En los cañaverales de Tucumán, una amenaza silenciosa preocupa cada vez más a los productores: el raquitismo de la caña soca. Esta enfermedad de origen bacteriano afecta la circulación interna de agua y nutrientes, debilitando la planta y reduciendo significativamente el rinde. Lo más problemático es que sus síntomas son difíciles de distinguir a simple vista, lo que exige recurrir a herramientas de diagnóstico específicas para detectarla.
“El raquitismo es una enfermedad bacteriana que produce un taponamiento de los ductos por donde ingresa el agua con los nutrientes que nutren a la planta de caña de azúcar”, explicó el ingeniero Sergio Pérez Gómez, investigador de INTA Famaillá. “Uno de los mayores inconvenientes es que no presenta una sintomatología clara. Muchas veces el productor lo confunde con problemas de suelo, falta de fertilización o de riego. Por eso es necesario corroborar la presencia de la enfermedad con un análisis de laboratorio”, advirtió.
Con este objetivo, el INTA desarrolló un servicio de diagnóstico específico para raquitismo, disponible para los productores de la provincia. Se trata de una técnica molecular de gran precisión que ofrece resultados confiables en pocos días. “Es una metodología muy robusta que no deja lugar a dudas. Es sencilla, rápida y en menos de una semana ya podemos comunicar los resultados al productor”, destacó Pérez Gómez.
El procedimiento para acceder al servicio es simple. Los productores deben identificar los lotes que planean usar como semilleros y, siguiendo las indicaciones del INTA, realizar un muestreo de cañas que luego se analiza en laboratorio. “Les damos todas las facilidades para que puedan traer las muestras en tiempo y forma. La idea es que el servicio esté disponible en la época de plantación, entre marzo y agosto, cuando se define gran parte de la base productiva de la campaña”, explicó el ingeniero.
El impacto del raquitismo en el rendimiento es concreto y preocupante. “Hace poco medimos las caídas de rendimiento que produce la enfermedad y comprobamos que efectivamente significa menos caña que ingresa al ingenio, aunque el productor esté cultivando la misma superficie”, señaló Pérez Gómez. A diferencia de otras problemáticas que pueden corregirse de un año a otro, esta enfermedad arrastra sus efectos durante varios ciclos. “El cultivo de caña dura entre cinco y seis años. Si plantamos semilla enferma, arrastramos el problema durante todo ese período”, advirtió.
La historia de esta enfermedad en Tucumán también deja lecciones. “Empezamos a identificar esta problemática en 2001. En aquel momento, la incidencia era altísima: llegaba al 55%. Es decir, de cada dos lotes comerciales, uno estaba enfermo”, recordó el especialista. Desde entonces, los programas de diagnóstico y saneamiento implementados en la provincia permitieron reducir considerablemente la presencia de la enfermedad. “Hoy la incidencia está entre el 18% y el 20%. Es un número que todavía es alto, pero muestra que el seguimiento y el uso de semilla sana han dado resultados”, explicó.
Este avance, sin embargo, no debe generar relajamiento. Según Pérez Gómez, la enfermedad sigue siendo un riesgo latente y el diagnóstico temprano continúa siendo la mejor herramienta para contenerla. “Si no la identificamos a tiempo, el raquitismo evoluciona desde una incidencia baja en los primeros cortes hasta caídas muy marcadas de rendimiento hacia el final del ciclo productivo. Por eso insistimos tanto en que los productores usen este servicio”, enfatizó.
Además del diagnóstico, el INTA brinda acompañamiento técnico para garantizar que el muestreo sea representativo y el resultado confiable. “No solo hacemos el análisis, también orientamos al productor sobre cómo tomar las muestras y qué lotes conviene priorizar. La fortaleza del servicio está en la inmediatez y en la orientación práctica que ofrecemos”, sostuvo Pérez Gómez.
La experiencia demuestra que el trabajo conjunto entre ciencia y producción es clave para sostener la competitividad de la caña de azúcar en la región. “Lo más importante es que el productor sepa que no está solo, que tiene a disposición una herramienta científica para proteger su rinde. La detección temprana permite tomar decisiones estratégicas: desde elegir la semilla adecuada hasta definir manejos sanitarios más precisos”, remarcó el ingeniero.
Mirando hacia adelante, el desafío será sostener la concientización y el uso de tecnologías de diagnóstico para evitar un rebrote del problema. “Hoy tenemos la enfermedad estabilizada, pero si dejamos de hacer controles, la incidencia puede volver a subir. La historia ya nos mostró lo que pasa cuando no prestamos atención”, concluyó Pérez Gómez.
El raquitismo, aunque silencioso y difícil de detectar a simple vista, puede condicionar toda la rentabilidad de un cañaveral durante años. El servicio de diagnóstico de INTA Famaillá aparece así como una herramienta estratégica que no solo reduce riesgos económicos, sino que también fortalece la sostenibilidad del cultivo de caña en Tucumán. Como recordó el especialista, “plantar semilla sana es la base de todo: es invertir en cinco o seis años de producción segura”.













