El próximo 3 de octubre, Tapia será sede del primer Festival Nacional del Café, una iniciativa que busca ir más allá del encuentro y poner en agenda el potencial productivo de la caficultura en la provincia. Actualmente ya se impulsan proyectos en distintas zonas de Tucumán, con la mirada puesta en generar inversión, empleo y nuevas alternativas para la matriz productiva tucumana. En diálogo con Suena a Campo, el ingeniero Martín Ojeda, socio fundador de Cyprox e integrante del proyecto Café Las Yungas, contó cómo nació esta apuesta, cuáles son las condiciones que necesita el cultivo y qué perspectivas tiene para la provincia.
“De repente uno dice: producimos café en Tucumán, era impensado años atrás. Pero hoy las condiciones están dadas, es apto el suelo, entonces apostamos a este proyecto, una nueva economía regional”, explicó Ojeda, quien señaló que el trabajo comenzó hace aproximadamente cuatro años, aunque los primeros ensayos se remontan a tiempo atrás.
Según relató, uno de los antecedentes fue el trabajo realizado por Oscar Velasco Imbaud, quien introdujo semillas y realizó experiencias para comprobar la adaptación del cultivo. Los resultados permitieron avanzar en nuevos proyectos y sumar a instituciones como el IDEP y el INTA, además de productores y personas interesadas en desarrollar la actividad.
En ese proceso también surgió Cyprox, una empresa creada por Ojeda junto a Andrés Martín, Dante Delgado y Adolfo López, que busca concentrar distintas actividades vinculadas con el café en Tucumán. “Cyprox se va a dedicar a la producción y a la comercialización de café, al asesoramiento a productores y a todo el proceso productivo”, detalló.
Una de las particularidades del proyecto es que el café requiere condiciones específicas para desarrollarse en la provincia. Ojeda explicó que las altas temperaturas representan una dificultad para el cultivo cuando se encuentra a cielo abierto, por lo que la estrategia consiste en aprovechar las características de la Yunga.
“El café es un cultivo muy delicado que en Tucumán no soporta las altas temperaturas a cielo abierto. Por eso se cultiva en el sotobosque de la Yunga, resguardado por la vegetación, y protegido de las heladas”, indicó.
Dentro de Cyprox desarrollan además Café Las Yungas, un proyecto que combina producción y tecnología. La propuesta contempla la utilización de sensores distribuidos en los cafetales para monitorear en tiempo real diferentes parámetros del suelo, entre ellos humedad, temperatura, conductividad eléctrica, nitrógeno, fósforo y potasio.
El objetivo es contar con información para determinar las necesidades de las plantas y utilizar el agua de manera eficiente. “Así sabemos si la planta está bien nutrida y si necesita agua para regarla de manera eficiente cuidando el recurso”, explicó Ojeda.
Actualmente, los proyectos se desarrollan en diferentes puntos de la provincia. Entre ellos se encuentra Tafí Viejo, en la antigua reserva, donde cuentan con unas 15 hectáreas para desarrollar y ya comenzaron a implantar las primeras tres o cuatro hectáreas. También hay una experiencia en El Cadillal, en la zona del Badén, y otra en Potrero de las Tablas.
La producción está orientada al café de especialidad, un segmento que busca diferenciarse por sus características sensoriales. Ojeda explicó que se trata de cafés con notas y sabores particulares, que pueden presentar perfiles afrutados, achocolatados o cremosos. Entre las variedades utilizadas se encuentra Arara, un híbrido brasileño que, según indicó, presenta un alto nivel productivo y es actualmente trabajado por el equipo como variedad exclusiva en Tucumán.
“Nos está dando alrededor de 2 kilos de grano de café verde procesado por planta”, señaló.
El manejo del cultivo, sin embargo, requiere atención permanente. Además de las condiciones de temperatura, existen enfermedades que pueden afectar la producción, entre ellas la roya y la antracnosis. Para incorporar conocimientos y experiencias de otras regiones productoras, el equipo realizó capacitaciones y viajes a países como Brasil, Perú y Colombia.
La inversión inicial es otro de los aspectos a considerar. Ojeda explicó que los primeros dos años representan un período de sostenimiento de la plantación sin producción, mientras que entre el segundo y tercer año comienza una producción mínima. El volumen aumenta durante el cuarto año y, a partir del quinto, se estabiliza. Según explicó, una plantación puede mantener su producción hasta aproximadamente los 20 años.
En el diseño desarrollado por el equipo se contempla una densidad de unas 3.000 plantas por hectárea. Pero además del impacto económico, el proyecto plantea una importante demanda de mano de obra, especialmente durante la cosecha. 
La recolección es manual y requiere seleccionar únicamente los frutos que alcanzaron el nivel de madurez adecuado para obtener café de especialidad. “Calculamos que se necesitan entre 15 y 20 personas por hectárea”, afirmó Ojeda.
El productor considera que Tucumán podría llegar a desarrollar entre 9.000 y 10.000 hectáreas de café, lo que abriría una oportunidad para la generación de empleo en distintas zonas. También destacó el carácter inclusivo que puede tener la actividad, debido a que determinadas tareas de cosecha pueden ser realizadas por personas con capacidades diferentes aptas para la recolección de la cereza.
La apuesta productiva también comenzó a generar vínculos con empresas del sector. Ojeda mencionó un convenio de participación firmado entre Cabrales y la provincia y contó que se llevó café producido en Tucumán para ser tostado y degustado. Según relató, la evaluación recibida sobre la calidad del producto fue “excelente”.
En este contexto, el primer Festival Nacional del Café buscará convertirse en un espacio para mostrar el potencial de esta nueva actividad. El encuentro se realizará el viernes 3 de octubre en el Complejo Polideportivo de Tapia, a partir de las 10:30, y tendrá charlas técnicas sobre caficultura, exposiciones vinculadas con los beneficios económicos para la provincia, degustaciones, espectáculos folclóricos y actividades culturales. 
La elección de Tapia también está relacionada con el desarrollo de la primera plantación de café en El Cadillal, que ya cuenta con un año de evolución.
El desafío ahora es transformar las experiencias iniciales en una actividad productiva con mayor escala. Con proyectos que combinan producción, tecnología, conocimiento y trabajo en territorio, el café comienza a aparecer en Tucumán como una alternativa que busca complementar la matriz productiva provincial y abrir nuevas oportunidades para productores e inversores.
“Hay que seguir apostando, porque la provincia es muy rica”, concluyó Ojeda.













