Desde el 1° de enero de 2026, la ganadería argentina ingresó formalmente en una nueva etapa con la obligatoriedad de la identificación electrónica individual de bovinos, bubalinos y cérvidos. La medida implica el reemplazo definitivo de las tradicionales caravanas visuales por dispositivos electrónicos como RFID, con el objetivo de fortalecer el control sanitario, mejorar la gestión del rodeo y responder a las crecientes exigencias de los mercados internacionales. Más allá del cambio tecnológico, el desafío central pasa por comprender que la trazabilidad no es solo un trámite, sino una herramienta clave para profesionalizar la actividad.
Para Rafael Mortarotti, ingeniero zootecnista y conocedor del sistema ganadero, el cambio era inevitable. “Es un cambio muy importante para la ganadería, algo que se tendría que haber hecho hace un montón de tiempo. Son un par de escalones que va a subir la ganadería en tener calidad y control local, permitiendo trascender más internacionalmente con nuestras mercaderías”, afirmó. En su mirada, la trazabilidad electrónica coloca a la producción nacional en un estándar acorde a lo que hoy demanda el comercio global de carnes.
La implementación de este sistema no es nueva en el mundo, pero en Argentina su adopción se fue postergando durante años. Mortarotti es claro al explicar los motivos: “El porqué tardó siempre se debe a situaciones políticas. Es muy necesario para que Argentina crezca en la exportación; los mercados más valiosos exigen trazabilidad y la de Argentina era muy endeble o floja, lo que nos cerraba negocios a nivel mundial con países que pagan mucho valor por nuestra carne”. La falta de un sistema robusto limitó durante décadas el acceso a destinos premium que hoy vuelven a aparecer en el horizonte.
Uno de los temores recurrentes entre los productores es la supuesta complejidad que implica manejar grandes volúmenes de información. Sin embargo, Mortarotti relativiza esa preocupación. “Aquí no hay un desafío de gran cantidad de datos. La trazabilidad electrónica es como darle un DNI a cada uno de los animales de la República Argentina”, explicó. Ese número identifica origen, establecimiento y movimientos del animal a lo largo de su vida productiva, de manera similar a cómo funciona una tarjeta SIM en un teléfono celular.
En la práctica, el sistema se apoya en el registro de datos ante el SENASA. “Cuando uno carga esa información en el sistema, se tiene el registro de por dónde se ha movido el animal. Si nació en Santiago del Estero y se vendió para engorde en Salta, al cargar la información se obtiene la trazabilidad”, detalló Mortarotti. Esa información básica es obligatoria, mientras que otros datos productivos, como fecha de nacimiento o genealogía, quedan a criterio del productor y abren la puerta a un manejo más eficiente del rodeo.
El cambio también resuelve una de las principales falencias del sistema anterior: el error humano. “Antes, la trazabilidad requería transcribir manualmente 12 o 14 números a una planilla; si uno se equivocaba en un solo número, se perdía el seguimiento. Por eso el sistema antiguo era inviable”, recordó. Con los dispositivos electrónicos, la lectura es automática y precisa, eliminando errores y ahorrando tiempo operativo. “Hoy, con un dispositivo electrónico o código de barras, cualquier aparato lo lee y lo transfiere al teléfono o computadora sin posibilidad de error”, agregó.
Al tratarse de una obligación legal, las consecuencias de no cumplir con la normativa son claras. “Esto es ley y es obligación, como vacunar contra la aftosa o la brucelosis”, remarcó Mortarotti. Quienes no identifiquen electrónicamente su hacienda quedarán fuera del sistema formal: no podrán mover animales, venderlos legalmente ni acceder a mercados. Además, el argumento del costo pierde fuerza frente a los beneficios. “El chip electrónico cuesta entre 0,20 y 0,50 dólares, lo que equivale a unos 500 gramos de un ternero. No tiene sentido no hacerlo por una cuestión de costo-beneficio”, señaló.
Más allá del cumplimiento normativo, la trazabilidad electrónica abre un abanico de oportunidades en materia de gestión. “Muchas empresas ya lo usan para cargar datos de evolución de peso, planes sanitarios y manejo de información del rodeo”, explicó Mortarotti. Aunque hoy no sea obligatorio, el uso inteligente de estos datos permite mejorar la toma de decisiones y optimizar la rentabilidad del sistema productivo.
De cara a la implementación plena, el especialista recomienda anticiparse. “Que empiecen cuanto antes para probar cómo es el sistema ahora que hay poco movimiento de hacienda. Si esperan a que se generalicen los movimientos, pueden producirse cuellos de botella”, advirtió. Según su experiencia, la adaptación es sencilla y comparable al uso cotidiano de una computadora o un teléfono móvil.
En cuanto al contexto general del sector, Mortarotti se mostró optimista. “Los ganaderos estamos en un excelente momento. Aunque el costo de reposición es alto, el negocio está estabilizado y hay un futuro grande tanto para el mercado interno como para la exportación”, sostuvo. La apertura de nuevos mercados, como Estados Unidos, refuerza esa expectativa. “Estamos quintuplicando las toneladas enviadas. Si las lluvias acompañan, creo que va a ser un muy buen año”, concluyó.
La trazabilidad electrónica ya no es una promesa ni una discusión a futuro: es una realidad que redefine la ganadería argentina y la posiciona frente a un escenario de mayor competitividad, transparencia y profesionalización.













