La citricultura es una de las actividades agroindustriales más relevantes del Noroeste Argentino, no solo por su peso económico sino también por su impacto social y territorial. En ese contexto, el Informe Técnico de la Campaña 2025 sobre superficie citrícola en el NOA, elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), aporta una radiografía actualizada de la situación del sector y enciende algunas señales de alerta. Según los datos presentados, la región concentra 58.148 hectáreas implantadas con cítricos, pero registra una caída del 7,7% respecto de la campaña anterior.
El trabajo se enmarca en un proyecto nacional orientado al fortalecimiento y modernización de la cadena citrícola, con foco en la sustentabilidad, la competitividad y el cambio climático. “El objetivo es proporcionar información actualizada y precisa sobre la dinámica productiva citrícola en el NOA”, explica Cristina Morales, investigadora del INTA Famaillá y una de las autoras del relevamiento. La especialista remarca que contar con datos confiables es una condición básica para entender qué está pasando en el territorio y hacia dónde puede evolucionar la actividad.
Si bien el informe abarca a todas las provincias citrícolas del NOA, Tucumán aparece como el actor central: concentra más del 67% de la superficie total implantada. Sin embargo, también es donde se refleja con mayor claridad la tendencia negativa. “Gracias a que desde el laboratorio realizamos estos relevamientos todos los años, logramos determinar que la reducción se da principalmente en Tucumán, y se viene observando de manera sostenida desde 2022 hasta 2025”, señala Morales.
Las causas de esta caída no responden a un único factor. Según la investigadora, se trata de un proceso que se viene consolidando en los últimos cuatro años. “No podemos decir que haya una causa específica, pero estimamos que hubo competencia con otros mercados, altos costos de producción y, en la recorrida a campo, se observaron fincas en estado de abandono”, explica. A esto se suma el cambio de uso del suelo en algunas zonas clave.
Uno de los casos más analizados fue el departamento Burruyacú, que históricamente presenta la mayor superficie citrícola de la provincia. “En el análisis que hicimos se detectó un cambio de uso del suelo hacia otros cultivos, principalmente caña de azúcar y granos. También se observaron, en menor medida, suelos desnudos y algunas reconversiones hacia otros frutales”, detalla Morales. Departamentos como Tafí Viejo y Monteros también muestran descensos, aunque vinculados a la comparación interanual de la superficie implantada.
El panorama no es homogéneo en toda la región. En Salta, por ejemplo, el informe registra un leve crecimiento de la superficie citrícola. “En esta provincia se mantiene una tendencia de crecimiento, con plantaciones destinadas principalmente a limón y una renovación de lotes de naranja, donde se reemplazaron pomelos por nuevas variedades”, indica la investigadora. Además, la orientación exportadora y el dinamismo del mercado interno aparecen como factores que explican esa diferencia respecto de Tucumán.
La importancia del informe va más allá del diagnóstico puntual. Para Morales, su principal valor radica en el uso que puede darle tanto el sector privado como el público. “Estos resultados adquieren una relevancia especial en un contexto donde la citricultura es un motor económico y social para las provincias del NOA, que concentran uno de los polos citrícolas más importantes del hemisferio sur”, afirma. En ese sentido, contar con información actualizada resulta clave para la toma de decisiones productivas, comerciales y de política pública.
Actualmente, el relevamiento se centra en la superficie implantada, pero el equipo del INTA ya proyecta ampliar el alcance del trabajo. “Aspiramos a avanzar en la caracterización de los cultivos, es decir, saber cuánta superficie hay de naranja, mandarina, limón u otras especies en todas las provincias del NOA”, adelanta Morales. Tucumán, que produce mayoritariamente limón, cuenta con esa información desde 2017, pero el desafío ahora es extender ese nivel de detalle al resto de la región.
De cara a la campaña 2026, las perspectivas están puestas en la continuidad y el perfeccionamiento del monitoreo. “Desde el INTA Famaillá mantenemos una agenda activa de investigación y vamos a seguir aplicando nuevas tecnologías desde el laboratorio de teledetección para el seguimiento de estos cultivos”, señala la investigadora. La combinación de imágenes satelitales, sistemas de información geográfica y validación a campo se consolida como una herramienta estratégica para anticipar tendencias y reducir la incertidumbre.
En un escenario de cambios productivos, costos crecientes y mercados cada vez más exigentes, la citricultura del NOA enfrenta desafíos importantes. El informe del INTA no solo pone números sobre la mesa, sino que ofrece una base sólida para pensar estrategias de adaptación y desarrollo. “La idea es poder mantener este trabajo en el tiempo y seguir actualizando la información, porque eso ayuda a la toma de decisiones tanto del sector privado como de otros actores y mercados”, concluye Morales. En definitiva, una radiografía que invita a mirar con atención el presente para planificar el futuro de una de las economías regionales más emblemáticas del país.













