Por primera vez en la historia reciente de la agricultura tucumana, ajíes gourmet producidos en Lules llegaron a Francia, abriendo una puerta inédita para el sector hortícola provincial y para la diversificación de la matriz productiva local. El envío, de carácter piloto, incluyó unos 2.300 kilos de ají picante y pepino con destino a la Unión Europea y fue impulsado por Aracelis Tarascio, una emprendedora tucumana de 28 años que desde hace varios años reside en Francia y trabaja en la comercialización de frutas y hortalizas premium.
“Es algo que venimos trabajando hace bastante tiempo, con mucho error y prueba, así que estamos muy orgullosos de haberlo logrado”, expresó Tarascio al referirse a esta primera exportación. El hito no solo tiene valor comercial, sino también simbólico: demuestra que producciones no tradicionales de Tucumán pueden insertarse en mercados altamente exigentes en términos de calidad, trazabilidad y estándares sanitarios.
Aracelis estudió Administración de Empresas y luego se especializó en Finanzas, con la idea inicial de desarrollarse en banca corporativa y en operaciones de compra y venta de empresas. Sin embargo, su camino tomó otro rumbo. “Desde 2022 me especializo en frutas tropicales y verduras exóticas o gourmet”, explicó. Radicada en Francia desde 2019, comenzó a vincularse con el mercado hortícola europeo y hoy trabaja con su empresa Tropic Fresh, desde donde distribuye productos en Francia, otros países de Europa y el Reino Unido.
El vínculo con los ajíes comenzó antes de producirlos en Argentina. “En 2023 empecé con el ají habanero y me fui especializando, agregando nuevas variedades de picantes”, relató. Con el tiempo, surgió una inquietud clave: controlar también la producción. “Un día dije: ¿por qué no empiezo a producir para poder empacar como a mí me gusta y dar otro servicio a mis clientes?”, recordó. La pregunta la llevó inevitablemente a mirar hacia su provincia natal.
El camino no fue sencillo. Aracelis reconoce que no tenía experiencia previa en agricultura. “Cero experiencia”, afirmó sin rodeos. Aun así, decidió avanzar. En 2024 realizó una primera prueba piloto con resultados modestos, pero fundamentales para aprender. “Seguí probando en 2025, la calidad mejoró y pudimos lograr la primera exportación”, señaló. La producción se desarrolla en la localidad de La Reducción, en Lules, con un fuerte acompañamiento familiar. “Mi familia se ocupa de toda la parte de la finca”, explicó, destacando también el trabajo conjunto con colaboradores locales.
Las condiciones productivas de la zona juegan un rol clave. “Donde yo nací, en La Reducción, el ají se da muy bien, prácticamente 1 a 1”, afirmó. Se trata de un cultivo con varios meses de producción, lo que permite continuidad en la oferta y genera impacto social. “Para mí era perfecto porque da trabajo durante muchos meses, sobre todo cuando la economía está más baja”, subrayó, poniendo en valor el efecto local del proyecto.
El envío a Francia fue pensado como una prueba. “Fue una prueba piloto”, aclaró Tarascio, quien ya proyecta ampliar volúmenes y sumar nuevas hortalizas. Además de ajíes y pepinos, su empresa comercializa berenjenas, calabacines y otros productos que podrían incorporarse a la producción tucumana en el futuro. “Me gustaría traer más cultivos a Lules, pero para eso hay que seguir trabajando y cumpliendo con todos los requisitos”, explicó.
Uno de los principales desafíos es el cumplimiento de las exigencias europeas. “Europa es muy exigente, quizá más que otros destinos”, señaló. Controles sanitarios, certificaciones y protocolos fitosanitarios son parte del proceso. Incluso, mencionó que aún quedan gestiones pendientes para habilitar plenamente algunos productos. “Nos falta que la Unión Europea reconozca una normativa para poder exportar pepino; lo estamos peleando desde acá”, contó.
En ese contexto, Tarascio aprovechó para derribar un mito muy instalado. “Hay que sacar la idea de que solo las multinacionales pueden exportar”, afirmó. Para ella, la exportación no es un hecho aislado sino un proceso. “No es algo que hacés una vez como un fin, es una rutina. Un pequeño productor le vende a una persona con nombre y apellido del otro lado”, explicó, resaltando la importancia de los vínculos directos y la constancia.
Las expectativas hacia adelante son ambiciosas, pero realistas. Aracelis quiere que Tucumán sea reconocido en Europa no solo por el limón, sino también por otros productos hortícolas. “Me gustaría que Tucumán sea reconocido como un lugar productivo de muchos alimentos, no de uno solo”, afirmó. En el corto plazo, planea participar en ferias internacionales y presentar formalmente los productos tucumanos en esos espacios. “En febrero hay una feria donde quiero hacer la inauguración de Tucumán con estos productos”, adelantó.
La experiencia, además, busca ser inspiradora. “Animarse es clave”, repite Aracelis, convencida de que hay oportunidades para emprendedores de distintas escalas. Su historia conecta producción local, valor agregado, mercado externo y una mirada joven que desafía límites geográficos y productivos. Desde un lote en Lules hasta un mercado gourmet francés, los ajíes tucumanos dieron un primer paso que puede marcar el inicio de un nuevo camino para la horticultura del norte argentino.













