En cada edición de Expoagro la innovación tecnológica marca el pulso del sector. Pero si hay una herramienta que en los últimos años cambió de estatus dentro del campo argentino, esa es el dron. Lo que hace un lustro era apenas una curiosidad técnica hoy forma parte de la estructura productiva de establecimientos de distinta escala. Y ya no sorprende verlos sobrevolando lotes en plena ruta, incluso en provincias del norte argentino.
“Totalmente. La verdad que muy rápido ha sido la adopción y se han convertido quizá en una generalidad”, explicó Eugenio Lobo, CEO de Efficatia y moderador del panel de drones en la muestra. “Hace un par de años atrás era una rareza, una novedad en las expos y en el campo. Hoy ya el productor, creo que no hay ningún productor que no lo haya probado o que no sea dueño de su propio dron dentro de su sistema productivo”.
El cambio fue vertiginoso. Según Lobo, hace cinco años la curva de adopción era baja y estaba concentrada en pocas empresas. “Hace 5 años atrás la curva de adopción era como muy baja, con algunas empresas contadas con los dedos de las manos que tenían esta tecnología. Hace 2 años se veían los primeros stands donde el productor ya podía acercarse y se la ofrecían para que la incorpore él mismo. Ya el año pasado había prácticamente 10 u 11 stands donde vendemos drones de distintas marcas; dejó de ser una rareza y pasó a ser una pieza clave de los sistemas productivos”, detalló.

El interrogante inevitable es qué detonó ese “click” definitivo en el productor. Para Lobo, la respuesta está en la evolución tecnológica y en la simplificación del uso. “Hubo un salto tecnológico interesante tanto en hardware como en software. Los equipos se hicieron más grandes, tienen una mayor utilidad, mayor rendimiento y se hicieron más accesibles desde los costos. Se generalizó su uso y se perdió un poco ese temor”, señaló. Y agregó: “Hoy son muy sencillos de volar, muy asistidos, con muchos sistemas anticolisión y de evaluación de la calidad del trabajo. Eso permite que el mismo productor se anime mucho más”.
El desarrollo no fue uniforme, sino complementario. Existen drones destinados al monitoreo y otros específicamente diseñados para la aplicación de insumos. “Sí, mayormente el tamaño marca la diferencia”, explicó. “Para monitorear usamos drones más chicos dotados de distintos sensores y cámaras que nos ayudan a ver temperatura, interpretar cómo se comporta el cultivo mediante índices, contar plantas y ponerle un valor a nuestro cultivo. Los drones de aplicación de insumos son equipos más grandes que hoy están pulverizando, sembrando, fertilizando y también transportando cosas dentro del campo”.
Lejos de competir entre sí, ambas herramientas conforman un ecosistema tecnológico integrado. “Trabajan en conjunto y se genera un ecosistema: los drones producen un diagnóstico y el software genera una prescripción que luego realiza el dron que aplica los insumos”, explicó Lobo. Esa integración entre captura de datos, procesamiento y ejecución es la que consolida al dron como parte de un sistema de agricultura de precisión cada vez más sofisticado.
En términos de uso, no existe una única lógica. “Hay que encontrar el equilibrio de para qué lo quiere utilizar cada productor”, planteó. “Hay sistemas que pueden necesitar equipos más grandes para sembrar o fertilizar tasas más altas, como en frutales, y hay productores más chicos donde les convienen equipos más pequeños. Todos generan su información y nos permiten volver sobre lo que hicimos. Es cuestión de encontrar la combinación de tecnologías que se adecúe al sistema productivo o al tamaño del emprendimiento”.
Uno de los puntos más valorados por quienes ya incorporaron esta tecnología es la precisión. “Hoy son equipos muy precisos. La mayoría trabajan con sistemas de RTK donde la precisión es centimétrica”, remarcó. Esa exactitud permite delimitar con claridad áreas tratadas y optimizar recursos. “El dron es muy preciso en hasta dónde llega su trabajo, qué área deja cubierta y dónde empieza o termina en cada cambio de batería”.
Además, la aplicación selectiva abre un nuevo paradigma en el uso de fitosanitarios. “Hoy nos permiten hacer la aplicación solamente donde está la maleza y no en todo el campo. Previamente se hace un vuelo de diagnóstico, se procesa por un software y luego el dron pulverizador lo aplica con precisión centimétrica”, explicó. Si bien reconoció que los equipos de mayor ancho de labor pueden perder eficiencia cuando la infestación es puntual, subrayó que se trata de tecnologías complementarias a la maquinaria tradicional autopropulsada.
En el noroeste argentino, la adopción fue incluso temprana. “El noroeste ha sido una de las regiones donde primero se empezó a incorporar la tecnología. Hablando del 2018, las primeras aplicaciones comienzan en nuestro norte”, recordó. Tabaco, caña de azúcar y citrus fueron los cultivos pioneros. “Hemos pasado por banana, palta, mango, cosas que quizás en otra parte del país no hay, y el norte ha permitido utilizar el dron en todos estos sistemas. Tiene muchos nichos y sistemas productivos desarrollados que no se han dado en otras partes del país”.
Comparado con otros países de la región, Argentina logró posicionarse rápidamente. “Hoy estamos bien, quizás al mismo nivel”, afirmó Lobo al contrastar con Brasil. Si bien reconoció que hubo un momento de retraso por dificultades en la importación de equipos, destacó que esa situación se revirtió. “Hoy hay una red de distribuidores, repuestos y locales que capacitan, por lo que Argentina tiene una curva de crecimiento exponencial”. Brasil, aclaró, posee mayor cantidad de equipos por su superficie y por contar con industria nacional, pero en desarrollo de nichos y diversidad de cultivos, Argentina es referente en Latinoamérica.
De cara a la próxima edición de Expoagro, el panel de drones promete mostrar no solo el presente sino también el futuro inmediato de la tecnología. “Los drones van a ser un pilar importante. Vamos a entrar en el potencial que tiene esto. Vamos a ver drones que nos van a abrir la posibilidad de mover cosas adentro del campo en línea recta. Veremos drones que pulverizan, fertilizan, siembran y hasta drones con ruedas que pueden trabajar adentro de un invernadero”, anticipó.
El mensaje final es claro: el dron dejó de ser una postal futurista para convertirse en una herramienta cotidiana. Ya no es solo la imagen llamativa que atrae miradas en una exposición, sino un engranaje más dentro del sistema productivo. Como sintetizó Lobo, “va a ser normal verlo prácticamente en todos los campos”. Y ese cambio cultural, más que la tecnología en sí misma, es quizás el verdadero hito de esta nueva etapa del agro argentino.













