El Gobierno nacional anunció una modificación en el plan de vacunación contra la fiebre aftosa que comenzará a regir en 2026. A través de una resolución del SENASA, se resolvió dejar de vacunar algunas categorías en la segunda campaña anual. El objetivo oficial es reducir costos para los productores sin poner en riesgo el estatus sanitario que la Argentina sostiene desde hace más de dos décadas.
Sin embargo, la noticia generó inquietud en parte del sector ganadero, especialmente en regiones como el NOA, donde las distancias, los sistemas de producción y la logística sanitaria plantean desafíos adicionales. Para despejar dudas y entender los alcances de la medida, dialogamos con Horacio Angélico, responsable del Programa Nacional de Fiebre Aftosa del SENASA, quien explicó los fundamentos técnicos de la decisión y cómo impactará en los rodeos.
“Primero hay que hacer un poquito de historia”, señaló Angélico. “Argentina, el año que viene, va a cumplir 20 años desde el último brote de fiebre aftosa, en 2001. Desde entonces venimos vacunando dos veces al año a la totalidad de los bovinos, salvo un cambio en 2010 cuando se exceptuaron vacas y toros en la segunda campaña. Ahora, lo que se plantea es un ajuste más, siempre basado en la vigilancia epidemiológica que demuestra que el virus no circula en el país”.
Según explicó, la vigilancia activa —a través de muestreos serológicos en distintas regiones— es la herramienta clave que respalda esta modificación. “Lo más importante es que tenemos evidencia de que los animales están protegidos y que no hay circulación viral. Además, el contexto regional es muy favorable: países como Brasil y Bolivia ya han retirado definitivamente la vacunación”, subrayó.
La medida implica que, desde 2026, en la primera campaña del año se vacunarán todas las categorías, mientras que en la segunda solo se inmunizarán los terneros y terneras. “Las categorías más sensibles seguirán recibiendo dos dosis anuales, pero los animales adultos, que ya cuentan con una protección suficiente, pasarán a vacunarse solo una vez al año”, explicó el funcionario.
Uno de los puntos que más preocupa a los productores es el posible impacto en la inmunidad del rodeo. Angélico fue enfático al respecto: “De ninguna manera se verá afectada. Venimos de muchos años sin circulación viral, y con este esquema los animales adultos tendrán protección suficiente. Los terneros, que son los más susceptibles, seguirán vacunándose dos veces. El estatus sanitario no se pone en riesgo”.
En cuanto al aspecto económico, el cambio representa una reducción significativa de dosis. “Estamos estimando que en la segunda campaña del 2026 se dejarán de vacunar entre 12 y 13 millones de animales. Eso, lógicamente, significa un beneficio en costos para el productor, aunque hay que tener en cuenta que el precio final siempre depende también del costo de aplicación, que varía en cada región”, aclaró.
Otro de los interrogantes planteados por el sector es la logística en zonas alejadas, donde el acceso a insumos puede ser más complejo. Sobre este punto, Angélico fue claro: “El esquema operativo no cambia. Todos los entes sanitarios seguirán comprando y aplicando las vacunas como hasta ahora. Lo único que se modifica es la cantidad de animales adultos a vacunar en la segunda campaña. Para los productores, el procedimiento será exactamente el mismo”.
En paralelo, se espera una evolución en la composición de las vacunas disponibles. “En la campaña de octubre próxima se seguirá utilizando la misma vacuna tetravalente que veníamos aplicando. Recién a partir de 2026 seguramente vamos a contar con formulaciones nuevas, bivalentes o trivalentes, adaptadas a las necesidades sanitarias del país”, detalló.
Ante la consulta sobre si esta decisión abre la puerta a un futuro escenario sin vacunación, Angélico fue categórico: “Quiero ser muy claro: esto no es un plan para dejar de vacunar. La Argentina no ha puesto sobre la mesa la posibilidad de eliminar la vacunación. Lo que estamos haciendo es adecuar las campañas, reducir la cantidad de dosis en animales adultos, pero mantener la inmunidad general. Cualquier otra discusión, como dejar de vacunar, pertenece a otro nivel de decisión y no es lo que estamos evaluando ahora”.
El mensaje de tranquilidad hacia los productores se repitió a lo largo de toda la entrevista. “Los cambios no van a afectar la sanidad del rodeo. No habrá modificaciones en la operativa con los entes, ni en la labor de los vacunadores, ni en la interacción con las oficinas locales. Todo seguirá funcionando de la misma forma, con la diferencia de que en la segunda campaña algunos animales adultos ya no se vacunarán”, reiteró.
Con esta decisión, la Argentina da un paso más en el camino hacia un esquema sanitario más eficiente, en línea con lo que ocurre en otros países de la región. No obstante, será clave acompañar la transición con información clara, controles epidemiológicos rigurosos y diálogo constante con los productores, principales protagonistas y responsables de sostener el estatus libre de aftosa con vacunación que tanto esfuerzo ha costado alcanzar.
Al finalizar la charla, Angélico resumió el espíritu de la medida: “Nuestro objetivo es optimizar recursos sin resignar seguridad sanitaria. Queremos llevar tranquilidad: el estatus de la Argentina no está en riesgo y los rodeos seguirán protegidos. Esto es un ajuste técnico, no un cambio de rumbo en la estrategia sanitaria nacional”.













