Tras una campaña marcada por el impacto del achaparramiento del maíz y la presencia de la chicharrita, una nueva preocupación sanitaria empieza a emerger en los lotes del NOA: la mancha blanca. Se trata de una enfermedad foliar causada por un hongo que, si bien no ha sido históricamente un problema relevante en la región, comienza a manifestarse con mayor frecuencia. Para comprender mejor esta patología, sus condiciones de aparición y su posible impacto en los cultivos de maíz, conversamos con el ingeniero agrónomo Daniel “Pipo” Rossi, asesor técnico con amplia trayectoria en la zona.
“La mancha blanca es una enfermedad fúngica que produce manchas blanquecinas de borde uniforme sobre la hoja. Con el tiempo, esas manchas se agrandan y se unen, reduciendo el área foliar útil de la planta. Eso termina afectando directamente la fotosíntesis y, por ende, el rendimiento del cultivo”, explica Rossi. Si bien el técnico reconoce haberla observado en campañas anteriores, aclara que no es una patología habitual en los maíces del NOA: “No es una enfermedad que generalmente nos provoque dolores de cabeza en la región”.
A pesar de esto, su reaparición en determinadas zonas ha encendido algunas alarmas. “La vi por primera vez hace muchos años en Los Altos, Catamarca, junto a la ingeniera Cecilia Díaz, pero en los últimos tiempos no la habíamos vuelto a tener presente con fuerza. Recién ahora, y en especial en el norte de Córdoba, ha empezado a aparecer con más frecuencia”, señala. Sin embargo, Rossi subraya que en su área de trabajo durante esta campaña no se han reportado casos relevantes: “Nadie me ha mencionado problemas con mancha blanca. Ni siquiera en días de campo, donde estuvimos acompañados por fitopatólogos”.
Respecto a los factores que favorecen el desarrollo de esta enfermedad, el especialista detalla que las condiciones suelen coincidir con las que benefician el crecimiento del maíz. “Buenos niveles de fertilidad, buena humedad, lotes bien nutridos. Todo eso que ayuda al desarrollo del cultivo también puede facilitar la aparición de la enfermedad”, precisa.
En cuanto al impacto productivo que podría generar, Rossi advierte: “El riesgo es el mismo que con cualquier otra enfermedad que cause defoliación temprana. Si perdemos área foliar, perdemos rendimiento. Las hojas son las encargadas de generar la energía necesaria para el llenado de granos, y si la planta no tiene hojas sanas en ese momento clave, el tamaño y el peso del grano se ven afectados”.
Sobre su identificación, Rossi admite que no siempre es sencillo distinguir la mancha blanca de otras enfermedades foliares. “A mí no me resulta tan fácil. Probablemente un fitopatólogo más entrenado la pueda identificar mejor, pero puede confundirse. Recuerdo que cuando la vi, la ingeniera me tuvo que señalar bien cuál era”, comenta. Y agrega: “Lo que sí me quedó claro es que, una vez que aparecen los síntomas, avanza bastante rápido si el híbrido no es tolerante”.
Justamente, la elección del híbrido es una de las claves para el manejo de esta enfermedad. “Como en otras patologías, la principal herramienta que tienen los productores es la selección de materiales con buen perfil sanitario. Algunos híbridos muestran una tolerancia notable, y en ensayos que realizamos hace unos años se notaba claramente la diferencia entre uno y otro”, indica Rossi.
También menciona que el uso de fungicidas foliares puede ser una estrategia útil, aunque no suele ser la primera opción en esta zona, dado que la enfermedad no ha tenido una alta incidencia. “No conozco casos en los que se hayan hecho aplicaciones específicas contra mancha blanca, ni tampoco lotes donde se haya descartado un híbrido por su susceptibilidad”, asegura.
En cuanto a las prácticas agronómicas, Rossi destaca el papel de la rotación de cultivos como medida preventiva. “Como muchas enfermedades, la mancha blanca probablemente se conserve en los restos vegetales. Por eso, rotar con cultivos que no sean hospedantes, como soja o poroto, puede ayudar a disminuir el inóculo presente en el lote”, explica. También señala que el tipo de suelo puede influir de manera indirecta: “Si el suelo aporta una buena fertilidad, eso puede generar un ambiente propicio para el desarrollo del hongo, aunque no lo sea por sí mismo”.
Finalmente, el asesor recomienda a los productores del NOA que estén atentos y no subestimen este tipo de patologías emergentes. “Lo primero que deben hacer es observar sus lotes. Si ven algo raro, no duden en consultar. Y, por supuesto, acercarse a las fuentes con mayor especialización, como las estaciones experimentales o las facultades de agronomía”, concluye.
La mancha blanca, aunque aún no ha cobrado protagonismo en los maíces del NOA, merece un monitoreo responsable, sobre todo en un contexto donde las condiciones climáticas, los manejos intensivos y los materiales utilizados pueden hacer emerger enfermedades que hasta ahora eran solo esporádicas. Como siempre, la prevención y el conocimiento son las mejores herramientas.













