Zíngaras es mucho más que una marca de snacks. Es una historia profundamente tucumana, atravesada por el trabajo familiar, el esfuerzo cotidiano y una relación directa con el campo que provee las materias primas que dan identidad a sus productos. Con más de 46 años de trayectoria, la empresa se consolidó como un clásico en mesas, reuniones y encuentros sociales del norte argentino, sin resignar el origen ni los valores que la vieron nacer.
La historia comenzó de manera casi artesanal, impulsada por el espíritu emprendedor del padre de Sebastián Cortez, hoy parte de la segunda generación al frente de la firma. “Esto surgió hace más de 40 años con la historia de un loco que hoy le llamaríamos emprendedor, que fue mi papá”, recuerda. En aquel entonces, la base era una proveeduría familiar en el corazón de Ciudadela, heredada de su abuelo, inmigrante español. Fue allí donde surgió la idea de sumar un producto nuevo: papas fritas hechas a mano, peladas y cortadas en la cocina de la casa de la abuela, fritadas de manera casera y repartidas en bicicleta por bares de la zona.
El maní ya formaba parte del ADN familiar. El tostadero llevaba el apellido Cortés y abastecía a los maniseros de barrio, una postal típica de otras épocas. “Mi abuelo tostaba maní, café, lo que había. En España tostaban castañas y acá, como no había, se tostaba maní”, explica Sebastián. A ese saber se le sumaron con el tiempo otros productos: palitos fritos, chisitos y, finalmente, una gama que hoy supera las 45 presentaciones distintas.
Aunque Zíngaras creció en escala y alcance, hay una decisión que se mantuvo firme: no producir la materia prima. “Nosotros somos industriales. Siempre decimos zapatero a sus zapatos. No queremos meternos en un negocio que no conocemos”, afirma Cortez. En lugar de producir papa, la empresa apostó a construir vínculos sólidos con productores agropecuarios. Hoy, el 90% de la papa que utilizan proviene de productores tucumanos y de la región, una decisión estratégica y también identitaria.
La papa industria llega desde distintas zonas: el sur de Tucumán, Catamarca, Concepción, Córdoba, Santiago del Estero, Salta y, en determinados momentos del año, desde el sudeste bonaerense. “La producción de papa se fue extendiendo y eso nos permite trabajar con distintos orígenes, pero siempre priorizando lo local”, señala. Esa relación directa con el campo convierte a Zíngaras en un engranaje clave dentro de una cadena que involucra productores, transportistas, proveedores de envases y logística regional.
La empresa está hoy en manos de cuatro hermanos, todos socios y con funciones definidas. “Somos una mezcla entre segunda y tercera generación”, explica Sebastián. La profesionalización llegó de la mano de la distribución de tareas, pero sin perder el espíritu familiar. “Uno no puede tener una mala relación familiar y una buena relación empresaria. Nosotros trabajamos primero el vínculo familiar, y eso nos permite llevar adelante la empresa”.
Ese concepto se extiende a los trabajadores. Zíngaras emplea a unas 60 personas y el trato cotidiano es cercano. “Yo los conozco a todos, compartimos cumpleaños, fechas importantes. Siempre nos dijeron que detrás de cada trabajador hay una familia. Acá decimos que esto es una gran familia”, remarca. 
En los últimos años, la marca atravesó un proceso de renovación de imagen, el tercero en su historia. El cambio respondió tanto a la demanda del mercado como a la necesidad de innovar sin perder identidad. “Queremos una imagen fresca, actual, pero manteniendo la esencia. No hacemos papas saborizadas porque nuestra identidad es hacer snack clásicos. Papa con sabor a papa”, sostiene.
Hoy, Zíngaras opera con una capacidad productiva cercana al límite, abasteciendo Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y parte de Jujuy. La demanda creciente obligó a pensar en el futuro. “La gente nos pide más producto y no podemos ofertar más. Eso nos llevó a decidir una inversión fuerte en capacidad productiva pensando en 2026”, anticipa Cortez.
Esa expansión no solo impactará en la industria, sino también en el agro. Más producción implica mayor demanda de papa, maní y maíz, fortaleciendo a los productores regionales. La apuesta es clara: crecer sin desarraigarse. “Todos los recursos que usamos son locales o regionales. Apostamos a proveedores del interior porque creemos que hay un mundo más allá de Buenos Aires”, afirma.
Incluso la tecnología que buscan incorporar mantiene ese objetivo. Recientemente, integrantes de la empresa viajaron a Asia para evaluar maquinaria de última generación. “Si no te aggiornás, no crecés. Volvimos con una innovación tecnológica tremenda que nos va a permitir mejorar la calidad y aumentar la producción”, explica.
Zíngaras es, en definitiva, una empresa que refleja cómo el valor agregado agroindustrial, la identidad regional y el trabajo familiar pueden convivir y potenciarse. “Singara está en los buenos momentos, cuando compartís con familia o amigos. Yo me crié comiendo nuestros productos y la tranquilidad es saber que llevamos a la mesa algo hecho con los mayores estándares de calidad”, concluye Sebastián Cortez. Una historia que nace en el campo, se transforma en industria y sigue creciendo con raíces bien firmes en Tucumán.













