Argentina vuelve a destacarse en el mapa mundial de la leche. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea, la producción nacional creció un 11,7 % durante el primer semestre de 2025, mientras que el promedio global apenas supera el 1 %. El país se ubica así entre los líderes del repunte sudamericano, junto a Brasil, Chile y Uruguay. Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es qué sucede en Tucumán, cuna de la principal cuenca lechera del norte argentino. El ingeniero Patricio Altamirano, presidente de la Mesa de Lechería de Tucumán, explicó que la provincia “acompaña la tendencia nacional, aunque con su propio ritmo y limitaciones”. En diálogo con Suena a Campo, destacó que “Tucumán, al ser una cuenca, históricamente considerada marginal dentro de la actividad, ha tenido momentos difíciles. Sin embargo, lentamente viene recuperando valores de producción y acompañando el contexto nacional”.
Hasta fines de los años 2000, Tucumán fue la cuenca lechera más importante del norte argentino, abasteciendo incluso a provincias vecinas. Sin embargo, diversos factores provocaron un retroceso. “La desaparición de los campos alrededor de la ciudad y la concentración casi exclusiva de la actividad en el departamento de Trancas redujeron la producción de manera considerable. Hoy estamos recuperando esos niveles, pero todavía falta mucho camino por recorrer”, explicó Altamirano.
Uno de los principales obstáculos estructurales es el sistema de riego, indispensable para la producción en una zona de lluvias escasas. “Sería imposible producir leche en Trancas sin riego”, enfatizó el ingeniero. “El problema es que los sistemas actuales tienen casi cien años de antigüedad y muy poco mantenimiento. Es una infraestructura deficitaria que necesita urgente actualización”. La situación se agrava por el bajo promedio de precipitaciones —unos 400 milímetros anuales—, lo que convierte al agua en un recurso crítico. “Necesitamos mayor presencia y asistencia del Estado provincial en los sistemas de riego. Es una necesidad impostergable”, remarcó Altamirano.
Además del agua, la alimentación del rodeo representa otro de los grandes desafíos. El costo de los insumos, como el maíz y la soja, que dependen de variables macroeconómicas, impacta directamente sobre la rentabilidad del tambo. “El alimento es el principal costo de producción. Las variaciones del dólar, las retenciones o los precios internacionales afectan todo el esquema. El productor vive atento a esas fluctuaciones, porque cualquier cambio puede alterar la ecuación del negocio”, señaló.
A pesar de las dificultades, el sector no se detiene. En los últimos años, Tucumán ha mostrado signos de renovación, especialmente en materia de tecnificación. “Hoy en la provincia tenemos desde tambos robotizados hasta establecimientos muy rudimentarios. Hay una enorme diversidad, pero la tendencia general es clara: el productor está buscando respaldo en herramientas tecnológicas”, explicó Altamirano. El uso de software de gestión, sensores y sistemas automáticos de ordeñe comienza a extenderse, aunque todavía con ritmo desigual. “No se trata solo de comprar un robot”, aclaró. “Hablamos de incorporar programas y equipos que ayuden a manejar mejor el rodeo, registrar datos, planificar la alimentación y optimizar recursos. Es una inversión que, a mediano plazo, mejora la eficiencia y la calidad del producto”.
Esa búsqueda de modernización también abre la puerta a una mayor integración con el mercado externo. Aunque Tucumán no exporta de manera directa, una parte de su producción termina llegando al mundo a través de grandes empresas nacionales. “Una porción de la leche tucumana va a industrias como Molfino, que es una de las principales exportadoras del país. Así que, indirectamente, podríamos decir que Tucumán también está presente en los mercados internacionales”, comentó el ingeniero.
En cuanto al agregado de valor, Altamirano destacó la calidad de los productos locales: “Las industrias tucumanas elaboran muy buenos quesos y yogures. Algunos han ganado premios en concursos nacionales. Tenemos excelente materia prima y eso se refleja en los productos”.
De cara al futuro, el presidente de la Mesa de Lechería trazó una hoja de ruta clara: “Primero, necesitamos modernizar y hacer eficientes los sistemas de riego. En paralelo, hay que fomentar el consumo de productos locales y evitar el dumping que muchas veces genera competencia desleal. Y, por supuesto, continuar fortaleciendo el trabajo conjunto entre el Estado y los productores”.
La Mesa de Lechería de Tucumán, integrada por instituciones públicas y privadas, cumple un papel clave en ese proceso. “Estamos trabajando permanentemente en la búsqueda de soluciones y en el acompañamiento al productor. La idea es que la provincia pueda volver a tener peso regional dentro del mapa lechero nacional”, concluyó Altamirano.
Mientras Argentina consolida su liderazgo en el Cono Sur, Tucumán busca reconstruir una identidad lechera que supo distinguirla por calidad y tradición. Los desafíos son muchos —infraestructura, costos y tecnología—, pero el impulso del sector y el compromiso de sus productores parecen encaminarse hacia un mismo objetivo: hacer de la cuenca tucumana un ejemplo de resiliencia y eficiencia en el norte argentino.













