La producción de alcohol en Tucumán atraviesa uno de los momentos más destacados de su historia reciente y empieza a consolidarse como uno de los pilares del entramado agroindustrial del norte argentino. Con niveles récord en las últimas campañas y perspectivas de crecimiento sostenido, el sector sucroalcoholero no solo gana protagonismo dentro del país, sino que también redefine la lógica productiva de los ingenios, cada vez más orientados a diversificar y optimizar su negocio.
En este contexto, Sebastián Budeguer, director del grupo Budeguer, trazó un panorama claro sobre el presente de la actividad y los factores que explican este crecimiento. “En términos productivos, tal cual como decís, producciones récord; diría que esta va a ser la zafra 2026 la tercera con un volumen muy importante de caña y, por lo tanto, de producción tanto de azúcar como de alcohol”, señaló, marcando una continuidad en la tendencia que ya se había consolidado en 2024 y que alcanzó su punto más alto en 2025.
El crecimiento no responde a una única variable, sino a la convergencia de varios factores que se potencian entre sí. Por un lado, la expansión de la superficie cultivada y, por otro, el salto tecnológico en el manejo del cultivo. “Tiene que ver con una mejora en la caña de azúcar; hay mucho desarrollo tecnológico puesto en crear nuevas y mejores variedades que son más productivas. Entonces, a la misma superficie tenés una mayor cantidad de caña”, explicó Budeguer. A esto se suma la incorporación de paquetes tecnológicos más eficientes, que incluyen mejores prácticas de manejo, fertilización y control de malezas.
El clima también jugó su parte en este escenario favorable. Si bien las lluvias excesivas generaron complicaciones en algunas zonas, el balance general fue positivo para la producción. “Hemos tenido un buen régimen de lluvia. En las zonas donde no hubo inundaciones, esas condiciones ayudaron a la gran producción de este año”, afirmó.
Pero más allá del volumen de materia prima disponible, uno de los cambios más relevantes está en la lógica industrial. Hoy, los ingenios no solo producen azúcar: el alcohol, y particularmente el bioetanol, se posiciona como una alternativa clave. “Nos permite diversificar la matriz de productos y no correr solamente la suerte del azúcar, sino también la del alcohol. Eso genera ingresos más estables y un negocio más equilibrado en el tiempo”, sostuvo Budeguer.
Esta diversificación, sin embargo, no es completamente libre. A diferencia de otros países como Brasil, donde los ingenios pueden modificar de manera significativa el destino de la caña según los precios de mercado, en Argentina esa flexibilidad es más acotada. “Hay algún margen para cambiar el mix entre azúcar y alcohol, pero no es tan grande. Aun así, el solo hecho de tener los dos productos ya es una ventaja importante”, explicó.
En ese esquema, la eficiencia se vuelve un factor determinante. Con márgenes cada vez más ajustados y una competencia que se mide en términos internacionales, la mejora continua en los procesos productivos es una condición indispensable. “Hoy estamos trabajando con márgenes mucho más ajustados, lo cual requiere agudizar el ingenio y mejorar la eficiencia”, señaló.
En el caso del grupo Budeguer, esto se traduce en innovaciones concretas dentro del proceso industrial. “Tenemos fermentación continua con sistemas de limpieza preinstalados, lo que asegura sanidad y genera mayor cantidad de alcohol por unidad de azúcar. Además, contamos con una destilería que funciona bajo vacío, lo que reduce el consumo de energía por litro producido”, detalló, subrayando que estos avances permiten optimizar costos y mejorar la competitividad.
Tucumán, en este contexto, juega un rol central dentro del mapa nacional. Con más de la mitad de la producción de alcohol del país y una fuerte base productiva, la provincia se consolida como el corazón del complejo sucroalcoholero. “Tucumán tiene más de dos tercios de la producción nacional de caña de azúcar. Hay escala, tecnología y conocimiento. Es el polo sucroalcoholero argentino”, resumió Budeguer.
Ese liderazgo no es casual. Detrás hay décadas de desarrollo técnico, articulación institucional y generación de conocimiento aplicado. “El trabajo de la Estación Experimental permite adaptar variedades y sostener altos niveles de producción, incluso siendo la industria más al sur del mundo en este cultivo”, agregó.
Sin embargo, el crecimiento también trae desafíos. Uno de ellos es sostener la competitividad frente a otras regiones del país. “Tucumán tiene algunas desventajas en términos de carga impositiva respecto a provincias como Salta o Jujuy. Es algo que hay que trabajar para estar en igualdad de condiciones”, advirtió.
A futuro, el bioetanol aparece como una de las grandes apuestas del sector. En un contexto donde la demanda energética crece y la capacidad de refinación de combustibles fósiles está al límite, los biocombustibles ofrecen una alternativa estratégica. “Hay un gran potencial. Argentina ya está importando naftas, y ahí el bioetanol puede jugar un rol clave: sustituir importaciones, mejorar la calidad del combustible y reducir el impacto ambiental”, explicó.
En esa línea, las recientes modificaciones normativas que permiten aumentar el corte de biocombustibles en las naftas refuerzan las expectativas. “Es una señal de que se empieza a ver esta oportunidad desde el Estado”, indicó.
Con una mirada de largo plazo, Budeguer remarcó que el crecimiento sostenido del sector dependerá de mantener la inversión, la innovación y la eficiencia. “Somos una empresa familiar y pensamos en términos generacionales. Eso nos permite seguir invirtiendo y buscando mejoras, incluso en contextos difíciles”, concluyó.













