Tiziana Prada forma parte de una generación joven que está transformando la forma de comunicar la ganadería. Es productora ganadera al frente de Cabaña El Chañar, ubicada en Colonia Carlos Pellegrini, Corrientes, y coordina la Subcomisión de Prensa de la Asociación Braford Argentina, una de las razas bovinas que más ha crecido en el país. Además, forma parte de la organización del remate “Rústicos del Taragüí” y preside el foro argentino de Genética Bovina que reúne a las asociones, a la S.R.A y a CABIA. Tiziana es una de las voces más activas cuando se trata de desmitificar prejuicios sobre el sector, poner en valor la producción y abrir espacios de diálogo desde una mirada joven y comprometida. En el marco del Mes Rosa, en donde se da voz a productoras y mujeres que trabajan en la tierra, dialogamos con ella sobre producción, comunicación, sostenibilidad y el futuro del campo.
Desde la Cabaña El Chañar, el trabajo de producción es una tarea diaria, al igual que la comunicación. Prada combina su labor privada con una intensa actividad institucional, la cual realiza ad honorem, como otros criadores que forman parte de la comisión directiva y las subcomisiones para fortalecer la raza Braford, acompañándola y agregándole valor. Ella subraya la importancia de tener equipos de trabajo, tanto en el campo como en la asociación, donde cuentan con un staff permanente, incluyendo una extensionista mujer que genera contenido para las redes y otros canales.
En un sector que históricamente se ha contado a sí mismo, la necesidad de tender puentes con la sociedad se vuelve fundamental. Prada es categórica al respecto: «Nosotros tenemos que desde el sector aprender a comunicar más porque siempre nos contamos entre nosotros y nosotros sabemos lo que es, pero digamos tenemos que poder comunicar hacia afuera y en eso estamos». Para ella, la comunicación es la herramienta clave para crear «empatía entre los sectores» (el campo y la ciudad o la industria).
Esta necesidad de comunicar mejor se vuelve crítica cuando la ganadería es señalada, a menudo injustamente, por su impacto ambiental y el metano. Prada enfatiza que el campo necesita generar más lobby y diálogo con sectores de toma de decisiones, como senadores, para evitar que legislaciones se impulsen desde visiones «muy conservacionistas» que no tienen en cuenta que la sostenibilidad o sustentabilidad también debe poseer una pata social de desarrollo y económica.
En respuesta a las acusaciones sobre el metano y los gases de efecto invernadero, la productora ofrece una perspectiva basada en la biología y la historia. Recuerda que los rumiantes—incluyendo vacas, cabras y ovinos—están presentes desde hace miles de años en grandes rodeos, mencionando como ejemplos a los bisontes en Estados Unidos. El punto central de su argumento es la diferencia en el impacto de las emisiones: «el metano de la vaca entra de vuelta en un ciclo, en el ciclo del carbono».
Tiziana explica que el metano emitido por el ganado forma parte del ciclo natural del carbono. En este proceso, «se secuestra más carbono de lo que se larga» y, crucialmente, «el ciclo del carbono es mucho más corto que lo que lo hace los hidrocarburos y lo que se quema en la parte industrial». Este último, explica, queda en la atmósfera de manera más permanente. Por lo tanto, el mensaje que debe llegar a la sociedad es claro: «No es no es no somos los monstruos que que se dicen». Además, el sector trabaja constantemente en la mejora de la eficiencia a través del mejoramiento genético, seleccionando animales que utilizan los recursos de manera más eficiente y que, consecuentemente, «producen menos metano».
Corrientes, su lugar de producción, posee una identidad ganadera muy fuerte, una «cultura ganadera» y una magia especial, un payé. La provincia se destaca por la habilidad de sus recursos humanos, quienes con solo mirar la hacienda, saben interpretarla. Tiziana se ha dedicado a la ganadería desde chica, aunque la cabaña en Corrientes funciona desde el año 2003.
En el contexto de la incursión de las mujeres en un rubro que tradicionalmente fue muy masculino, Prada aborda su experiencia con naturalidad. Aunque Corrientes, pese a su cultura ganadera, es también un ambiente «machista,» ella cree firmemente en ganarse el respeto a través de la acción. Su filosofía se basa en las capacidades, no en el género, y en la «complementación que es fundamental». Incluso reconoce que en el ámbito de su cabaña, la cultura del campo debe ser respetada. En su trabajo compartido con su marido, «hay veces, o sea, yo sé que las órdenes las de él, a mí no me no por por estar a cargo no quiero o es un cargo compartido por… a él lo van a entender más y lo van a y van a hacer las cosas mejor porque la de la órdenes que la de él».
Este enfoque no implica imponer un cambio, sino comprender la cultura del campo que «viene a otros tiempos que la ciudad». «No, vamos con la ola, es así, es así, nadie se ofende. Acá vamos por resultado», afirma, dejando en claro que la eficiencia es lo que prima.
Finalmente, al dirigirse a los jóvenes que estudian zootecnia o veterinaria, Prada transmite un mensaje de motivación y oportunidad. Los felicita por el amor que tienen a la tierra y a los animales, un valor tan argentino. El futuro del campo es promisorio: «El mundo el mundo necesita proteínas, sí, tenemos que alimentar. Entonces, hay lugar para todo, desde la comunicación a la producción, a la sanidad».
La productora hace hincapié en la calidad argentina, señalando que «cada vez nos van a pagar más por… por un diferencial de calidad». Esto exige que la próxima generación se comprometa con el tema, buscando medir, producir de manera más eficiente y alcanzar la sustentabilidad. Concluye con un fuerte llamado a la vocación: el trabajo en el campo es de sol a sol y las 24 horas, pero «no hay nada mejor que trabajar en la pasión que uno tiene». La clave para el desarrollo del país, según Prada, es la construcción de ese puente de empatía para que el campo y la ciudad puedan trabajar juntos.













