Juan Vibart habla con entusiasmo, con la frescura de quien todavía está en plena formación pero también con la madurez de haber asumido responsabilidades de peso en la empresa familiar. Estudiante de Ingeniería Zootecnista en la Universidad de Lomas de Zamora, combina la vida universitaria con el trabajo en los campos que su abuelo fundó en Entre Ríos y Corrientes, y que hoy continúan su madre, sus tías y él mismo.

“Mi vínculo con el campo empieza desde muy chico, viajando con mi abuelo. Desde los 8 años iba con él a los campos en Corrientes y Entre Ríos. Primero con mi prima y después ya solo, hasta que esos viajes se volvieron parte de mi vida”, recuerda. La muerte de su abuelo hace dos años marcó un punto de inflexión: “Hoy lo manejamos entre mi madre, mis tías y yo. Es una empresa familiar, como una PyME, que seguimos adelante organizándonos como podemos”.
El campo lleva el apellido familiar: Vibart. Allí realizan cría e invernada, además de agricultura destinada a la alimentación de los animales. Aunque los campos están lejos de Buenos Aires, Juan no duda en viajar cada dos semanas o al menos una vez al mes para estar presente en la producción. “A veces voy solo, otras acompañado de mi madre. Es un esfuerzo, pero es la manera de sostener lo que mi abuelo inició”.
Su elección universitaria, sin embargo, no fue inmediata. “Yo arranqué un año de CBC de Medicina en la UBA. No tenía del todo claro qué hacer. Hasta que mi madre me sugirió la carrera de Ingeniería Zootecnista. Al principio no le hice caso, pero después me anoté en Lomas y me di cuenta de que no me había equivocado. Hoy estoy en cuarto año y muy convencido de lo que elegí”, explica.
El desafío de estudiar y trabajar en simultáneo es algo que conoce de primera mano: “Se puede, pero requiere mucho esfuerzo. Los primeros dos años son más complicados porque tenés materias como física, matemática y química, que son pesadas. Hoy, en cuarto año, lo que aprendo en la facultad lo aplico en el campo, y lo que vivo en el campo me sirve para entender mejor lo que estudio. Es como conectar las dos partes”.
Más allá de los conocimientos técnicos, Vibart valora otras dimensiones de la vida universitaria. “La facultad te forma no solo en lo académico, sino en lo humano. Te da pares, colegas, gente con la que compartir experiencias. Esos compañeros posiblemente sean contactos de toda la vida y con ellos pueden surgir proyectos que hoy parecen lejanos, pero mañana pueden ser una realidad”, asegura.
Ese mismo espíritu de compartir lo llevó a abrirse un espacio en redes sociales. Al principio, dice, fue casi casual: “Empecé a principios de 2024, mostrando en Instagram lo que hacía en el campo. Era más para mis amigos, para que supieran en qué andaba. Después fui subiendo más contenido, historias, y me di cuenta de que podía servir también para contarle a más gente lo que significa producir”.
El paso a un público más amplio lo dio gracias a otro referente digital del agro: “Hablando con Gina, la Piculina, me dijo que probara con subir reels. Me animé y algunos videos tuvieron muy buena repercusión. Ahí entendí que las redes son una herramienta poderosa para mostrar el trabajo del campo”.
Su cuenta, @juan.sotec, hoy combina su faceta de estudiante y la vida cotidiana en los campos familiares. “Creo que es importante mostrar todo: lo bueno y lo malo. El esfuerzo, el tiempo que lleva cada tarea, lo que pasa cuando el clima no acompaña, o cuando algo sale distinto de lo planeado. No se trata solo de tener animales, hay mucho trabajo detrás”.
Las redes, reconoce, también le abrieron puertas inesperadas: “Conocí a otros zootecnistas, a productores de diferentes provincias, a gente que vive realidades muy distintas. Eso enriquece muchísimo. Incluso pienso mi Instagram como una especie de currículum digital, porque refleja quién soy y lo que hago”.
El futuro, por ahora, lo imagina ligado tanto al campo como a la comunicación. “El campo lo llevamos adelante con mi madre y algunas tías que colaboran en la parte administrativa, pero yo soy el que más está en terreno. Me gusta producir, pero también me interesa seguir mostrando lo que hacemos, porque comunicar bien es clave para que la sociedad entienda lo que significa el agro”.
Con apenas 23 años, Juan Vibart representa a una generación que crece entre la tradición familiar y los nuevos lenguajes digitales. Su historia demuestra que es posible estudiar, trabajar y, al mismo tiempo, tender puentes entre el campo y la ciudad a través de las redes. “Lo importante es capacitarse, esforzarse y nunca perder las ganas de aprender. Siendo productor, cuanto más te formes y más compartas, mejor te va a ir”, resumen.













