En un sector históricamente masculinizado, hablar de marketing, liderazgo y mujeres puede parecer disruptivo, pero para Nicolle Samyn, esa combinación es precisamente la clave del cambio. Desde hace cuatro años, junto a Mónica Lucero y Victoria González, fundó Las Chicas del Agro, una asociación civil que promueve la inclusión y el protagonismo femenino en todos los eslabones de la agroindustria argentina. “Lo que veíamos era una necesidad enorme de conexión, de red. Había muchas mujeres talentosas que entraban al sector, pero por distintos motivos se iban. Faltaban referentes, espacios de encuentro y oportunidades para crecer”, explica Samyn.
La iniciativa nació de la experiencia compartida de las tres fundadoras dentro de una empresa agroexportadora. “Durante esos años vimos de cerca cómo muchas compañeras quedaban en el camino, no por falta de capacidad, sino por falta de visibilidad o de acompañamiento. El agro, por su dispersión geográfica y su estructura, puede ser un entorno solitario, y más aún para las mujeres. Entonces entendimos que había que construir comunidad”, recuerda.
Cuatro años después, Las Chicas del Agro se consolidó como una de las redes más activas de mujeres del sector, con programas de formación, mentoría y acompañamiento para trabajadoras, técnicas, emprendedoras y profesionales. “Nuestro objetivo es potenciar a más mujeres dentro de la agroindustria, y hacerlo de forma colaborativa. No se trata de una lucha de géneros, sino de trabajar juntos, hombres y mujeres, para construir equipos diversos y más creativos”, aclara Nicolle, convencida de que la diversidad es una herramienta de innovación.
Esa visión también se refleja en el tipo de proyectos que la organización impulsa. Uno de ellos son los talleres en escuelas agrotécnicas, donde se busca inspirar a las nuevas generaciones. “En los últimos tres años recorrimos decenas de escuelas y vimos un cambio enorme. En muchas, el porcentaje de alumnas supera el 50%. Incluso hay instituciones que antes eran solo de varones y hoy abrieron su matrícula a mujeres. Es un cambio cultural profundo”, destaca.
Desde su especialidad en marketing, Samyn entiende que comunicar es también una forma de transformar. “El marketing ayuda a los procesos de cambio porque amplifica las historias. A nosotras nos gusta contar historias reales, diversas, de mujeres que trabajan en el campo, en laboratorios, en puertos o en el transporte. Cuando una mujer ve a otra en un rol donde antes no había referentes, se rompe un estereotipo. Esas historias inspiran y abren puertas”, reflexiona.
En ese sentido, la especialista subraya que visibilizar los logros y desafíos de las mujeres del agro no solo tiene un valor simbólico, sino también económico y social. “Hay mucho talento desaprovechado. Cuantas más voces participen en la toma de decisiones, mejor será el desarrollo del sector. La diversidad no es una cuestión estética, es una cuestión de eficiencia y de futuro”, afirma.
El crecimiento de la comunidad también se debe a su enfoque inclusivo. Lejos de construir barreras, Las Chicas del Agro busca sumar. “Desde el principio tuvimos una excelente recepción de los hombres, de las empresas y de las instituciones. Cada vez hay más conciencia de que los equipos diversos funcionan mejor y que las mujeres aportan otra mirada, otra sensibilidad, otra forma de liderazgo. Las nuevas generaciones ya vienen con esa mentalidad más abierta”, cuenta Samyn.
Uno de los pilares del proyecto es el Programa de Acompañamiento, un ciclo de cuatro meses en el que mujeres del agro comparten experiencias, desafíos y aprendizajes. “Es una especie de red de contención y networking donde se generan vínculos reales. Acabamos de cerrar la tercera edición y en marzo lanzamos la cuarta. Ver cómo cada participante crece, se anima a emprender o a liderar un proyecto es la mayor recompensa”, dice Nicolle con orgullo.
La especialista también destaca el papel de la tecnología como aliada. “Las redes sociales fueron clave para amplificar lo que hacemos. Nos encuentran como Las Chicas del Agro en Instagram, LinkedIn y nuestra web. Hoy cualquier mujer, desde el interior del país, puede conectarse, capacitarse y ser parte de esta comunidad. Eso antes era impensado”, señala.
A lo largo de estos años, la organización reunió cientos de historias de transformación, pero hay una que Nicolle no olvida. “Es el caso de una mujer del interior, madre de tres hijos, que trabajaba en un programa municipal de huertas. Cuando se separó, necesitaba generar más ingresos. Un día decidió postularse como operaria en una planta de acopio, un trabajo históricamente de hombres. Consiguió el puesto, triplicó sus ingresos y, sobre todo, recuperó la confianza en sí misma. Pasó de pensar ‘yo no puedo’ a decir ‘claro que puedo’. Es un ejemplo de cómo una oportunidad puede cambiar una vida”, relata emocionada.
Para Samyn, esa historia resume el espíritu de Las Chicas del Agro: empoderar desde lo posible, acompañar los procesos y romper los límites internos y externos que muchas veces frenan el crecimiento. “Las mujeres tendemos a buscar la perfección en todo, incluso a la hora de postularnos a un trabajo. Si no cumplimos con el 100% de los requisitos, no lo hacemos. Tenemos que animarnos más, confiar más. Las oportunidades están, pero hay que saber tomarlas”, sostiene.
Desde Suena a Campo, espacio con el que Nicolle dialogó en profundidad, la conexión fue inmediata. Ambas iniciativas comparten la pasión por comunicar el agro desde una perspectiva inclusiva, moderna y humana. “La comunicación tiene un poder enorme para transformar la cultura. Si logramos que más mujeres se vean reflejadas en las historias del agro, habremos dado un gran paso hacia un sector más justo y equilibrado”, concluye Samyn.
En un mundo donde la innovación, la tecnología y la sostenibilidad marcan el rumbo, Las Chicas del Agro demuestra que la verdadera transformación comienza con algo tan simple como tender una mano, compartir una historia y abrir un espacio. Porque cuando las mujeres del campo se conectan, se forman y se visibilizan, el futuro del agro argentino se vuelve más diverso, más equitativo y, sobre todo, más humano.













