La cadena argentina de legumbres volvió a mirar hacia el futuro desde Salta, donde la Cámara de Legumbres de la República Argentina (CLERA) reunió a referentes productivos, técnicos y comerciales para debatir el nuevo escenario económico. En ese marco, el economista Juan Manuel Garzón planteó que el país atraviesa una transformación estructural que exigirá más eficiencia, pero que también puede abrir una etapa favorable para los sectores con inserción internacional.
Durante su exposición Garzón trazó un diagnóstico sobre la estabilización argentina, la baja de la inflación, el equilibrio fiscal y la mayor apertura comercial. Con un mensaje realista, aunque optimista para las cadenas exportadoras, sostuvo que el país está entrando en una etapa distinta, donde la competitividad dejará de depender de la inflación y pasará a jugarse en la productividad.
«Estamos en un proceso de estabilización macroeconómica que avanzó mucho, pero la última milla, la última etapa, va a demorar un poco; así que no es para ansiosos», afirmó Garzón al comenzar su presentación. En esa línea, explicó que alcanzar una inflación de un solo dígito anual es posible, aunque no inmediato.
Además, el economista explicó: «Una cuestión central para que ese objetivo de continuar bajando la inflación sea asequible es lo que el equipo económico llama el ancla fiscal. Es decir, poner un poco en caja al sector público, que el Estado gaste menos de lo que recauda». También sostuvo que, si ese orden se mantiene, el país podría cerrar 2026 con tres años consecutivos de superávit.
Para las empresas, ese cambio implica dejar atrás estrategias que durante años estuvieron asociadas al manejo financiero de stocks o a las remarcaciones frecuentes. Y advirtió: «La facturación pasa a ser quizás menos importante que los volúmenes, que la eficiencia productiva y que la capacidad de competir. Ese cambio requiere una adaptación importante por parte de las empresas».
Más apertura y una oportunidad para las legumbres
Otro eje de la exposición fue la inserción internacional, al respecto Garzón sostuvo: «Hasta 2023 vivíamos muy encerrados, prácticamente como una isla de Robinson Crusoe, abasteciendo nuestro mercado interno con producción nacional y con muchas restricciones para comerciar con el mundo». Según planteó, la reducción de aranceles, la eliminación de trabas comerciales y la flexibilización del acceso a divisas para importadores forman parte de un nuevo esquema económico.
En ese contexto, destacó el posible impacto del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea sobre las economías regionales. Y afirmó: «Para nuestras cadenas de alimentos es un acuerdo muy beneficioso. En el caso de la cadena de legumbres hay una baja importante de aranceles para los porotos, lo que abre oportunidades concretas para seguir creciendo en ese mercado».
Sin embargo, aclaró que la integración también traerá más competencia, y sostuvo que «vamos a convivir con productos de todo el mundo y también con competidores muy eficientes». En esa línea, el economista remarcó: «Eso obliga a mejorar productividad y costos. Habrá sectores que se adapten rápidamente y otros que deberán hacer un esfuerzo mucho mayor.»
Garzón también analizó la evolución futura del mercado cambiario y señaló que la Argentina está modificando su forma de generar divisas. Al respecto sostuvo: «La economía argentina históricamente producía dólares con una sola turbina, que era el agro. Ahora se está agregando otra turbina muy potente, que es la energía y la minería». A partir de ese proceso, proyectó que, si las inversiones se fortalecen, el país podría convivir hacia 2028 con un dólar relativamente barato en términos históricos, lo que obligará a revisar las estrategias de competitividad.
Al referirse específicamente a la actividad legumbrera, el economista dejó una lectura favorable, asegurando que «para esta cadena veo muchas más oportunidades que riesgos o amenazas. Es una actividad claramente exportadora, que puede aprovechar muy bien un contexto de mayor integración con el mundo».
De todos modos, insistió en que «la estabilidad obliga a competir de otra manera. Ya no alcanza con administrar la inflación. El foco estará puesto en producir mejor, ganar eficiencia y desarrollar mercados.» Para las legumbres, ese desafío combina una oportunidad concreta de expansión externa con la necesidad de profesionalizar cada eslabón de la cadena para sostener competitividad en un escenario más abierto y exigente.













