Tucumán comienza a perfilarse como un territorio inesperado pero prometedor para la producción de café de calidad. Lo que hasta hace algunos años parecía una rareza hoy empieza a consolidarse como una alternativa productiva concreta, impulsada por cambios globales, avances científicos y un fuerte compromiso local. Así lo explica la ingeniera agrónoma Margarita Jaramillo, asesora en fitopatología, quien viene trabajando junto a productores, universidades y organismos públicos para sentar las bases de un café con identidad tucumana.
“No es una moda, hay una historia detrás”, afirmó Jaramillo al referirse al interés creciente por el café en la provincia. Según explicó, a nivel mundial se está produciendo una ampliación del cinturón cafetero, con desplazamientos hacia nuevas latitudes como consecuencia del cambio climático. “La producción de café se está expandiendo hacia zonas que antes no eran consideradas aptas, y Tucumán entra dentro de ese nuevo escenario”, señaló. En ese contexto, la provincia reúne condiciones agroecológicas que resultan especialmente favorables: suelos de yungas, regímenes hídricos adecuados y una amplitud térmica que aporta atributos diferenciales a la calidad del grano.
El antecedente histórico existe. En los años 80 hubo experiencias de producción de café tanto en Tucumán como en otras zonas del NOA, aunque muchas fueron abandonadas. “En ese momento influyeron dos factores clave: eventos climáticos extremos, como heladas muy fuertes, y la falta de conocimiento técnico específico sobre el cultivo”, recordó la especialista. Hoy el escenario es distinto. “Ahora tenemos acceso a información, a tecnologías y a experiencias de otros países, como Colombia, que nos permiten encarar el cultivo con otra perspectiva”, sostuvo.
Las recientes jornadas técnicas con expertos colombianos reforzaron esa mirada. Si bien los visitantes encontraron una primavera tucumana ideal, Jaramillo remarcó la importancia del conocimiento local. “Nosotros sabemos qué pasa en invierno, conocemos nuestras limitantes climáticas y eso es clave para evaluar el verdadero potencial del café”, explicó. Aun así, fue contundente al destacar un punto central: “Las condiciones de suelo de Tucumán son absolutamente favorables y garantizan una calidad de taza excepcional. No hablamos solo de cafés especiales, sino de un café exótico, muy valorado afuera”.
Sin embargo, la agrónoma advirtió que el éxito del cultivo no depende únicamente del clima o del suelo. “No es solo la inclemencia climática, también hay que considerar la gestión administrativa de la finca cafetera”, afirmó. Costos de producción, escala, mano de obra y planificación a largo plazo son variables que cada productor debe analizar cuidadosamente antes de avanzar. “Cada perfil de productor, ya sea pequeño, mediano o grande, tiene que evaluar si el sistema es viable para su realidad”, agregó.
En ese camino, la investigación científica cumple un rol central. Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Tucumán ya se están dando pasos concretos. “Empezamos a trabajar en la recolección y evaluación de variedades de café que están trayendo los productores, para analizar su comportamiento agronómico en nuestra región”, explicó Jaramillo. La idea es generar información propia, adaptada a las condiciones locales. “No alcanza con lo que se sabe en otros países; necesitamos conocer cómo se comporta el café en Tucumán”, remarcó.
La fitopatología es otro eje clave. “Mi preocupación es identificar cuáles pueden ser las enfermedades que limiten la producción de café en la provincia”, señaló. Anticiparse a esos problemas permitirá evitar errores que, en otros cultivos, ya demostraron ser costosos. En ese sentido, Jaramillo expresó una de sus mayores alertas: “Hay un desconocimiento importante en la elección de variedades. Se están trayendo materiales sin el asesoramiento técnico adecuado, y eso puede traer problemas serios en sanidad, rendimiento y calidad de taza”.
El sistema de producción también está bajo análisis. Si bien el café puede cultivarse a campo abierto en zonas con alta nubosidad, en Tucumán se evalúan esquemas bajo sombra, incluso asociados a otros cultivos como los cítricos. “El sistema de sombra puede actuar como un amortiguador frente a los extremos climáticos, regulando temperatura, radiación y humedad”, explicó. Actualmente, se están realizando investigaciones para medir con datos concretos cómo responden las plantas a distintos niveles de sombreo.
Más allá del aspecto productivo, el café aparece como una oportunidad social. “Es un cultivo que demanda mucha mano de obra y puede generar empleo genuino en las comunidades”, destacó Jaramillo. Para la especialista, el desarrollo del café en Tucumán podría seguir un camino similar al del limón o la caña de azúcar. “Ninguno de esos cultivos es originario de Tucumán, pero gracias al trabajo de productores líderes, la ciencia y el acompañamiento institucional, hoy son pilares de nuestra economía”, reflexionó.
El café todavía es una semilla en proceso de germinación, pero el potencial está latente. “Si logramos articular productores, ciencia, instituciones y políticas públicas, podemos estar a la altura de este desafío”, concluyó Jaramillo. Tucumán, con su historia agrícola y su capacidad de innovación, podría sumar así un nuevo cultivo emblemático a su identidad productiva.













