores de maíz enfrentan un desafío creciente: las poblaciones del insecto Dalbulus maidis, vector del achaparramiento del maíz, han aumentado un 18% en esta campaña. Esta situación genera preocupación debido a su impacto en los rindes y la sanidad del cultivo. Para conocer más sobre este fenómeno y el trabajo que se viene realizando desde el INTA Famaillá, conversamos con la Ing. Agr. Claudia Fernanda Funes, quien nos brindó detalles sobre el monitoreo del insecto y las estrategias recomendadas para mitigar su impacto en la producción.
«Los monitoreos que hemos estado realizando han permitido contar con datos concretos de la presencia del vector en la región, el momento de aparición y los niveles poblacionales, información que no disponíamos en la campaña anterior«, explicó Funes. Según el informe de la Red Nacional de Trampas Amarillas, en la región del NOA se ha registrado un incremento del insecto en las provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero. «En Tucumán, principalmente en los departamentos de Burruyacú, Cruz Alta y Leales«, detalló la especialista.
El aumento del 18% en la población del insecto genera inquietud en el sector, ya que su presencia puede comprometer el rendimiento del maíz. «En términos generales, las poblaciones coinciden con lo que sería el avance tecnológico del cultivo. A medida que tenemos mayor disponibilidad de maíz, es lógico que los niveles poblacionales de Dalbulus maidis tiendan a incrementarse«, explicó Funes. Sin embargo, destacó que «el 50% de los lotes se encuentran en estado vegetativo tardío y muchos ya en la fase reproductiva, fuera del período crítico para ser afectados por el insecto».
Desde el INTA Famaillá, se han desarrollado estrategias de manejo para mitigar el impacto del vector. «Recomendamos el monitoreo continuo, la eliminación de lotes abandonados y el control de plantas guachas para evitar el reservorio del vector y la enfermedad«, indicó Funes. En caso de ser necesario, también se sugiere el control químico con productos aprobados por SENASA. Además, las condiciones climáticas influyen en la proliferación del insecto. «Las temperaturas cálidas y húmedas favorecen al vector, al igual que la disponibilidad de alimento«, comentó la ingeniera.
El monitoreo del Dalbulus maidis es fundamental para entender su comportamiento y mitigar su impacto. «Durante el período invernal, evaluamos el monitoreo con redes entomológicas para determinar si el insecto se mantenía refugiado. También usamos trampas de emergencia y cromáticas adhesivas«, explicó Funes. Actualmente, con la presencia del maíz, el monitoreo se centra en la observación directa y el uso de trampas cromáticas adhesivas. «Estas trampas son muy buenas para determinar los niveles poblacionales, pero deben complementarse con el monitoreo directo, ya que atraen insectos en general», aclaró la especialista.
Para la próxima campaña, el INTA recomienda mantener el monitoreo constante. «Los insectos tienen picos poblacionales cada cierto tiempo y con determinadas condiciones climáticas. Puede haber campañas con picos elevados, seguidas de períodos de baja población, por lo que es fundamental estar atentos», advirtió Funes. Otras estrategias clave incluyen la selección de materiales de siembra tolerantes al ataque del insecto, el control de maíz guacho y el uso de semillas curadas. «Esto contribuye a resguardar el cultivo en caso de un aumento poblacional durante el período susceptible», afirmó.
Por último, Funes brindó un dato alentador: «No hay detección de insectos infectivos ni de plantas con síntomas de la enfermedad en nuestra región. A pesar del incremento poblacional, la situación aún es favorable para el cultivo, pero tenemos que mantenernos atentos, continuar con los monitoreos y mantenerse atento ante cualquier síntoma dudoso». Desde el INTA Famaillá, continúan trabajando para proveer información precisa y herramientas que permitan a los productores enfrentar este desafío con eficacia.
(Fuente: Suena a Campo)













