En una región donde la caña de azúcar forma parte de la identidad productiva y cultural, la búsqueda de nuevas formas de producción sostenible se convierte en una prioridad. Desde ese enfoque, Alejandra Pistagnesi, responsable de GLOBALG.A.P. para el Cono Sur, llegó a Tucumán para acompañar el avance del estándar “Caña de Azúcar sin Fuego”, una certificación pionera que promueve la prevención de incendios y la adopción de prácticas responsables.
“GLOBALG.A.P. es un ecosistema de soluciones que agrupa diferentes estándares. En general, el productor lo asocia a la norma de aseguramiento integrado de fincas, que certifica buenas prácticas agrícolas relacionadas con la inocuidad alimentaria, el ambiente y el bienestar de los trabajadores”, explicó Pistagnesi. Esta organización internacional trabaja para que las producciones agrícolas cumplan con parámetros que garanticen la calidad, la trazabilidad y el compromiso ambiental.
El programa “Caña de Azúcar sin Fuego” surge como una adaptación local de esos principios. Según Pistagnesi, “el caso de Tucumán tiene requisitos únicos que tienen que ver con la prevención del fuego. Todo está enfocado en el entrenamiento del personal y en los planes de gestión para evitar incendios, además de contemplar las buenas prácticas agrícolas generales”.
La iniciativa nació hace más de una década, impulsada por la Mesa de Caña de Azúcar de Tucumán, la Sociedad Rural local y la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, en conjunto con GLOBALG.A.P. “Había una necesidad concreta de que los productores pudieran demostrar que hacían las cosas bien. Muchos sufrían incendios accidentales o provocados por terceros y no tenían cómo acreditar que estaban aplicando medidas preventivas. Este estándar les da esa herramienta: una auditoría independiente que certifica su compromiso con la prevención”, destacó la especialista.
Más allá del cumplimiento normativo, Pistagnesi remarcó el valor práctico que tiene la certificación para los productores. “Muchos me comentaron que se sintieron mucho más ordenados internamente. El proceso de certificación los llevó a mejorar la gestión, organizar mejor los equipos de respuesta ante incendios y fortalecer la capacitación del personal”, señaló. Además, explicó que el cumplimiento del estándar puede servir de respaldo ante eventuales sanciones. “Cuando un productor tiene un incendio accidental o provocado, contar con esta certificación es una evidencia de que estaba haciendo las cosas bien, y eso puede evitarle multas”, agregó.
Actualmente, el programa ya alcanza cerca de 60.000 hectáreas certificadas en Tucumán, y la meta es duplicar esa superficie en el corto plazo. “Por ahora la mayoría de los que se sumaron son productores grandes, pero estamos trabajando para que también los pequeños y medianos vean que pueden hacerlo. No es un proceso tan complejo ni costoso, y cuanto más productores participen, mayor será el impacto ambiental positivo”, enfatizó.
El proceso de certificación implica una preparación previa. “Lo más importante es conocer bien los requisitos. El protocolo está disponible en la página de GLOBALG.A.P. y también puede solicitarse en la Estación Experimental de Tucumán. Contar con un asesor con experiencia facilita el proceso, pero lo esencial es identificar los riesgos, planificar la gestión ante ellos y capacitar a los trabajadores”, detalló Pistagnesi.
Además de la caña, otras producciones de la región también avanzan en materia de certificación. “La producción de limón, por ejemplo, es la que tiene más hectáreas certificadas en Argentina. Cada cultivo tiene sus particularidades: los estándares de frutas y hortalizas, como el del limón, tienen requisitos específicos, mientras que los de cultivos extensivos o caña de azúcar se enfocan más en la gestión y en la prevención de riesgos”, explicó.
El desafío, según Pistagnesi, es seguir consolidando una cultura productiva sustentable que se traduzca en beneficios concretos para el ambiente y para los productores. “En Tucumán se está trabajando muy bien. Los productores están comprometidos con la sostenibilidad, con mejorar el uso de los recursos y con proteger la biodiversidad, especialmente la de las yungas, que son fundamentales para la región”, expresó.
A nivel global, las certificaciones también representan una ventaja competitiva frente a los nuevos mercados. “Hoy los consumidores no solo quieren saber que el producto no genera impactos negativos, sino también que tiene impactos positivos. Demandan información y transparencia. Contar con una certificación validada por un tercero da confianza y abre puertas a la exportación”, sostuvo.
En cuanto al futuro del programa, Pistagnesi adelantó que habrá algunos cambios en la denominación de los estándares, aunque no en su contenido. “El estándar LocalG.A.P. sigue vigente, pero va a cambiar de nombre. GlobalG.A.P. mantiene su esencia, aunque la razón social pasó a llamarse Agreena. En el caso de Tucumán, es probable que el programa pase a llamarse Caña de Azúcar Sin Fuego o Caña Sostenible, pero los requisitos serán los mismos”, aclaró.
Con la mirada puesta en fortalecer la sustentabilidad desde el territorio, Alejandra Pistagnesi destaca el compromiso creciente de los productores del norte argentino. “Creo que el agro tucumano va camino a ser más sostenible en el uso de recursos y mucho más responsable socialmente. Hay mucho por mejorar, pero se está avanzando con pasos firmes”, concluyó.
El desafío de certificar no es solo técnico, sino también cultural. Requiere cambiar hábitos, invertir en capacitación y planificar a largo plazo. Sin embargo, iniciativas como “Caña de Azúcar sin Fuego” demuestran que cuando la sustentabilidad se convierte en una práctica cotidiana, los resultados se multiplican: menos incendios, más eficiencia y una producción que no solo crece, sino que también cuida el entorno.













