El zumbido de las abejas vuelve a ser protagonista en la agenda de formación de la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria de la UNT. La institución organiza una nueva edición del Curso de Iniciación Apícola, pensado para todo aquel que quiera acercarse a una actividad milenaria, tan productiva como necesaria para la sustentabilidad de los ecosistemas. “El curso de iniciación, como el nombre mismo lo indica, sienta las bases que aclaran el panorama sobre cuál sería el ABC de la producción apícola para aquella persona que quiera iniciarse en la actividad”, explica la ingeniera zootecnista Verónica Albarracín, docente a cargo de la capacitación.
La propuesta busca, ante todo, abrir el conocimiento apícola a un público heterogéneo. Según Albarracín, la apicultura no debe ser patrimonio exclusivo de quienes ya trabajan en el sector: “Siempre este tipo de cursos han sido dirigidos al público en general, que tenga o no conocimientos previos, porque la actividad apícola tiene gran repercusión en la vida cotidiana. Muchas veces llegan consultas de maestros, profesores, incluso de abuelos que necesitan información porque un niño lleva el tema a la feria de ciencias. Es una forma de acercar saberes a la sociedad”.
El perfil de los asistentes es variado: desde estudiantes de escuelas agrotécnicas y de la propia facultad, hasta curiosos que simplemente sienten atracción por la vida de las abejas. También se acercan pequeños productores que ya cuentan con algunas colmenas pero buscan perfeccionar su manejo. “Hay de todo un poco: estudiantes, productores y público en general. Incluso personas que ya tienen colmenas, aunque no se dediquen de manera industrial, y que encuentran en el curso una oportunidad de ordenar su experiencia con fundamentos técnicos”, comenta la docente.
Uno de los ejes centrales es la mirada ambiental. La apicultura, recuerda Albarracín, no solo genera miel o derivados, sino que es una aliada estratégica en la preservación de la biodiversidad. “Cuando fomentamos la apicultura, fomentamos una actividad con alto impacto positivo en la biodiversidad. Trabajar con colmenas significa comprender que debemos cuidar el medio ambiente, mantenerlo libre de contaminantes y actuar de forma amigable con la naturaleza. Al hacerlo, no solo cuidamos a las abejas, sino que nos convertimos en defensores de la vida y la armonía con otros seres vivos”, reflexiona.
La capacitación, de tres jornadas, combina teoría y práctica. Por las mañanas se desarrollarán los contenidos conceptuales, mientras que las tardes estarán dedicadas al trabajo en el campo. “Arrancamos con teoría para sentar las bases técnicas y luego pasamos a la práctica, que va desde el reconocimiento de los individuos en la colmena, hasta cómo se colocan las alzas melarias, cómo se cosecha y se extrae la miel, o cómo se verifica su calidad en laboratorio”, detalla Albarracín. Esa dinámica permite a los participantes tener una primera experiencia real en el manejo apícola, con el acompañamiento docente y los equipos de la facultad.
Al finalizar, los asistentes estarán en condiciones de iniciarse con su propia colmena, aunque el aprendizaje no termina allí. “El curso habilita para comenzar, pero siempre surge la necesidad de ampliar. Por eso luego ofrecemos capacitaciones más específicas, como multiplicación del apiario, crianza de reinas, manejo sanitario o producción de otros productos de la colmena como el propóleo. Es fundamental entender que primero hay que mantener colmenas sanas y productivas para después dar pasos hacia producciones más especializadas”, subraya.
El curso no solo transmite técnicas, también busca inculcar un enfoque de respeto hacia la abeja como sujeto central del proceso productivo. “Debemos tomar conciencia de que la fuerza de trabajo de la colmena son las abejas. Si no satisfacemos sus necesidades nutricionales y ambientales, no obtendremos miel, polen, jalea real o ningún producto. Las abejas requieren nutrientes energéticos, proteicos, vitamínicos y minerales, además de un entorno limpio. De nosotros depende garantizar esas condiciones”, afirma Albarracín.
Las inscripciones ya están abiertas y se realizan de manera sencilla: mediante un código QR difundido en las redes sociales de la facultad, que deriva a una planilla de inscripción. Luego se completa el pago correspondiente en la cuenta bancaria institucional. El curso tendrá lugar en el aula de posgrado de la sede El Manantial por las mañanas, y en el apiario y laboratorios de la finca por las tardes. Se otorgará un cuadernillo con contenidos teóricos y el uso del equipo necesario para las prácticas. Además, los estudiantes que acrediten su condición tendrán un 5% de descuento en el arancel.
La expectativa es alta y la convocatoria promete superar ediciones anteriores. “Esperamos que el tiempo nos acompañe para poder realizar todas las actividades planificadas. Queremos que los asistentes vivan tres días intensos y enriquecedores, que se vayan con herramientas prácticas y con la motivación de seguir creciendo en la apicultura”, concluye Albarracín.
La cita está hecha: tres días para abrir la mente, ensuciarse las manos y descubrir el fascinante universo de las abejas, guardianas invisibles de la biodiversidad. Una invitación a sumarse a una actividad productiva que también es un compromiso con el ambiente y el futuro.













