Es absolutamente cierto que la política de Donald Trump está convulsionando el comercio global de commodities. De a poco, su guerra de tarifas empieza a refundar los flujos mundiales de negocios. Países con una larga historia de intercambio con Estados Unidos ahora buscan huir de las garras del republicano.
En este camino, y en referencia al Mercosur, el ministro de Comercio Internacional de Canadá, Maninder Sidhu, reconoció que existe interés de ambas partes en avanzar en las negociaciones comerciales, mientras Ottawa busca nuevos acuerdos para reducir su dependencia de Estados Unidos.

No se trata de un tema menor. Estados Unidos es el principal socio comercial agrícola de Canadá, ya que adquiere el 60,3 % de las exportaciones canadienses y suministra el 56,8 % de las importaciones. En 2023, Canadá representó el 16,3 % de las exportaciones agrícolas estadounidenses y el 20,6 % de las importaciones.
La idea entonces es reducir esta dependencia. Por eso Sidhu informó sobre conversaciones con el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil y reconoció el interés en llevar a cabo algún grado de acercamiento con el Mercosur. Del mismo modo, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, había manifestado en abril último su voluntad para avanzar en las negociaciones orientadas a formalizar un acuerdo comercial entre el bloque sudamericano y Canadá. Sidhu afirmó que las empresas canadienses están sobreexpuestas a Estados Unidos y que no son tan competitivas como antes debido a los aranceles de Trump. “Mi trabajo es abrir nuevas puertas”, advirtió.

Canadá cuenta con 15 acuerdos de libre comercio que abarcan 51 países, lo que le da acceso a 1.500 millones de consumidores. Sidhu afirmó que Ottawa buscará más acuerdos de este tipo en los próximos meses, sin especificar un objetivo.
Mientras tanto, en Europa todo se ha complicado con los agricultores. Bruselas piensa recortar el presupuesto agrícola de la Unión Europea y los productores calificaron el intento como una declaración de guerra ya que, aseguran, traiciona un pacto posterior a la Segunda Guerra Mundial. Desde luego no es el marco ideal para que avance el acuerdo con el Mercosur.
Esto a pesar de que en oportunidad de presentar su propuesta presupuestaria, Úrsula von der Leyen negó que los agricultores salieran perdiendo y destacó la financiación disponible para las comunidades rurales en virtud de otros programas de gasto. La poda presupuestaría llevaría la financiación de la Política Agrícola Común (PAC) de la UE de 386.600 millones de euros a tan solo 300.000 millones de euros después de 2027, como parte de una revisión exhaustiva del próximo presupuesto a largo plazo del bloque. Se trata de una reducción general de más del 20 %, mucho peor si se tuviese en cuenta la inflación.

La presidente de la Comisión Europea dejó al comisario de Agricultura, Christophe Hansen, la tarea de defender los recortes contra los que él mismo pasó meses luchando a puerta cerrada. “No va a cambiar el dinero que llega a los bolsillos de los agricultores, no hay ningún recorte”, insistió argumentando que los miles de millones que faltan se contabilizan en otras partidas del presupuesto.
No alcanzó para calmar a los hombres de campo. Cientos de agricultores se congregaron frente a las instituciones de la UE en Bruselas, ondeando banderas y coreando lemas como “Bienvenidos a Vonderland”, en clara alusión a la titular del bloque. “Están desmantelando 70 años de historia europea”, indicó un ruralista refiriéndose a los orígenes de la PAC. Para muchos agricultores europeos, este paquete de normas es un derecho adquirido. “Quieren declararles la guerra a los productores. Pues bien, estamos listos”, bramó uno de ellos.
Esta vez primaron las banderas, los cánticos y una canción generada por inteligencia artificial a todo volumen sobre las subvenciones agrícolas, mientras los manifestantes marchaban desde el Parlamento hasta el Berlaymont, la sede de la Comisión.

El Copa-Cogeca, que reúne a los principales grupos de presión de agricultores y cooperativas agrarias de la UE, calificó el día como un “Miércoles Negro para la agricultura europea“. En un comunicado contundente, acusó a Von der Leyen de preparar en secreto un recorte radical, unilateral y cínico. “Sabemos exactamente quiénes serán los más afectados: las explotaciones agrícolas familiares, la piedra angular de nuestro modelo”, declaró el grupo.
En medio de estos desencuentros, agricultores franceses fueron con vacunos a la embajada de Brasil en París. ¡Productores de carne bovina furiosos!, se leía en la camiseta de los hombres de campo, que además llevaron vacas Charolais a la dependencia diplomática. Rechazaron el acuerdo con el Mercosur haciendo referencia a “una competencia desleal que afectará los precios, nuestros mercados y la rentabilidad de nuestras explotaciones“. Y se acordaron de Emmanuel Macron, no precisamente en buenos términos.













