La acuicultura se abre paso lentamente en Tucumán como una opción productiva capaz de diversificar la matriz agropecuaria provincial. Aunque todavía no posee la tradición que caracteriza a otras regiones del país, el interés crece tanto entre productores como entre instituciones públicas. En este contexto, el rol del INTA resulta clave para orientar, capacitar y acompañar a quienes deciden apostar por sistemas de cría de peces en pequeña, mediana o gran escala. Pablo Saleme, técnico del INTA Famaillá, conversó con este medio sobre los avances, desafíos y oportunidades que presenta esta actividad en expansión.
“El INTA ya hace varios años que viene trabajando en el tema”, señala Saleme al iniciar el diálogo. La institución cuenta con presencia territorial en todo el país y, en cada región, trabaja de manera específica según las características productivas de cada zona. En lugares como el Litoral, la acuicultura posee una tradición consolidada y una cultura productiva de larga data. En cambio, el sur argentino actualmente experimenta un crecimiento notable impulsado por inversiones significativas, especialmente en el cultivo de trucha. “Argentina, gracias a esas inversiones, ya se transformó en exportador de truchas”, destaca el especialista.
En el norte, y particularmente en Tucumán, el proceso es más reciente, pero avanza de la mano del INTA. “Estamos dándole todo el empuje que necesita esta actividad, por ejemplo, con capacitaciones y jornadas a campo”, explica. Una de las acciones más importantes fue el desarrollo de cursos online y el trabajo articulado con la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria. De hecho, un hito académico marcó el crecimiento institucional de la actividad: “Antes, acuicultura figuraba como un tema dentro de otra asignatura, y hoy ya es una materia dentro de la carrera de veterinaria”.
Sin embargo, el crecimiento del sector enfrenta obstáculos que condicionan la expansión productiva. El primero es la falta de personal capacitado. “En el norte estamos con un desafío grande: no hay mucha mano de obra calificada”, afirma Saleme. La ausencia de una cultura histórica en producción de pescado implica que muchos productores se inician desde cero, buscando alternativas productivas frente a otras actividades más tradicionales. “Necesitamos formar gente para que la actividad pueda desarrollarse con las condiciones apropiadas y con los conocimientos técnicos necesarios”.
A pesar de los desafíos, Tucumán cuenta con condiciones para diferentes modalidades de acuicultura. Saleme considera que “en todas ellas podemos tener éxito: desde el autoconsumo y la agricultura familiar en pequeña escala, hasta la producción comercial en mayor dimensión”. Además, se trabaja intensamente en el desarrollo de capacidades reproductivas para que la provincia no dependa de otras jurisdicciones para conseguir alevines. “Todos los alevines que uno trae vienen de otras provincias. Hemos hecho un desarrollo pensando en que todo el norte se desarrolle en función de lo que se pueda producir acá”, afirma.
El especialista aclara que existen modalidades productivas que aún están en etapa exploratoria, como la cría en grandes espejos de agua. “Tuvimos un incipiente intento, pero todavía no se ha concretado. Seguimos haciendo números y desarrollo de escritorio para ver si más adelante podemos avanzar”, comenta.
Uno de los puntos críticos para evaluar la viabilidad de cualquier proyecto acuícola es el acceso al agua. Saleme explica que siempre inicia las conversaciones con una pregunta clave: “Siempre pregunto cuánta agua tienen y qué cantidad de tierras disponen”. A modo de ejemplo, describe dos casos opuestos que suelen aparecer entre interesados: un productor con mil hectáreas pero solo una canilla de agua potable, y otro con un enorme caudal disponible pero apenas un pequeño patio. “Todo va a estar ajustado al volumen de agua que posee el productor”, enfatiza. La disponibilidad, calidad y permanencia del recurso determinan el tamaño y la estabilidad del sistema de producción. En zonas donde el agua escasea durante la estación seca, los proyectos deben dimensionarse para evitar pérdidas por filtración o evaporación.
La acuicultura también se vincula con oportunidades concretas en el consumo local y la gastronomía. La provincia cuenta con una demanda creciente de pescado fresco, especialmente desde el sector gastronómico. “Estuve reunido con la cámara y la producción que tiene Tucumán solo abastece casi el 5% de las necesidades de los restaurantes”, señala Saleme. El desafío es enorme: aumentar la producción local para alcanzar al menos el 50% de esa demanda, generando así un mercado más equilibrado y reduciendo la dependencia de otras provincias.
La acuicultura en Tucumán se encuentra en plena fase de crecimiento, con avances institucionales, interés productivo y desafíos estructurales que requieren planificación y capacitación. El acompañamiento del INTA, la articulación con universidades y el compromiso de los productores permitirán consolidar una actividad que, según Saleme, ofrece tanto desafíos como oportunidades: “Es un gran desafío, pero también una gran posibilidad para que Tucumán aumente la producción y pueda abastecer a todos los comercios y restaurantes”.












