En la región de losVosgos, al noreste de Francia, un grupo de productores agropecuarios protagonizó una escena tan insólita como gráfica: cargaron sus tractores con purines —una mezcla de excrementos, orina y restos orgánicos— y los rociaron directamente sobre un campamento ilegal de más de 400 caravanas. El gesto fue una respuesta desesperada ante una ocupación masiva y no autorizada de sus tierras, en plena zona protegida, y ante la falta de reacción efectiva de las autoridades.
Cruce entre ocupas y productores en Francia
El asentamiento se produjo durante un fin de semana de julio en las comunas de Le Syndicat y Granges-Autmonzey. Las caravanas, que llegaron como parte de una misión evangelizadora, forzaron las barreras de acceso e ingresaron sin permiso a praderas privadas. Muchas de ellas están ubicadas dentro de la Red Natura 2000, lo que implica un nivel especial de protección ambiental debido a la presencia de pozos de agua potable y biodiversidad sensible.
La sorpresa y la indignación no tardaron en llegar. “Todos los años llegan sin avisar y hacen lo mismo. No respetan nada”, declaró Pascal Claude, alcalde de Le Syndicat. Su par en Granges-Autmonzey, Frédéric Thomas, también denunció la reiteración de estas ocupaciones y advirtió que los productores se sienten “solos e impotentes”.
La escalada fue inevitable: los productores rodearon el campamento con tractores y comenzaron a esparcir el estiércol líquido. Los viajeros respondieron con una barrera humana para evitar el avance de los vehículos, y hasta se subieron a los tractores para frenarlos. Uno de los ocupantes cayó al suelo entre gritos, mientras el olor del purín invadía el aire. “Irrespirable”, dijeron los vecinos.
Desde la asociación Action Grand Passage, que representa a los viajeros, un representante llamadoOlivier denunció que los tractores pusieron en peligro a personas y criticó el accionar de los productores. “Nosotros también tenemos derechos. No pueden volver a la época de los vaqueros”, expresó.
La policía y el Defensor del Pueblo intervinieron para intentar calmar los ánimos, pero no lograron resolver el conflicto. Los ocupantes anunciaron que planean quedarse al menos dos semanas, mientras que los agricultores presentaron denuncias por ocupación ilegal y daños en una zona ambientalmente protegida.
Además del malestar por la ocupación, los productores subrayan la desigualdad normativa: mientras ellos deben cumplir estrictas regulaciones ambientales, los visitantes ,afirman, instalan campamentos masivos sin respetar ninguna regla. “Nos exigen cuidar el suelo y el agua, pero acá nadie controla nada”, expresaron.
Lo que comenzó como un conflicto territorial escaló en un choque entre estilos de vida, derechos colectivos y responsabilidades estatales. Y aunque el video con tractores rociando estiércol se viralizó como un meme, el fondo del problema sigue sin resolverse: cada año, las caravanas vuelven. Y los purines también.













