En el Noroeste argentino, la producción ovina y caprina se encuentra frente a un escenario sanitario que condiciona directamente su productividad y rentabilidad. Las parasitosis internas, las enfermedades zoonóticas y los problemas de manejo siguen siendo los principales obstáculos para el desarrollo pleno del sector. Con años de experiencia en el trabajo de campo, el médico veterinario y magíster Ramiro Méndez, técnico del INTA AER Simoca, advierte que “hay un gran desafío por delante para seguir trabajando en sanidad y abordarla de manera integral, con la participación activa de productores, trabajadores rurales y profesionales”.
Según Méndez, las problemáticas sanitarias abarcan desde afecciones reproductivas y respiratorias hasta, principalmente, parasitosis internas, que se han convertido en el enemigo silencioso de muchas majadas. “Una de las más graves es la causada por Haemonchus contortus, un parásito que se aloja en el estómago y se alimenta de la sangre del animal, provocando anemia severa y, en casos de alta carga, la muerte repentina, incluso sin mostrar síntomas evidentes”, detalla. También menciona a Trichostrongylus, que habita en el intestino delgado y provoca diarreas persistentes, así como la sarna y otras parasitosis externas que proliferan en épocas de bajas temperaturas.
A estas enfermedades se suman las causadas por bacterias tipo D, que pueden provocar la muerte del animal en pocas horas. “Son presentaciones hiperagudas que no dan tiempo a reaccionar si no hay un manejo preventivo”, advierte el médico.
Entre las zoonosis, la hidatidosis ocupa un lugar prioritario. Esta enfermedad, provocada por un parásito que genera quistes en hígado y pulmones, no solo afecta a ovinos y caprinos, sino también a cerdos y otras especies, incluido el ser humano. “Es una problemática grave, especialmente porque puede transmitirse a personas, sobre todo a niños. El ciclo se mantiene cuando, tras faenas en el campo, se entregan las vísceras crudas a los perros. Esto debe evitarse para cortar la transmisión”, subraya.
La prevención, para Méndez, no puede basarse únicamente en la aplicación de antiparasitarios. “La desparasitación debe ser una parte de un plan integral de manejo. Hay que trabajar en el control de corrales, instalaciones, pasturas y rotación de potreros. Si solo pensamos en la droga y no en las condiciones que favorecen al parásito, el problema se repite y se agrava”, sostiene.
En ese sentido, explica que el momento del parto es crítico, ya que las hembras, debido al estrés y cambios fisiológicos, bajan sus defensas y eliminan más huevos de parásitos en la materia fecal, contaminando rápidamente los potreros. “Si desparasitamos estratégicamente antes del parto, reducimos considerablemente la carga parasitaria en el ambiente y protegemos tanto a la madre como a las crías”, indica.
La preparación de los lugares de parición, la limpieza de corrales y el control de la rotación de pastoreo forman parte de las prácticas recomendadas. Respecto a la hidatidosis, Méndez insiste en dos medidas clave: mantener a los perros desparasitados y evitar que consuman achuras crudas.
El diagnóstico temprano también es esencial. Para los parásitos internos, el especialista menciona la metodología Famacha, que permite evaluar el nivel de anemia mediante la observación del color de la conjuntiva ocular. “Es un indicador práctico para decidir si conviene desparasitar o no, pero lo ideal es complementarlo con un análisis coproparasitológico en laboratorio, que mide los huevos por gramo y nos da un panorama más preciso”, explica.
En el caso de la hidatidosis en personas, la ecografía es la herramienta que permite una detección temprana, lo que mejora el pronóstico y reduce riesgos. “En sanidad, el tiempo es un factor decisivo; cuanto antes se diagnostica, más efectivo es el tratamiento o la prevención”, remarca.
Méndez también hace hincapié en que no existe un “plan sanitario universal” que sirva para todos los establecimientos. “Cada majada tiene su realidad: distinta carga animal, condiciones ambientales y manejo. Lo importante es conocer bien cada sistema de producción y, a partir de ahí, diseñar un plan integral adaptado a esa situación específica”, señala.
Para el mediano y largo plazo, su propuesta se centra en la capacitación constante. “Formar y actualizar a productores y trabajadores rurales es la base para sostener mejoras sanitarias. El conocimiento no solo ayuda a prevenir, sino también a optimizar recursos y a reducir pérdidas”, asegura.
La sanidad ovina y caprina en el NOA, concluye, demanda una mirada estratégica y colaborativa. “No es un trabajo que se pueda hacer de forma aislada. Necesitamos que el productor esté involucrado, que los veterinarios tengan presencia en el campo y que las instituciones acompañen con investigación, diagnóstico y capacitación. Solo así podremos enfrentar con éxito los desafíos que hoy limitan el potencial productivo de la región”, resume.
En un contexto donde la demanda de productos de origen animal sigue en aumento y los mercados exigen estándares cada vez más altos, mejorar la salud de las majadas no es solo una cuestión de bienestar animal, sino también de competitividad. La experiencia y recomendaciones de técnicos como Méndez marcan un camino claro: prevención, manejo integral y formación continua como pilares para un futuro más sostenible y rentable para la producción ovina y caprina en el NOA.













