Con la llegada de las lluvias y el aumento de la temperatura, el norte argentino vuelve a encender las alertas sanitarias. La presencia del mosquito vector que transmite la encefalomielitis equina, una enfermedad viral con implicancias tanto para la sanidad animal como para la salud pública, obliga a reforzar las medidas de vigilancia y prevención en los establecimientos rurales. “Es una enfermedad viral transmitida por mosquitos. Actualmente no tenemos casos activos; el último brote fue en abril de 2024, pero esta época del año, con las precipitaciones y el calor, genera el clima ideal para la proliferación del vector”, explicó la veterinaria Natalia Chuard, referente nacional del programa de equinos del SENASA.
La especialista destacó que el contagio se produce a través de la picadura del mosquito infectado, que actúa como transmisor entre animales y eventualmente también hacia las personas. “El mosquito pica al equino y puede contagiarlo, y lo mismo puede ocurrir con las personas. Por eso es fundamental trabajar sobre la prevención y el control del vector”, subrayó.
Desde el SENASA, la estrategia se basa en un sistema de monitoreo activo y respuesta inmediata ante cualquier sospecha. “Cuando un productor observa síntomas compatibles en su animal, debe notificarlo de inmediato. El SENASA asiste al establecimiento, toma muestras y las envía a los laboratorios autorizados. Una vez obtenido el resultado, se comunica oficialmente al productor”, detalló Chuard. Entre los principales signos clínicos, mencionó fiebre, debilidad, convulsiones y trastornos nerviosos. “No todos los animales mueren; muchos pueden recuperarse, pero los casos graves pueden ser fatales”, advirtió.
La medida más eficaz para prevenir la enfermedad sigue siendo la vacunación. “Es fundamental. A partir de 2024, por resolución 115, la vacunación contra la encefalomielitis equina es obligatoria. Antes no lo era, y eso nos dejaba más expuestos”, recordó Chuard. La campaña de inmunización abarca a todos los equinos del país, con dosis que pueden aplicarse desde los dos meses de edad. “Una vez que el animal tiene su plan completo, debe revacunarse todos los años. Es una práctica sencilla que salva vidas”, señaló.
Junto con la vacunación, el uso de repelentes es otra herramienta preventiva importante. “Los repelentes más comunes están elaborados con cipermetrina o citronela. Hay una lista de productos aprobados por el SENASA que se puede consultar en nuestra página web. Es importante aplicarlos tanto en los equinos como en las personas que trabajan cerca de ellos”, explicó la funcionaria.
Ante la notificación de un caso sospechoso, el protocolo se activa de inmediato. “Se ponen en marcha las alertas a nivel central y local. Un veterinario oficial del SENASA concurre al establecimiento, toma muestras y evalúa el estado del animal. Si presenta síntomas nerviosos, el productor debe aislarlo del resto y protegerlo de posibles golpes, porque puede perder el control de sus movimientos”, describió Chuard. Una vez analizadas las muestras, el resultado se comunica al SENASA central, a la oficina local y al productor.
La vigilancia sanitaria, sin embargo, no depende solo del organismo, sino también del compromiso de los productores. “El aviso temprano es clave. Los productores pueden notificar a través de las oficinas locales, por teléfono, mediante la página web en la sección Avisá al SENASA o por correo electrónico a [email protected]. Cuanto más rápido llegue la información, más efectiva es la respuesta”, enfatizó.
Consultada sobre la posible transmisión a las personas, Chuard aclaró que tanto los equinos como los humanos son huéspedes terminales. “Esto significa que ni los caballos ni las personas pueden contagiar a otros. El mosquito es el único que transmite el virus. Si hay un caso sospechoso en humanos, se activa también la intervención del Ministerio de Salud, que realiza una encuesta epidemiológica en la zona”, explicó. Aunque los casos en personas son extremadamente raros, la prevención sigue siendo prioritaria. “El uso de repelente, tanto en animales como en humanos, es fundamental. Es una barrera simple pero muy eficaz”, sostuvo.
La profesional resaltó además la importancia del trabajo interinstitucional. “El SENASA coordina permanentemente con los ministerios de Salud y de Agricultura, las provincias y los municipios. El éxito de la vigilancia sanitaria depende de una red colaborativa. No se trata solo de controlar brotes, sino de anticiparse a ellos”, señaló.
En relación con la comunicación y la concienciación, Chuard destacó el esfuerzo del organismo por llegar a los productores a través de distintos canales. “Grabamos videos informativos, publicamos gacetillas y contenidos en redes sociales, y también participamos en medios radiales y televisivos. Queremos que la información llegue al territorio, que el productor sepa qué hacer y cómo prevenir”, comentó.
En un contexto en el que las condiciones climáticas favorecen la reproducción de los mosquitos, las medidas preventivas cobran aún más relevancia. “El calor, la humedad y las lluvias crean el ambiente perfecto para el vector. Por eso es el momento de reforzar la vacunación y el control de los mosquitos”, insistió.
Finalmente, Chuard dejó un mensaje claro para los propietarios de caballos y quienes trabajan en el ámbito rural: “La vacunación es lo principal, es lo que realmente salva a los animales. Después, el uso de repelentes y, sobre todo, la comunicación inmediata con el SENASA ante cualquier sospecha. Es la forma más efectiva de proteger la sanidad de los equinos y de mantener al país libre de brotes”, concluyó.
La encefalomielitis equina, aunque hoy no presenta casos activos, sigue siendo una amenaza latente en la medida en que el mosquito vector encuentre condiciones propicias. La prevención, la responsabilidad compartida y la información oportuna son las claves que el SENASA busca reforzar, para que el campo argentino siga trabajando con sanidad y seguridad frente a esta enfermedad.













