En un contexto donde las enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes representan un desafío creciente para la salud pública, un equipo interdisciplinario del CONICET‑UNT y el Instituto PROBIEN está trabajando en el desarrollo de bebidas funcionales en polvo a partir de extractos de plantas nativas. Este proyecto, que combina biotecnología, recursos naturales y compromiso social, se presenta como una alternativa natural con potencial para prevenir patologías crónicas mediante la incorporación de alimentos saludables a la dieta diaria.
La iniciativa nace en el marco de una investigación liderada por Florencia Correa Uriburu, becaria postdoctoral del CONICET, quien desde el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INBIOFIV) trabaja con plantas medicinales originarias del noroeste argentino. En diálogo con Suena a Campo, Correa Uriburu explicó que la idea de crear estas bebidas surgió como respuesta a una necesidad cada vez más presente en la sociedad: encontrar productos que no solo alimenten, sino que también promuevan el bienestar.
“Cada vez más personas buscan llevar un estilo de vida más saludable, y eso incluye consumir productos que aporten beneficios a la salud”, expresó la investigadora. Fue así como comenzaron a experimentar con extractos de jarilla y chilto, dos especies nativas de la región, a los que sumaron arándano —un fruto de interés regional— y miel de azahar de limón como endulzante natural.
El resultado es una bebida en polvo de rápida disolución, pensada para ser práctica, saludable y de larga duración. Según explicó Correa Uriburu, uno de los principales motivos para optar por este formato fue la necesidad de prolongar la vida útil del producto, ya que las frutas frescas tienen una conservación limitada. “Elaboramos la bebida con los extractos y demás ingredientes, y al deshidratarla en polvo logramos que se mantenga estable durante más tiempo. Se presenta como un sobrecito o frasco sellado al vacío; cuando la persona desea consumirla, simplemente disuelve una cucharadita en un vaso de agua y la toma en el momento”, explicó.

Actualmente, el proyecto se encuentra en una etapa avanzada de ensayos, centrados en garantizar la seguridad de su consumo y en la posibilidad de escalar la producción. Uno de los grandes desafíos que afronta el equipo es lograr que este desarrollo sea sostenible, tanto en términos ambientales como económicos. Para ello, se trabaja en la multiplicación de las plantas nativas mediante cultivo in vitro, una técnica que permite replicar las especies sin agotar los recursos naturales.
“Estamos colaborando con la comunidad indígena Amaicha del Valle para reinsertar estas plantas en su hábitat natural y fomentar su cultivo en la región. Paralelamente, promovemos la producción del chilto en distintas zonas del norte argentino, con el objetivo de fortalecer las economías regionales mediante la producción y comercialización de alimentos funcionales a partir de especies autóctonas”, detalló la investigadora.
El trabajo tiene una fuerte impronta colaborativa e interinstitucional. Además de INBIOFIV y el CONICET‑UNT, participa el Instituto PROBIEN, con sede en Neuquén, donde se llevaron a cabo parte de los ensayos de caracterización de los polvos: análisis del color, tamaño de partícula y demás parámetros relacionados al producto final. Correa Uriburu remarcó la importancia de este trabajo conjunto entre distintas regiones del país, uniendo conocimientos y recursos para impulsar un producto de origen natural y alto valor agregado.
En cuanto al diseño del packaging y la marca comercial, el equipo reconoce que se trata de una etapa que aún está en desarrollo. “Todavía no hemos definido con precisión cómo será la etiqueta ni el mensaje que queremos transmitir, pero sí tenemos claro que no se trata de un medicamento. Es una bebida funcional pensada para generar bienestar y ese concepto debe reflejarse con claridad en el envase”, subrayó.
Este desarrollo representa no solo una innovación en el campo de los alimentos funcionales, sino también una oportunidad de poner en valor los recursos nativos y el conocimiento científico local. Al conectar la investigación con la producción agropecuaria regional, el proyecto busca tener un impacto directo en la salud de las personas y en las economías locales.
Desde Suena a Campo celebramos este tipo de iniciativas que surgen desde nuestras universidades e institutos de investigación, demostrando que el campo argentino también puede ser fuente de soluciones para los grandes problemas de salud pública. Estaremos atentos a los próximos avances de este prometedor proyecto que, sin dudas, llevará el sabor y la ciencia de nuestras tierras a muchos hogares.













