La frutihorticultura atraviesa un proceso de transformación en el que la eficiencia productiva dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad. En sistemas cada vez más exigidos por los costos, los mercados y el ambiente, la clave pasa por decisiones técnicas finas, sustentadas en el conocimiento del suelo, el agua y la nutrición vegetal. En ese escenario, el Congreso Internacional Frutihortícola Orán 2026 se presenta como un espacio estratégico para compartir experiencias y actualizar criterios de manejo.
Uno de los protagonistas será el ingeniero agrónomo chileno Gonzalo Allende Lagos, quien acumula más de dos décadas de trabajo en más de 15 países. En diálogo, adelantó los principales ejes de su disertación, centrada en cómo alcanzar eficiencia productiva a partir de un enfoque integral del sistema.
“Para mí hay varios pilares que hay que cumplir desde el punto de vista técnico, y el primero es lograr huertos uniformes. Cada inversión que uno hace, ya sea en planta, fertilizante o riego, tiene que devolver la cantidad de fruta o hortaliza que uno espera”, explicó.
En ese sentido, remarcó que uno de los errores más frecuentes está en subestimar la preparación del suelo. “Muchas veces se malentiende como un costo y no como una inversión. Si no hay un ambiente adecuado para el desarrollo de raíces, la planta no entregará su máximo productivo”, sostuvo. Para el especialista, la base de todo sistema eficiente comienza debajo de la superficie, donde se define el potencial real del cultivo.
El manejo del agua constituye otro de los pilares centrales. “Hoy la tecnología permite saber con bastante precisión cuánta agua aplicar y cuánto dejar de regar para mantener el equilibrio entre oxígeno y agua en las raíces”, detalló. Este equilibrio, muchas veces invisible, resulta determinante para evitar estrés y garantizar una absorción eficiente de nutrientes.
Precisamente, la nutrición aparece como el tercer eje clave, aunque con un cambio de paradigma. “Hay que quitarnos el concepto de fertilizar por unidades o kilos y empezar a trabajar con concentraciones. Se trata de definir el ‘plato de comida’ que la planta necesita a partir de la analítica”, explicó.
Sin embargo, alcanzar ese objetivo no siempre es sencillo. Allende Lagos identificó dos errores recurrentes que impactan directamente en la pérdida de eficiencia. “El primero es el mal manejo de la conductividad eléctrica, que básicamente es la cantidad de sales en el medio. Cuando uno aplica fertilizante en exceso, aumenta esa conductividad y la planta sufre un efecto osmótico, absorbiendo menos agua. Es como tratar de sacarse la sed con un vaso de agua con mucha sal”, graficó.
El segundo problema tiene que ver con la lixiviación. “Cuando sobra ‘comida’ en la solución del suelo, inevitablemente se pierde hacia capas más profundas. Eso implica no solo una pérdida económica, sino también contaminación de napas, algo que hoy los mercados internacionales miran con mucha atención”, advirtió.
Frente a este escenario, el diagnóstico aparece como una herramienta insoslayable. “Yo siempre digo que si uno va al médico y le receta algo sin preguntarle nada, no vuelve más. Bueno, el médico de las plantas somos los agrónomos”, señaló. Y agregó: “No alcanza con mirar desde la camioneta. Hay que trabajar con análisis de suelo, de pasta saturada, de solución de suelo y también foliares para entender qué está pasando realmente”.
En cuanto a las herramientas disponibles, destacó el avance tecnológico tanto en Chile como en Argentina. “La analítica está al alcance y, en el caso del riego, las sondas de humedad -ya sean manuales, FDR o TDR- permiten medir no solo la humedad sino también la conductividad. Son fundamentales para tomar decisiones”, indicó.
Al comparar realidades productivas, Allende Lagos observó similitudes entre ambos países, aunque con matices. “En genética y variedades hay bastante coincidencia, adaptadas a cada clima. Pero en Chile hay algo que ya no se discute: la importancia de la preparación de suelo. No se habla de costos, se invierte lo necesario”, afirmó. Además, destacó un cambio de mentalidad: “Hoy la pregunta no es cuánto gasto menos, sino qué necesito hacer para sacar el máximo rendimiento”.
En ese punto, consideró que Argentina viene avanzando, aunque aún tiene margen de mejora en ciertos aspectos. “Está un poco más atrás en bioestimulación, tanto en suelo como en aplicaciones foliares, pero en los últimos años ha crecido mucho y se está adoptando rápidamente”, evaluó.
La eficiencia nutricional, eje de su próxima disertación, cobra aún más relevancia en contextos económicos variables. “En 2022, en Perú, el costo de los fertilizantes se duplicó. Las empresas que pudieron ajustar sin afectar lo que la planta necesitaba tuvieron buenos resultados; otras fracasaron por recortar sin criterio”, recordó. En ese sentido, subrayó el valor de la información: “Con analítica podés saber si realmente necesitás aplicar fósforo o potasio, o si ya están en niveles suficientes en el suelo”.
Finalmente, el especialista puso el foco en una demanda creciente: la sustentabilidad. “Hoy el consumidor quiere alimentos sanos y producidos de manera amigable con el medio ambiente. Eso implica ser eficientes no solo en términos productivos, sino también en el uso de los recursos y en evitar la contaminación”, afirmó.
Y concluyó con una mirada integradora: “Todo esto funciona cuando hay una muy buena gestión y un equipo de trabajo sólido. La eficiencia no es solo técnica, también es humana”.













