La campaña gruesa 2025/26 llega con señales mixtas. A nivel nacional, los informes señalan que la soja perderá terreno frente al maíz y el girasol, acompañada de costos productivos que muestran una leve moderación respecto a ciclos anteriores. Sin embargo, en Tucumán, la situación parece seguir un camino distinto, marcado por la estabilidad del área y por factores locales que condicionan la toma de decisiones de los productores.
“El escenario de soja en Tucumán es bastante estable en los últimos años”, sostuvo el ingeniero José Sánchez, investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). Según explicó, parte de esta estabilidad se explica por la protección que el cultivo tiene en lotes de caña, así como por la dinámica de otros cultivos. “En cuanto a maíz, hubo un descenso en las últimas campañas por la chicharrita y sus problemas. Como eso se empezó a controlar, la superficie volvió a recuperar parte de lo perdido. Pero en general, los límites de producción de soja y maíz se mantienen dentro de lo normal”, precisó.
En ese marco, el girasol prácticamente no figura en la rotación provincial, mientras que el sorgo se perfila como una alternativa puntual. La soja, pese a todo, conserva un lugar preferencial. “Siempre es lo más seguro o lo que viene siendo más rentable”, remarcó Sánchez, aunque advirtió que la elección final dependerá de la realidad de cada empresa agrícola.
La cuestión económica es un punto crítico en el NOA, donde los márgenes siempre resultan más ajustados que en la región pampeana. “Ya de por sí tenemos un frente largo hasta el puerto que nos pone en desventaja. A eso se suma que nuestros rendimientos están por debajo de las 3 toneladas por hectárea. El promedio ronda entre 2,7 y 2,8 toneladas”, detalló. Ese nivel de productividad implica que, en campos propios, todavía se logre cierta ganancia, pero en campos arrendados los números se ajustan al límite. “Ahí el rendimiento de indiferencia se acerca mucho al promedio y cuesta lograr algún margen de ganancia”, reconoció el especialista.
El panorama dependerá también de las decisiones políticas y de las elecciones tecnológicas que tomen los productores. En años complicados, por ejemplo, se suele reducir la fertilización, que es uno de los gastos más significativos. “Si el productor ve que el año viene complicado, deja de lado la fertilización. Es una forma de ajustar costos, aunque eso también puede repercutir en los rendimientos”, explicó Sánchez.
En lo agronómico, la situación del perfil hídrico en Tucumán es relativamente favorable. “Tuvimos un otoño bastante normal en cuanto a precipitaciones, así que los niveles de humedad en el suelo también lo son. Los que hicieron cultivos invernales como trigo o garbanzo tienen una merma, pero esto se podría compensar con lluvias en octubre y noviembre, que los pronósticos indican que estarán por arriba de lo normal”, indicó. Esa posibilidad abriría la puerta a siembras anticipadas, aunque todo dependerá de cómo se comporten las lluvias en la práctica.
El ingeniero también advirtió sobre un riesgo climático de fondo: la probabilidad de un año Niña hacia fin de año. “Los pronósticos hablan de precipitaciones superiores a lo normal en octubre y noviembre, pero después se prevé un escenario Niña hasta febrero, con lluvias por debajo de lo habitual. Eso podría repetir lo que vimos en la última campaña: falta de agua en diciembre y enero, sumada a temperaturas muy altas, de 32 grados o más, que complican la implantación y el desarrollo del cultivo”, señaló.
En materia sanitaria, la presión de malezas sigue siendo un desafío. “Malezas como boerreria y atacos aparecen con las primeras lluvias. Si no se controlan a tiempo, después son muy difíciles de manejar con el cultivo ya implantado”, advirtió Sánchez. A esto se suman enfermedades como la macrofomina, que se expresan en periodos secos y calurosos, y que podrían aparecer si se confirma el pronóstico de lluvias escasas en pleno verano.
En cuanto a la elección de fechas de siembra, el especialista recomendó diversificar para reducir riesgos. “Muchos se animarán a sembrar temprano, pero lo ideal es dividir los riesgos en distintas fechas de siembra y con distintos grupos de madurez. Siempre sugerimos dejar los mejores lotes para los grupos más cortos, como los 6 y 6,5, que hoy tienen mejor potencial de rendimiento”, explicó.
El mensaje final del ingeniero fue de prudencia. “Cada empresa agropecuaria es un mundo. Si sabemos que puede haber lluvias escasas, conviene un planteo más defensivo: esperar cómo se dan las precipitaciones, ver el escenario político y ajustar gastos. Si arrancamos con muchos costos, como la fertilización, y después los márgenes son finitos, puede ser muy difícil sostenerlos”, concluyó.
Antes de despedirse, Sánchez aprovechó para invitar a los productores a participar de actividades organizadas por la EEAOC. “Mañana tendremos un día de campo de colza en nuestra subestación de Monte Redondo, a 55 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Y el jueves habrá un taller conjunto de maíz y poroto en la Sociedad Rural de Tucumán, con entrada gratuita. Los esperamos a todos los interesados”, señaló.
La campaña 2025/26, entonces, se perfila en Tucumán con cierta estabilidad en el área sojera, pero bajo un esquema de márgenes ajustados, riesgos climáticos y desafíos sanitarios que exigirán decisiones estratégicas de cada productor. Como resumió Sánchez, “la soja sigue siendo una apuesta segura, pero este año más que nunca será necesario diversificar, ajustar costos y estar atentos al cielo”.













