Con un salto del 82% en la liquidación de divisas durante enero y avances en acuerdos comerciales que podrían ampliar el acceso de la carne argentina a Estados Unidos, el sector agropecuario comenzó 2026 mostrando dinamismo en el frente externo. En un contexto internacional desafiante pero con ventanas de oportunidad, la combinación entre mayor ingreso de dólares y apertura de mercados vuelve a colocar al agro en el centro de la escena económica.
Según datos oficiales, las empresas del complejo oleaginoso-cerealero liquidaron USD 1.850 millones en enero, impulsadas por embarques de trigo, cebada, maíz y productos de soja. Para el economista Mike Palou, el dato debe leerse con cautela. “Si bien puede llamar la atención el 82% de aumento, no es tan sorprendente cuando lo explicamos por estacionalidad. Enero siempre suele ser un mes fuerte por los embarques de la campaña fina y diciembre, en cambio, suele ser bajo”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que el salto responde más a una cuestión intermensual que a un cambio estructural. “Yo no lo veo como un boom más estructural, sino como una combinación entre el ciclo comercial, precios internacionales favorables y algo de timing”, señaló. Históricamente, enero suele duplicar o superar ampliamente los niveles de diciembre en liquidación de divisas.
Más allá de la estacionalidad, el ingreso de dólares tiene impacto directo sobre las variables macroeconómicas. “Estamos en una fase en la que el gobierno se comprometió a acumular reservas y comprar dólares. En enero el Banco Central compró prácticamente todos los días”, indicó Palou. Aunque aclaró que el ritmo de acumulación fue menor al de enero de 2024 y 2025, destacó que “no deja de ser una muy buena noticia”.
El mecanismo es conocido: el agro liquida divisas, el Banco Central compra esos dólares para fortalecer reservas y emite pesos contra esa compra. Luego, para evitar que esa emisión presione sobre la inflación o el tipo de cambio, esteriliza parte de esos pesos con instrumentos financieros. “En un contexto de tasas reales positivas y mayor estabilidad política, si la demanda de pesos está más fuerte, la entrada de dólares no genera presión cambiaria e incluso puede contribuir a una apreciación del peso”, explicó.
En paralelo al buen inicio exportador, avanzan negociaciones internacionales que podrían ampliar el horizonte del sector. Uno de los focos está puesto en el reciente acuerdo con Estados Unidos que expandiría la cuota de carne vacuna argentina. Desde lo económico, Palau relativizó el peso del mercado norteamericano en términos de volumen. “Para la carne argentina es relativamente chico, incluso con el acuerdo”, afirmó, aunque enseguida aclaró que el análisis no debe quedarse solo en las toneladas.
Estados Unidos importará entre 2025 y 2026 cerca de cuatro millones de toneladas de carne, en un contexto de agotamiento de su ciclo productivo. En ese escenario, la cuota argentina se ampliaría a 100.000 toneladas, cinco veces más que el nivel previo. “En términos de volumen es chica, pero en términos de valor y calidad de demanda es muy importante. Son cerca de 800 millones de dólares anuales en aumento de exportaciones”, detalló.
Para Palou, el verdadero impacto está en los incentivos que genera. “Vas a tener un mercado que empuja a producir novillos más pesados, mejorar la trazabilidad y cumplir estándares sanitarios más exigentes. Eso termina elevando la productividad de toda la cadena ganadera”, sostuvo. Desde su mirada, el acuerdo no cambia radicalmente el perfil exportador argentino, pero sí mejora la diversificación y la calidad del negocio.
El debate sobre apertura comercial y liberalización, sin embargo, no está exento de tensiones. “Siempre vas a encontrar grieta entre quienes sostienen que la liberalización total es la clave para crecer y quienes remarcan los riesgos de la transición”, analizó. Desde la teoría liberal, explicó, los acuerdos permiten que cada país se especialice donde es más eficiente y el consumidor acceda a bienes más baratos. Pero también reconoció que hay sectores menos competitivos que pueden verse afectados en el corto plazo.
“El desafío no es el comercio en sí, sino la capacidad de la economía para reasignar recursos hacia los sectores donde sí hay ventajas comparativas. Eso no es de un día para el otro”, advirtió. En ese proceso, consideró clave que el Estado acompañe y facilite la transición.
En este escenario, productores y empresas del agro observan con expectativa las señales de recuperación y las oportunidades de inserción externa. Para Palou, el mensaje es claro: transformar los buenos momentos en mejoras estructurales. “Lo que tenemos que animarnos es a convertir los buenos precios o el acceso a mercados en mayor productividad”, afirmó.
Esa mejora, según el economista, pasa por inversión en tecnología, genética e infraestructura. “Cuando suben los márgenes, hay que invertir. Un acuerdo comercial es, en términos económicos, una caída del costo por unidad producida. Si aprovechamos esas pequeñas ventajas, podemos salir del estancamiento”, sostuvo.
Con precios internacionales volátiles y una economía global en transformación, el contexto no está exento de riesgos. Pero Palau remarcó que el mundo seguirá demandando alimentos. “Siempre va a haber un mundo demandando producto agrícola. Las oportunidades están; lo importante es saber aprovecharlas invirtiendo”, concluyó.
Así, entre la estacionalidad de los embarques, la acumulación de reservas y la apertura de nuevos mercados, el agro argentino inicia el año con señales positivas. El desafío, como plantea el análisis económico, no es solo exportar más, sino utilizar ese impulso para ganar eficiencia, diversificar destinos y consolidar una estrategia de crecimiento sostenido en el tiempo.













