El fenómeno de El Niño ya está presente y sus efectos comienzan a sentirse en Tucumán, con lluvias persistentes en algunas zonas, escasa radiación solar y dificultades para avanzar con las tareas agrícolas. De cara a los próximos meses, los modelos climáticos anticipan precipitaciones abundantes, especialmente durante diciembre y enero, en un escenario que exige atención por parte de los productores.
El observador meteorológico Cristofer Brito analizó las perspectivas para la provincia y advirtió que el actual evento presenta una intensidad excepcional. Según explicó, las temperaturas del océano Pacífico ya superaron los registros del fenómeno de 2015-2016 y todavía podrían aumentar hasta alcanzar su máximo durante el verano.
“Ya estamos en este Súper Niño, ya lo estamos transitando”, afirmó Brito, al señalar que no se trata de una posibilidad futura, sino de un fenómeno que ya está influyendo sobre las condiciones meteorológicas. En ese sentido, aclaró que la denominación “Súper Niño” describe la magnitud del evento, aunque la clasificación climática de base continúa siendo El Niño.
El especialista explicó que, cuando la temperatura del océano Pacífico supera en dos grados los valores normales, se considera que existe un Niño fuerte. En el episodio actual, los registros ya excedieron los del evento de hace una década y los modelos estiman que entre diciembre y enero podrían ubicarse entre tres y tres grados y medio por encima del promedio.
“Eso vendría a ser un Niño casi el doble de fuerte de lo que fue el 2015”, sostuvo. A esta situación se suma otro factor: una atmósfera más caliente que la de aquel período, una combinación que, de acuerdo con Brito, contribuye a intensificar las consecuencias meteorológicas en distintas regiones.
Sin embargo, el impacto no es uniforme. En Tucumán, las diferencias entre el oeste y el este de la provincia son marcadas. Mientras algunos departamentos ya acumularon precipitaciones equivalentes o superiores a las habituales para todo un mes, otras zonas presentan registros por debajo de los valores normales.
Brito mencionó que sectores de Río Chico, Chicligasta, Alberdi, Monteros y Famaillá vienen recibiendo lluvias importantes. En cambio, hacia el este provincial, las precipitaciones fueron relativamente escasas. Como referencia para describir esa distribución, señaló a la ruta nacional 157 como una línea imaginaria que permite observar el contraste entre ambos sectores.
“En el este de la provincia vienen con valores de lluvia por debajo de lo normal, mientras que en el oeste venimos por arriba de lo normal y estamos hablando de, ¿cuántos?, 50 kilómetros de distancia. Es muy poca y la diferencia es mucha”, explicó.
Estas condiciones ya repercuten sobre la actividad agropecuaria. En la zona cañera, las precipitaciones frecuentes y la falta de piso dificultan el ingreso de maquinaria a los campos y complican el avance de la cosecha. La situación se agrava cuando los períodos sin lluvia son demasiado breves y la ausencia de sol impide que los suelos pierdan humedad.
“Los períodos donde deja de llover son muy cortitos, no duran más de diez horas”, describió Brito. En esas condiciones, la evaporación resulta insuficiente para recuperar la transitabilidad de los lotes y caminos rurales. Mientras tanto, algunos productores del este tucumano todavía pueden avanzar con la cosecha en sectores donde los suelos se mantienen en mejores condiciones.
Para quienes están planificando la siembra de soja y maíz, el observador recomendó prestar atención a las tendencias de los próximos meses. Según los modelos climáticos que analizó, durante noviembre, diciembre y enero se espera una mayor disponibilidad de lluvias en la provincia, con enero como el mes que podría presentar los mayores acumulados.
“Estaríamos en valores promedio 100 milímetros por arriba de lo normal”, indicó. Para ese mes, las proyecciones mencionadas por Brito estiman acumulados promedio de entre 300 y 400 milímetros, aunque aclaró que los registros pueden variar considerablemente de una zona a otra.
El especialista remarcó que el escenario previsto no implica lluvias continuas durante todo el verano. Por el contrario, anticipó episodios intensos y localizados, favorecidos por la humedad disponible y el regreso de las temperaturas más elevadas.
“No quiere decir que va a llover todo el verano continuo, sino que va a ser por algunos momentos, pero cuando llueva va a llover en serio”, advirtió. Por eso, la planificación de las labores agrícolas deberá contemplar tanto las diferencias geográficas como la posibilidad de precipitaciones fuertes concentradas en períodos breves.
En cuanto a las temperaturas, Brito señaló que el verano podría presentar valores dentro de los parámetros habituales, con máximas promedio de entre 32 y 35 grados. No obstante, advirtió que la elevada humedad puede aumentar considerablemente la sensación térmica, que podría superar los 40 grados.
Las proyecciones climáticas también indican que El Niño comenzaría a debilitarse entre marzo y abril del próximo año, con una posible vuelta a condiciones neutrales durante mayo y junio.
Frente a un escenario meteorológico cambiante, la anticipación y el seguimiento de la información resultan claves para productores y trabajadores rurales. Brito consideró que un horizonte de cinco días puede ser útil para identificar posibles tormentas fuertes y estimar las condiciones de temperatura y lluvia, aunque advirtió que los pronósticos pueden modificarse rápidamente.
En materia de prevención, hizo hincapié en la necesidad de distinguir entre los pronósticos generales y las alertas oficiales. “El Servicio Meteorológico Nacional es el único ente oficial encargado de emitir alertas meteorológicas. Por ende, es al único ente que tenemos que hacerle caso”, afirmó.
Los productores pueden complementar esa información con aplicaciones meteorológicas o consultas específicas para sus establecimientos. Brito explicó que el seguimiento particular permite evaluar las diferencias entre zonas, algo especialmente importante en una provincia donde las precipitaciones pueden cambiar significativamente en pocos kilómetros.
“Estamos continuamente monitoreando la situación de Tucumán”, señaló, y confirmó que quienes necesiten información más puntual pueden realizar consultas de manera privada.
Con un verano que podría combinar elevada humedad, lluvias intensas y una distribución desigual de las precipitaciones, el desafío para el campo tucumano será tomar decisiones con información actualizada. En un contexto donde las condiciones de cada lote pueden ser muy distintas, seguir los pronósticos y atender las alertas oficiales será fundamental para organizar las labores y reducir riesgos.













