Por tercer año consecutivo, la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) abre la inscripción a la Diplomatura en Equinoterapia, una propuesta académica inédita en el norte argentino que articula formación universitaria, práctica territorial y trabajo interdisciplinario. En alianza con la Fundación La Vidalita, el trayecto busca profesionalizar una actividad terapéutica en pleno crecimiento, con un enfoque integral que abarca desde la salud humana hasta el bienestar animal y la gestión de centros especializados.
“Este es un sueño que teníamos hace bastante tiempo y que se pudo concretar de la mano de la Facultad. Ya hace tres años que la facultad tomó la iniciativa, siendo la primera en el NOA en dictar una diplomatura en equinoterapia”, destacó el profesor Alejandro López Campo, impulsor y director de la propuesta. Para el docente, se trataba de una deuda pendiente: “Es una actividad que está tomando mucho auge últimamente y se le está dando la importancia que realmente tiene como terapia complementaria para determinadas patologías”.
La equinoterapia utiliza al caballo como herramienta terapéutica para alcanzar objetivos físicos, cognitivos, emocionales y sociales en pacientes que atraviesan distintas problemáticas de salud. Lejos de plantearse como un reemplazo de tratamientos médicos o psicológicos, López Campo subraya que se trata de una práctica complementaria. “No reemplaza ninguna terapia médica ni psicológica, sino que complementa la terapia que pueda tener cualquier paciente”, explicó.
La diplomatura tiene una duración de cuatro meses y se dicta los sábados por la mañana, con el objetivo de facilitar la participación de profesionales y estudiantes que ya se encuentran trabajando. Está orientada principalmente a quienes se desempeñan en el campo de las ciencias de la salud: médicos, psicólogos, psicoterapeutas, profesores de educación especial, fonoaudiólogos, kinesiólogos, entre otros. “La idea es crear conciencia para conformar una actividad transdisciplinaria, es decir, formar un equipo donde cada profesión aporte lo suyo en pos de un objetivo común”, señaló el director.
Ese enfoque transdisciplinario es uno de los pilares centrales de la formación. Según detalló López Campo, la estructura académica contempla distintos módulos que abordan todas las dimensiones necesarias para el funcionamiento de un centro de equinoterapia. Por un lado, se desarrolla el aspecto específico del equino, a cargo de especialistas en la materia. “Tenemos una parte dedicada al caballo que la da el doctor Ibarreche, y después cada profesión que integra el equipo aporta su experiencia personal en relación a la equinoterapia”, indicó.
Pero la propuesta va más allá del abordaje clínico y técnico. También incorpora contenidos vinculados a la infraestructura y a la gestión económica. “Hay un módulo importante sobre la parte edilicia, sobre cómo debe ser un centro de equinoterapia, y otro sobre análisis de costos, para dar una visión integral a quien quiera trabajar en un centro o abrir el suyo propio”, precisó.
La modalidad combina clases teóricas en la Quinta Agronómica, sede de la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria, con prácticas en la Fundación La Vidalita, ubicada en el ingreso al hipódromo del parque 9 de Julio. Esta articulación institucional fortalece el anclaje territorial de la diplomatura. “En la Fundación se realizan todas las actividades prácticas. Complementamos la parte teórica que se dicta en la facultad con la aplicación concreta de lo que se enseña”, explicó López Campo.
La Fundación La Vidalita es una de las pioneras en Tucumán en el trabajo con equinoterapia y su experiencia resulta clave en la formación de nuevos profesionales. “Gracias a Dios se pudo sumar a esta idea de llevar la equinoterapia al claustro universitario para poder formar profesionales con el respaldo de la UNT”, valoró el docente. En las dos primeras cohortes ya se capacitaron 60 personas, con un cupo limitado de 30 por edición debido a la dinámica de los trabajos prácticos.
Consultado sobre los alcances de la equinoterapia, López Campo remarcó que sus beneficios se organizan en tres grandes dimensiones: cognitiva-comportamental, motriz y emocional-relacional. “Mejora la atención, la concentración, fomenta la comunicación gestual y oral, fortalece la autoestima y la confianza, reduce la agresividad y ayuda en cuadros de depresión y ansiedad, entre otros beneficios”, enumeró.
Al mismo tiempo, puso el acento en un aspecto fundamental: el bienestar animal. “En la equinoterapia el caballo es la herramienta terapéutica. Si tenemos un animal enfermo o estresado, no va a poder servir para lograr el objetivo terapéutico. Es fundamental pensar también en el bienestar animal, eso es clave”, enfatizó.
Veterinario formado en la UBA y psicólogo egresado de la UNT, López Campo encarna en su propia trayectoria la síntesis entre salud humana y cuidado animal que promueve la diplomatura. “Esta iniciativa surge justamente por mis dos actividades, la de veterinario y la de psicólogo”, comentó.
La inscripción permanece abierta hasta fin de mes y el inicio de clases está previsto para el 7 de marzo. Los interesados pueden solicitar información vía WhatsApp al 3817 90 89 o consultar el flyer disponible en las redes y en la página oficial de la facultad, donde también se encuentra el código QR de inscripción.
En un contexto donde las terapias complementarias ganan reconocimiento y demanda social, la diplomatura en equinoterapia de la UNT se consolida como una propuesta académica pionera que articula universidad, territorio y comunidad, formando profesionales capaces de integrar saberes en beneficio de la salud y el desarrollo integral de las personas.













