Después de años de intensas negociaciones técnicas y coordinaciones entre organismos oficiales, productores y exportadores, Argentina ha logrado la esperada apertura del mercado chileno para su producción de limón. Este hito fue formalizado tras la aprobación del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile, que validó el cumplimiento de las exigencias fitosanitarias necesarias para la importación. Conversamos con Gustavo Dada, Coordinador Regional de Protección Vegetal del SENASA, quien compartió su perspectiva sobre este logro, el camino recorrido y lo que representa para la citricultura del noroeste argentino.
“Estamos con esta novedad que pensamos que va a ser muy buena para la citricultura de la provincia”, comentó Dada, visiblemente entusiasmado por el potencial que se abre para el sector. La apertura de un nuevo mercado no es menor, especialmente en un contexto en el que la producción local viene enfrentando una situación compleja. “La condición comercial del limón a nivel mundial está atravesando una crisis, y eso se siente acá desde hace un par de años, con una oferta que supera ampliamente la demanda”, explicó.
Por ello, la posibilidad de ingresar a un mercado vecino como el chileno se presenta como una alternativa estratégica y conveniente para los productores. “Pensamos que puede ser de gran ayuda, como lo ha sido Brasil en los últimos años, donde de a poco fueron aumentando las toneladas certificadas”, destacó.
En cuanto al potencial de Chile como país importador, Dada fue cautamente optimista. “Tenemos expectativas de que sí, de que sea un potencial importador, aunque el plan de trabajo es bastante complejo. Hay muchas plagas reglamentadas, pero el panorama es alentador y creemos que vale la pena realizar pruebas para evaluar la rentabilidad”, señaló.
El camino hacia esta apertura no fue sencillo. Dada detalló que todo comenzó con una manifestación formal por parte del SENASA para exportar limones a Chile. A partir de ahí, se elaboró un dossier con el listado de plagas presentes en Argentina, lo que permitió al SAG realizar un análisis de riesgo. “Ese análisis determina qué plagas son cuarentenarias para ellos, y después se establecen medidas específicas para cada una. Finalmente, se publica en la resolución exenta 5040 de 2025 los requisitos fitosanitarios detallados”, explicó.
Uno de los puntos clave del protocolo es la anticipación: los productores interesados en exportar deben inscribirse 30 días antes del cuaje de frutos. “Chile nos solicita medidas a campo desde esa época, especialmente para combatir mancha negra e infecciones por gomosis”, aclaró Dada. Entre las exigencias se incluyen aplicaciones preventivas, medidas culturales como la poda y el control de malezas, y la inspección oficial tanto en campo como en empaque.
Además de esas exigencias, se debe realizar un tratamiento cuarentenario con frío para eliminar la presencia de la mosca de los frutos. “Una vez inspeccionada la fruta y asegurado que cumple con todos los requisitos, se somete a una cámara de frío: 16 días a 2 grados centígrados o 18 días a 3 grados. Esto garantiza que no haya Seratitis capitata en el envío”, detalló el funcionario.
Aunque aún no se han realizado exportaciones a Chile en esta campaña -ya que la resolución fue publicada el pasado 2 de julio y los plazos no permitieron inscripciones previas al cuaje-, el sector ya se prepara para aprovechar la ventana de exportación que se abre entre febrero y marzo. “Es justo antes de los primeros envíos a la Unión Europea, así que puede ser una opción muy válida para muchas empresas”, anticipó.
Consultado sobre el posicionamiento sanitario internacional del limón tucumano, Dada se mostró esperanzado. “Desde que reabrimos el mercado de Estados Unidos, no tuvimos ninguna intercepción de fruta. En la Unión Europea, solo registramos dos este año, que no es una cifra alta considerando el volumen exportado. Desde el punto de vista sanitario, estamos dando garantía a todos los destinos, y eso fortalece nuestra reputación cuando se negocian nuevas aperturas”, aseguró.
También recordó lo ocurrido durante la pandemia, cuando un embarque fue rechazado por presencia de mancha negra, una enfermedad que, aunque no afecta el sabor ni la calidad nutricional del fruto, sí condiciona el acceso a mercados con normativas fitosanitarias estrictas. “Rusia no tiene esta plaga como cuarentenaria, pero la Unión Europea sí, y por eso es fundamental ser muy responsables para garantizar la mejor sanidad posible. No solo para que no se cierren los mercados existentes, sino también para facilitar la apertura de nuevos”, recalcó.
Con esta nueva puerta que se abre, los productores del NOA ven renovadas sus esperanzas en un contexto global desafiante. “Es nuestra misión como organismo sanitario acompañar este tipo de procesos y dar respaldo a la producción. Creemos que las empresas están más que capacitadas para cumplir con las exigencias y tener éxito en este nuevo destino”, concluyó Dada.
Sin duda, el ingreso del limón argentino al mercado chileno no solo representa una victoria técnica y comercial, sino también una señal clara de que el trabajo conjunto y sostenido entre organismos públicos y privados puede rendir frutos concretos. El tiempo dirá si Chile se convierte en un socio estratégico para el citrus argentino, pero el optimismo y la preparación ya están sobre la mesa.













