La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) revisó a la baja la intensidad prevista de El Niño para el trimestre octubre-diciembre y estimó que el fenómeno podría pasar de la categoría “muy fuerte” a “fuerte”.
El análisis fue realizado por el consultor Alfredo Elorriaga para la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la BCR. Según explicó, el calentamiento del Pacífico no está generando hasta el momento la respuesta esperada sobre las precipitaciones en la región pampeana.
Septiembre terminó, de hecho, con lluvias inferiores a las medias históricas en buena parte de la región, un comportamiento que llevó a revisar las proyecciones iniciales sobre la intensidad del fenómeno climático.
La estimación original de GEA contemplaba un pico de 2,4 °C de anomalía en diciembre. La última actualización redujo ese valor a 2 °C, un nivel que ubicaría a El Niño dentro de la categoría de “fuerte”.
La modificación también podría tener consecuencias sobre las previsiones de lluvias para el último trimestre del año. El escenario inicial contemplaba precipitaciones superiores a las medias históricas, especialmente durante noviembre y diciembre. Con una menor intensidad del fenómeno, esos acumulados podrían ubicarse por debajo de lo previsto inicialmente.
Elorriaga señaló además que el comportamiento de las precipitaciones sobre Argentina no depende exclusivamente de las condiciones del Pacífico. En el escenario actual también intervienen otros factores que están condicionando el ingreso de humedad hacia el centro del país.
Entre ellos, mencionó la persistencia de una circulación fría de origen polar desde la Patagonia y la presencia de una anomalía fría en el Atlántico frente a la desembocadura del Río de la Plata.
Estas condiciones estarían limitando el ingreso de humedad y contribuyendo a explicar por qué el calentamiento del Pacífico todavía no se refleja en las lluvias esperadas para la región pampeana.
Para el sector productivo, la revisión de la BCR introduce un cambio en el escenario climático previsto para los próximos meses. Por un lado, reduce las expectativas de precipitaciones asociadas a un evento de El Niño de intensidad muy fuerte. Por otro, también modera el riesgo de excesos hídricos que estaba asociado al escenario inicial.
La evolución del fenómeno durante los próximos meses será determinante para establecer cómo finalmente se comportarán las lluvias durante el último trimestre del año.













