En el corazón de Castelar, un grupo de científicos argentinos trabaja en silencio por un objetivo que podría marcar un antes y un después para la apicultura nacional: proteger a las abejas de los virus que amenazan su supervivencia. Entre ellos, el virus de la parálisis aguda (ABPV) se destaca por su letalidad y por el impacto que genera en la producción de miel y en la salud de las colmenas. Frente a este desafío, María José Dus Santos, investigadora del Instituto de Virología del INTA-CONICET, lidera un desarrollo innovador basado en la tecnología de ARN interferente, una herramienta biotecnológica que busca disminuir la carga viral y aumentar la resistencia de las abejas frente a esta enfermedad.
“El trabajo se realizó de manera conjunta entre dos institutos del Centro de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas del INTA Castelar: el IMYZA, que es el Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola, y el Instituto de Virología, donde yo trabajo”, explicó Dus Santos. Su equipo se dedica a estudiar los virus que afectan a las abejas melíferas, un campo complejo y en expansión. “Las abejas tienen muchos virus descritos, pero solo unos pocos —entre ocho y diez— manifiestan signos clínicos y causan enfermedad. En general, los virus están presentes de forma asintomática en las colmenas, pero se manifiestan cuando las colonias atraviesan situaciones de estrés, como transporte, mala nutrición o condiciones ambientales adversas”, detalló.

El virus de la parálisis aguda, como su nombre lo indica, provoca temblores, pérdida de coordinación, parálisis y finalmente la muerte de las abejas. “Lo hemos encontrado tanto en colmenas productoras de miel como en cabañas apícolas, donde genera un impacto importante porque afecta la etapa inicial del sistema productivo, que es la cría de reinas”, agregó.
Frente a este panorama, el equipo decidió desarrollar una estrategia innovadora para el control viral. “Tratar enfermedades en insectos es un desafío enorme. A diferencia de los mamíferos, las abejas no tienen un sistema inmune como el nuestro, por eso no hablamos de vacunas, sino de antivirales”, explicó Dus Santos. La tecnología de ARN interferente que están probando consiste en diseñar pequeñas moléculas que se unen a regiones específicas del genoma del virus y bloquean la función de genes esenciales para su replicación. “Lo que hace este ARN interferente es impedir que el virus se replique, de modo que la infección se controle o desaparezca. Normalmente usamos dos o más de estos ARN que atacan distintas regiones del virus para hacerlo más eficaz”, señaló.
Los resultados obtenidos hasta ahora son prometedores. “Con los ensayos experimentales que realizamos, vimos una reducción significativa de la carga viral y de la mortalidad en las colmenas tratadas”, contó la investigadora. Estos avances formaron parte de la tesis doctoral de la doctora Cecilia Cerrufino, también del Instituto de Virología. “Fue un resultado muy alentador. Por supuesto, todavía hay que mejorar muchos aspectos, pero nos demuestra que estamos en el camino correcto”, añadió Dus Santos.
Actualmente, el equipo se encuentra en una etapa de optimización tecnológica. “Estamos trabajando para mejorar la producción del ARN interferente, hacerlo más económico y escalable, y también optimizar la forma de administración. En los ensayos experimentales simplemente lo disolvimos en una solución azucarada de la que se alimentaban las abejas, y funcionó muy bien. Es un material muy estable, lo que es clave para pensar en su aplicación a campo”, explicó.
La investigadora confía en que este tipo de desarrollos podrían tener un impacto directo en la productividad y sostenibilidad de la apicultura argentina. “Estos avances son muy prometedores porque podrían aplicarse en los momentos críticos del ciclo productivo: antes del transporte, al inicio de la temporada o en las cabañas apícolas, donde hay mayor riesgo de contagio viral. La idea es mejorar la salud de las abejas, lo que se traduce en colmenas más fuertes y productivas”, destacó.
Sin embargo, Dus Santos advierte que las soluciones tecnológicas deben acompañarse de un manejo integral. “Este tipo de herramientas por sí solas no bastan. Hay que complementarlas con buenas prácticas de manejo, minimizando el estrés y controlando otros patógenos que pueden favorecer la aparición de los virus. La sanidad apícola tiene que abordarse de manera integrada”, remarcó.
El equipo del INTA también trabaja en otros virus de relevancia sanitaria para la apicultura nacional. “Hacemos estudios de relevamiento en distintas regiones del país para identificar qué virus están circulando y cuáles podrían generar problemas. Nos enfocamos en tres principales: el de la parálisis aguda, el de las celdas reales negras —que causa daños en la cría de reinas— y el virus de las alas deformes, que es el más prevalente a nivel mundial y provoca malformaciones en las abejas adultas”, explicó. Estos estudios buscan no solo describir las enfermedades, sino también entender su dinámica en distintos momentos de la temporada y en distintos sistemas de producción.
“El virus de las alas deformes, por ejemplo, lo hemos estudiado en condiciones de actividad migratoria y sedentaria. Observamos que su prevalencia varía según el momento del año y el manejo, lo que refuerza la importancia de ajustar las estrategias sanitarias al contexto de cada productor”, agregó.
Más allá de los resultados científicos, Dus Santos subraya el valor de la investigación pública en el país. “El INTA y el CONICET tienen un compromiso enorme con la producción apícola. Este desarrollo es un ejemplo de cómo la ciencia argentina puede generar soluciones concretas para los productores y para el ambiente”, afirmó.
En un contexto global donde las abejas enfrentan múltiples amenazas, la innovación biotecnológica se perfila como una herramienta clave para garantizar su supervivencia y, con ella, la de innumerables cultivos que dependen de su polinización. “Nuestra meta final es simple: mejorar la salud de las abejas para proteger la biodiversidad y fortalecer la producción agropecuaria del país”, concluyó Dus Santos.













