En Monterrico, Jujuy, una finca familiar se abre paso entre cultivos de tabaco, frutales, granos y palta. Allí trabaja día a día la ingeniera agrónoma Gianina Giacoppo, una de las responsables del manejo técnico de Terra Nostra, una empresa familiar que combina tradición, innovación y compromiso con la producción agropecuaria del norte argentino. “Terra Nostra fue fundada por mis padres, pero nuestra historia viene de mucho antes. Mis abuelos y mis nonos ya estaban vinculados al campo, y de alguna forma yo seguí ese camino”, cuenta Gianina con orgullo.
La empresa está compuesta por tres hermanas —Gianina, Noelia y Luciana— y sus padres, quienes dividen las tareas en distintas áreas. “Yo estoy en la parte técnica, en el campo, junto con mi papá. Mi hermana Noelia se encarga del área comercial, y junto con ella diversificamos hacia otros rubros como carnicería o pastas. Luciana, que es contadora, y mi mamá llevan todo lo administrativo. Cada uno cumple un rol fundamental y todos aportamos para que el proyecto siga creciendo”, explica.
Con un fuerte arraigo familiar, la producción de tabaco es el alma de la empresa y la base sobre la que se construyeron nuevas actividades. “El tabaco es la actividad que más valoro porque fue la que nos permitió diversificarnos con el tiempo. Es una producción intensiva, que demanda mucha mano de obra y compromiso familiar. Pero también es la que nos dio la oportunidad de crecer”, dice la ingeniera.
La finca también produce granos y frutales, y en los últimos años incursionó en la producción de palta Hass, uno de los cultivos con mayor proyección en la región. “Somos productores recientes de palta, y aunque la zona no es ideal por las condiciones climáticas, lo tomamos como un desafío. Aprendemos día a día, buscando mejorar y adaptarnos. Ya tuvimos dos cosechas y estamos contentos con los resultados”, cuenta Gianina, quien destaca la satisfacción de ver los frutos de un trabajo que exige constancia y aprendizaje continuo.
El manejo del campo implica planificar, prever y equilibrar distintos tiempos de cultivo. “Cada actividad tiene sus momentos de mayor demanda, pero se complementan entre sí. Lo importante es cuidarlas a todas con la misma dedicación”, afirma. Esa mirada integral es la que ha permitido a Terra Nostra sostenerse y crecer, incluso en contextos económicos y climáticos complejos.
Pero la historia de Gianina no es solo la de una joven profesional comprometida con su trabajo, sino también la de una mujer que ocupa un lugar cada vez más visible en un sector tradicionalmente dominado por hombres. “Sigue siendo una actividad donde prevalece el sexo masculino, pero cada vez se involucran más mujeres. Yo tuve la suerte de que en mi casa nunca sentí una diferencia por ser mujer. Mi papá siempre confió en mí y me hizo sentir parte del trabajo desde el principio”, relata.
En el marco del Día Internacional de la Mujer Rural, su testimonio cobra aún más fuerza. “Antes las mujeres también estaban involucradas en el campo, solo que no se visibilizaba. Mi abuela, por ejemplo, estuvo a cargo de la producción durante muchos años, y es un ejemplo que me inspira. Hoy las cosas cambiaron y se nota más el protagonismo femenino. Creo que muchas chicas deberían animarse a seguir este camino, porque cuando uno tiene pasión, nada debería limitarlo”, reflexiona.
Esa vocación por mostrar el trabajo y hacerlo visible también forma parte del nuevo ADN de Terra Nostra. “En este último tiempo quisimos modernizar la empresa y mostrar lo que hacemos. Las redes sociales nos ayudaron a que más gente conozca nuestro trabajo. Hacer visible lo que somos y lo que producimos es parte de nuestro crecimiento”, comenta Gianina, convencida de que la comunicación es una herramienta clave para las nuevas generaciones del agro.
De cara a 2026, las metas de la familia Giacoppo se mantienen firmes: mejorar la eficiencia, diversificar y seguir apostando por la innovación. “Estamos en un proceso constante de desafíos. Siempre intentamos mejorar la productividad, ser más eficientes en los costos y buscar nuevas oportunidades. La idea es crecer, seguir aprendiendo y sostener el compromiso con la calidad”, asegura.
Mientras la conversación avanza, Gianina se detiene a pensar en todo lo recorrido. “Trabajar en familia tiene sus desafíos, como todo, pero también es muy lindo. Cada uno aporta lo que sabe, y eso nos hace más fuertes. Creo que el secreto está en apoyarnos mutuamente y tener claro hacia dónde queremos ir”, reflexiona con una sonrisa.
En una semana dedicada a reconocer el trabajo y la resiliencia de las mujeres rurales, la historia de Gianina Giacoppo resume un mensaje claro: el campo del futuro también se construye con la mirada, la fuerza y el liderazgo de las mujeres. Desde su finca en Monterrico, esta ingeniera jujeña demuestra que el agro puede ser un espacio de innovación, unión familiar y transformación, donde la tradición y el cambio conviven para dar frutos duraderos.













