El comercio exterior volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina y, con él, reaparecen tanto las oportunidades como los desafíos para las empresas del agro. Exportar ya no es un terreno exclusivo de grandes compañías: hoy pueden hacerlo pymes, cooperativas e incluso monotributistas. Sin embargo, el contexto actual exige algo más que entusiasmo. Reglas claras, costos bien armados y un correcto encuadre legal se vuelven factores determinantes para evitar errores que pueden resultar muy costosos.
Para entender este nuevo escenario, Silvia Notte, directora del Estudio Jurídico Aduanero SN, aporta una mirada técnica y concreta desde su experiencia de más de 25 años en el sector. Su estudio está integrado por despachantes de aduana y abogados, una combinación que, según explica, resulta indispensable en el comercio exterior moderno. “Hoy necesitás las dos patas de la mesa: el conocimiento operativo del despacho y el respaldo jurídico. La normativa cambia todo el tiempo y hay que interpretarla correctamente”, señala.
En cuanto al contexto general, Notte explica que Argentina atraviesa una etapa distinta a la de años anteriores. “Venimos de un comercio exterior muy cerrado. Hoy hay una apertura mayor y eso es positivo, porque ningún país puede crecer sin un comercio exterior ágil y dinámico”, afirma. En materia de importaciones, aclara que no se trata de un sistema sin reglas: “No es que cualquiera puede traer cualquier cosa. Para importar hay que cumplir parámetros, normativa, documentación y requisitos específicos”.
Uno de los cambios más valorados por el sector productivo tiene que ver con la simplificación burocrática. Notte destaca, por ejemplo, la aceptación de certificados internacionales para la importación de alimentos. “Antes una empresa podía tardar entre uno y tres años y gastar fortunas para poder importar un alimento. Hoy se aceptan certificados habilitados por organismos internacionales, y eso cambia completamente el panorama”, explica. Algo similar ocurre con la importación de maquinaria agrícola usada, una herramienta clave para muchas economías regionales. “Cumpliendo ciertos requisitos, hoy se puede importar una máquina usada y eso permite ampliar la capacidad productiva”, agrega.
Del lado de las exportaciones, la normalización del sistema cambiario y la reducción de trámites también alentaron a muchas empresas a dar el paso. “Eso hizo que muchas firmas se animaran a sumergirse en el mundo del comercio exterior y lograr exportar”, sostiene. Sin embargo, advierte que uno de los principales obstáculos sigue siendo la competitividad de precios. “Muchas veces les dicen que están caros, y ahí aparece un problema típico: el mal armado del costo de exportación”.
Según Notte, uno de los errores más frecuentes es trasladar la lógica del mercado interno al comercio exterior. “En Argentina se usa mucho el ‘por las dudas’ y se le suma un porcentaje. En comercio exterior eso no funciona. El precio se arma con casilleros muy claros, de manera cronológica y exacta”, explica. Incluso menciona errores básicos pero habituales: “Hay empresas que le suman el IVA a una exportación, cuando el IVA no corresponde. Son detalles que te dejan fuera de competencia”.
Frente a la consulta sobre qué se necesita para empezar a operar en el exterior, la especialista es clara: “Fundamentalmente, prolijidad. Después, un costo bien preciso y tener claro qué producto querés exportar y cuáles son tus fortalezas”. Y agrega una definición que busca derribar mitos: “Exportar no es una ciencia sobrenatural. Se necesita información, parámetros definidos y un equipo que acompañe”.
En ese punto, el rol del asesoramiento legal aparece como un eje central. Notte advierte que muchos errores podrían evitarse con una consulta previa. “Siempre decimos: antes de hacer esto, preguntanos. Los errores aduaneros se pagan y muy caros, con multas que pueden escalar de una instancia administrativa a un penal económico”, subraya. Según explica, un control a tiempo puede evitar problemas mayores, como diferencias entre la documentación y la mercadería o errores en la declaración.
Lejos de desalentar, su mensaje final apunta a la planificación y al orden. “Cuando entrás al mundo del comercio exterior, te das cuenta de lo organizado que es. Trabajás con proyección, con entregas programadas y previsibilidad de ingresos”, señala. Y concluye con una idea que resume su enfoque: “La prolijidad es el eje central y eso le da tranquilidad a la empresa”.
En un contexto donde el agro argentino busca diversificar mercados, agregar valor y sostener su competitividad, el comercio exterior vuelve a presentarse como una herramienta estratégica. Pero, como queda claro en la mirada de Silvia Notte, exportar sin errores no depende solo del producto, sino de cómo se gestiona todo lo que lo rodea: costos, normas, documentación y decisiones bien asesoradas.













