El primer trimestre de 2026 dejó un escenario climático atípico en Tucumán, marcado por una transición desde temperaturas extremas hacia un patrón de fuerte inestabilidad atmosférica. A diferencia de años recientes atravesados por sequías, esta vez las lluvias fueron protagonistas, con registros que superaron la media histórica en sectores del NOA y generaron impactos directos en la producción agropecuaria.
Durante enero, el promedio provincial de precipitaciones alcanzó los 331 milímetros, mientras que en febrero se registraron 283 milímetros, valores especialmente elevados en zonas del piedemonte y la llanura central. Este comportamiento estuvo acompañado por temperaturas que comenzaron con picos de hasta 41°C, pero que luego descendieron debido a una seguidilla de frentes fríos, estabilizándose entre los 28°C y 32°C hacia fines de febrero y durante marzo.
En paralelo, se registraron fenómenos extremos con tormentas severas que dejaron acumulados superiores a los 150 milímetros en menos de 24 horas, especialmente en la franja que conecta el NOA con el Litoral. Este combo de humedad elevada y eventos intensos derivó en un escenario de “luces y sombras” para el agro tucumano.
En el caso de la caña de azúcar, el cultivo muestra un estado vegetativo muy favorable. La combinación de agua y temperaturas adecuadas impulsó un crecimiento vigoroso y una acumulación de biomasa por encima del promedio de los últimos cinco años. Sin embargo, el exceso de humedad en los suelos durante marzo encendió las alarmas en el sector productivo, ya que dificulta el ingreso de maquinaria y compromete el “piso de cosecha”. De persistir estas condiciones, la zafra podría retrasarse y afectar el rendimiento fabril.
La citricultura, en tanto, atraviesa un momento más complejo. Las lluvias extremas de marzo obligaron a frenar temporalmente la cosecha de limón, lo que derivó en reprogramaciones de exportaciones y problemas en el abastecimiento interno. A esto se suma la alta humedad relativa, superior al 90%, que incrementa la presión de enfermedades fúngicas y obliga a reforzar los controles sanitarios para evitar pérdidas de fruta.
En los granos, el panorama es dispar. Mientras los lotes de maíz de primera lograron capitalizar las lluvias tempranas, los de segunda enfrentan riesgos por excesos hídricos que podrían afectar la calidad del grano en la etapa de secado natural.
A corto plazo, el pronóstico indica que la inestabilidad continuará. Se espera un frente frío estacionario con probabilidades de lluvia entre el 70% y el 100% en jornadas intermitentes, acompañado por temperaturas más moderadas, con mínimas de 15°C y máximas de 26°C, marcando el inicio del otoño.
Para el mediano plazo, entre abril y mayo, los modelos proyectan una gradual normalización de las precipitaciones. Abril podría cerrar con acumulados cercanos a los 100-110 milímetros, descendiendo hacia los 44 milímetros en mayo. En este contexto, la transición del fenómeno ENSO hacia una fase neutral reduce la previsibilidad de eventos extremos, aunque mantiene la posibilidad de irrupciones de aire polar.
Justamente, el riesgo de heladas aparece como el factor clave para lo que viene. Los modelos ubican la fecha probable de la primera helada agronómica entre el 20 de mayo y el 5 de junio, con una probabilidad del 35% de eventos tempranos hacia la segunda quincena de mayo. Su impacto dependerá de la intensidad: mientras que una helada suave podría favorecer la maduración de la caña, una severa —por debajo de -3°C durante varias horas— podría provocar daños estructurales y caída del rendimiento.
Las zonas más comprometidas son las áreas bajas del este provincial, donde la acumulación de aire frío incrementa el riesgo, mientras que el piedemonte presenta una menor exposición.
Frente a este panorama, las recomendaciones apuntan a una gestión estratégica. En abril, la prioridad será evitar el ingreso de maquinaria en suelos saturados, mejorar caminos internos y garantizar el correcto drenaje de los lotes. En mayo, el foco estará puesto en el monitoreo del rendimiento fabril y en definir el orden de cosecha, priorizando variedades tempranas y zonas mejor drenadas. Finalmente, en junio, la clave será anticiparse al riesgo de heladas, intensificando la cosecha en áreas vulnerables para minimizar pérdidas.
Así, el 2026 plantea un desafío complejo para el agro tucumano: aprovechar el potencial productivo que dejó el agua, pero con la mirada puesta en los riesgos que todavía pueden condicionar el resultado final de la campaña.
(Fuente: Metricpoint)













