La Red Nacional de trampas de monitoreo de la chicharrita del maíz dio a conocer la primera parte de su trigésimo segundo informe, un relevamiento clave para anticipar riesgos sanitarios en uno de los cultivos estratégicos de la Argentina. En total, el trabajo abarcó 350 localidades distribuidas en cinco grandes regiones productivas del país -NOA, NEA, Litoral, Centro Norte y Centro Sur- además de siete localidades en Uruguay, lo que permite contar con una radiografía amplia y actualizada de la situación del vector.
El informe se construyó a partir de dos enfoques complementarios: por un lado, un análisis general de todas las trampas instaladas y, por otro, una evaluación específica de aquellas ubicadas en lotes de maíz. Para este segundo caso, se consideraron únicamente las localidades con presencia efectiva del cultivo en los últimos tres relevamientos, lo que permitió describir con mayor precisión la evolución de las capturas de Dalbulus maidis en contextos productivos reales. A su vez, el trabajo incorpora datos sobre los porcentajes de infección de adultos del insecto por Corn Stunt Spiroplasma (CSS) en distintas zonas del NOA y del NEA.
En el Noroeste Argentino, los resultados reflejan un escenario de estabilidad poblacional. Según el informe, en el 48 % de las localidades monitoreadas no se registraron capturas de adultos, mientras que en el 36 % restante las detecciones correspondieron a niveles muy bajos, de apenas 1 a 4 individuos por trampa. Este comportamiento está estrechamente vinculado a la dinámica productiva de la región: solo el 9 % de las trampas del NOA se encuentran instaladas sobre cultivo de maíz, ya que se trata mayormente de zonas con siembras estivales tardías, una condición que influye directamente en el desarrollo y la dispersión de la plaga.
La situación en el Nordeste Argentino muestra matices diferentes. Si bien en el 55 % de las localidades no se registraron detecciones y un 13 % presentó capturas bajas, el informe advierte variaciones incipientes en categorías intermedias y altas en puntos específicos del territorio. Estos cambios, aún localizados, sugieren el inicio de una fase de incremento poblacional. En este caso, el dato no es menor: el 40 % de las trampas de la región están instaladas sobre cultivo de maíz, lo que favorece una detección más temprana de estos movimientos poblacionales.
En este contexto, el ingeniero agrónomo Lucas Cazado aportó una mirada técnica y territorial sobre lo que está ocurriendo en el NOA, particularmente en Tucumán y zonas de influencia. “Recientemente se comenzaron a reportar en distintas áreas del sur de Tucumán y del este de Catamarca incrementos en las poblaciones de Dalbulus maidis”, señaló, aunque aclaró que el escenario no debe leerse en clave de alarma. “Sin ningún ánimo de alarmar a los productores, tenemos que estar preparados para tomar buenas decisiones para el manejo del cultivo”, afirmó.
Cazado destacó que la región ya cuenta con una valiosa curva de aprendizaje. “En el NOA venimos atravesando un tercer año de experiencia, estudiando la dinámica poblacional y la biología de este insecto”, explicó. A partir de ese recorrido, remarcó que la elección de híbridos tolerantes se consolidó como una herramienta central dentro del paquete de manejo. “La elección de un híbrido tolerante es una herramienta muy apropiada”, sostuvo.
Otro punto clave es la protección del cultivo en las etapas más sensibles. Según detalló el especialista, los estudios realizados por investigadores de la Estación Experimental indican que los estadios entre V8 y V10 son críticos, aunque el momento exacto depende de la presión del insecto. “Son los momentos más sensibles y donde habría que realizar una protección del cultivo”, remarcó.
El monitoreo frecuente aparece como otro pilar fundamental. “Es una plaga que es muy seria y conviene revisarla cada tres o cuatro días. Eso ayuda a tomar mejores estrategias de control”, explicó Cazado. En la misma línea, subrayó un aprendizaje clave de los últimos años: manejar poblaciones bajas mejora la eficacia de las herramientas químicas. “Trabajar con niveles de 0,3 a 0,5 individuos por planta muestra que la eficiencia de los insecticidas es mejor a la hora de decidir una estrategia química”, concluyó.
Así, el informe y la voz de los especialistas coinciden en un mensaje claro: el escenario actual exige atención y planificación. Sin señales de alarma generalizadas, pero con indicios que invitan a reforzar el monitoreo y el manejo integrado, la información se vuelve una aliada estratégica para anticiparse y proteger el potencial productivo del maíz.













