Con la precisión de quien conoce cada eslabón de una cadena productiva compleja, la ingeniera agrónoma Daniela Pérez, referente del área de Economía y Estadística de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), traza un panorama claro sobre la citricultura tucumana y su papel en las exportaciones argentinas. Desde su rol técnico y académico, analiza los números, pero también las dinámicas humanas que sostienen uno de los sectores más emblemáticos del agro provincial.
“El balance del sector es que está en marcha -afirma-, a pesar de las oscilaciones por factores climáticos, los problemas logísticos y los precios internacionales a la baja. Tucumán mantiene presencia en los mercados clave, aunque haya pasado de ocupar el primer lugar a estar hoy detrás de España y Turquía”.
El análisis de Pérez, sustentado en años de seguimiento estadístico, muestra un comportamiento con matices. Entre 2019 y 2024, los volúmenes exportados de jugo concentrado de limón tuvieron una tendencia creciente, mientras que la fruta fresca y la cáscara deshidratada registraron altibajos. En cuanto al valor exportado, el jugo y la fruta reflejaron una leve baja, mientras que la cáscara y el aceite esencial crecieron. Aun así, la especialista resalta un dato contundente: más del 90% de las exportaciones argentinas de limón provienen de Tucumán.
Esa hegemonía tiene raíces profundas. “Tucumán es un caso particular -explica Pérez-. El sector citrícola forma un clúster, es decir, un aglomerado de empresas en una región geográfica que genera ventajas competitivas. Este modelo permite redirigir la fruta entre el mercado fresco y la industria según las condiciones coyunturales, optimizando recursos”.
El sistema, según detalla, se sostiene sobre tres pilares fundamentales. “Primero, el capital humano y tecnológico acumulado desde la década del setenta. La investigación, la extensión y la adopción de buenas prácticas son claves. Segundo, la infraestructura: empaques certificados, plantas industriales y servicios logísticos especializados. Y tercero, un alto nivel de integración que facilita inversiones y el desarrollo de estándares de calidad. Todo el sistema tiene trazabilidad, y eso es un gran diferencial competitivo”, destaca.
Durante la última campaña, los principales destinos de exportación fueron la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia. El bloque europeo sigue siendo prioritario por su relación precio-calidad, aunque en esta ocasión se presentó un escenario particular: “Nos vimos beneficiados por problemas de producción en España y Turquía, lo que permitió que Tucumán aumentara su presencia en el mercado europeo”, explica Pérez.
No todo fue crecimiento. El aceite esencial, uno de los productos más valiosos del limón, sufrió una caída del 26% en volúmenes exportados. Sin embargo, la ingeniera aclara que se trata de un fenómeno temporal: “Fue una cuestión coyuntural, relacionada con el menor rendimiento productivo. Pero la tendencia de mediano y largo plazo es positiva, porque los productos naturales tienen una demanda creciente en el mundo”.
El análisis económico se entrelaza con la mirada humana. Pérez dirige un equipo pequeño pero estratégico dentro de la EEAOC, desde donde genera y difunde información útil para el sector. “Nuestro desafío es contribuir con datos y análisis que sirvan a los productores. Recibimos información del sector, la procesamos y la devolvemos en forma de reportes y boletines. Es un ida y vuelta que permite tomar mejores decisiones”, explica.
Desde 2001, su sección ha elaborado estudios fundamentales, como el primer informe sobre la cadena productiva del limón para el Consejo Federal de Inversiones (CFI) y el Reporte Agroindustrial, boletín electrónico que la Estación publica desde 2005. “Hoy todo es digital, pero en aquel entonces no era así. Apostar por la difusión electrónica fue clave para acercar el conocimiento técnico a los actores del agro”, recuerda.
Otro hito reciente fue el estudio sobre el Cluster del Limón y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, coordinado junto a la ingeniera Graciela Rodríguez, donde se analizaron las estrategias del sector para alinearse con prácticas sostenibles. “El limón tucumano no solo exporta fruta, exporta también un modelo de producción que busca equilibrar rentabilidad con sostenibilidad ambiental y social”, subraya.
Al reflexionar sobre el papel de las mujeres en la citricultura, Pérez adopta un tono sereno pero firme. “Mi percepción es que hay una participación importante de mujeres en la fuerza laboral del sector —dice—. Las vemos en empaques, laboratorios, áreas de investigación, calidad, logística y gestión de proyectos. Pero, como ocurre en muchos sectores, todavía hay disparidad en el acceso a posiciones ejecutivas. Aun así, la tendencia es positiva y eso es lo importante”.
Desde su experiencia, reconoce que los desafíos de género en el agro se transforman con la profesionalización y la formación continua. “La clave es que las mujeres se formen. La formación te da libertad, te permite estar en igualdad de condiciones. Y también es esencial mantener una actitud abierta y colaborativa: hacer las cosas bien, con criterio y responsabilidad, siempre termina siendo reconocido”.
En su rol como técnica y como mujer, Daniela Pérez encarna la evolución del agro tucumano: ciencia, gestión y sensibilidad trabajando juntas. Su mirada combina análisis riguroso con comprensión profunda de las dinámicas productivas y humanas que sostienen a un sector emblemático.
Mientras el limón tucumano sigue brillando en los mercados del mundo, voces como la suya recuerdan que la fortaleza del agro argentino no solo se mide en toneladas exportadas, sino también en conocimiento, cooperación y compromiso con el futuro.













