La historia de muchos jóvenes profesionales del agro no empieza en una oficina ni en una empresa multinacional, sino en el mismo lugar donde dieron sus primeros pasos: el campo familiar. Pero volver no significa repetir. En la mayoría de los casos implica revisar, profesionalizar, incorporar tecnología y asumir responsabilidades que transforman estructuras productivas consolidadas durante décadas. Ese es el camino que hoy transita Franco Ortega Oleszuk.
Ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Agronomía, Zootecnia y Veterinaria, Franco decidió priorizar su formación antes de sumarse de lleno a la empresa familiar. “Obviamente era una prioridad recibirme. Ya había tenido oportunidades de venir a la finca, pero fue una decisión personal enfocarme primero en la carrera. Sabía que estando acá iba a ser más difícil volver a agarrar el lápiz”, cuenta.
Desde hace ocho meses trabaja en Montebello, en la finca de su familia, donde producen limón en 100 hectáreas y también desarrollan papa y zapallo. Aunque el esquema es diversificado, hoy su responsabilidad principal está en la citricultura. “Actualmente estoy en la empresa de mi familia. Tenemos una finca de 100 hectáreas de limón. También hacemos papa y algo de zapallo, pero yo principalmente estoy a cargo ahora de la zona de limón”, explica.
La empresa tiene más de 20 años de trayectoria, pero el desembarco de Franco marcó un punto de inflexión. El objetivo que le planteó su familia fue claro desde el inicio: lograr que la finca exporte. “Yo entré en julio-agosto con el objetivo claro de mi familia: ‘fijate cómo hacés para que la finca exporte’”, recuerda. No era un contexto sencillo. El limón atravesó campañas complejas y la finca necesitaba ajustes técnicos. “Fue un desafío porque el limón viene de varios años que no tiene años buenos y por lo tanto la finca estaba un poco, por así decirlo, mal cuidada”.
La formación académica fue una base clave para empezar a ordenar el sistema productivo. Franco rescata especialmente la mirada integral que le dio la facultad. “Hay que tener una mirada holística. La facultad te da muchas bases en materias como edafología, climatología, fitopatología, que hacen que cuando ingreses a una finca puedas ver un todo y no solo algo puntual”, sostiene.
Esa mirada le permitió detectar oportunidades de mejora sin desconocer la experiencia de los encargados. “Ellos tenían mucha más experiencia que yo en lo productivo. Pero yo podía ver qué no se estaba haciendo: análisis de suelo, análisis de agua, calibración de equipos. Ahí es donde empecé a trabajar”, detalla.
Sin embargo, no todo se aprende en las aulas. El manejo de equipos de trabajo, la logística y la coordinación de tareas en momentos críticos fueron desafíos inesperados. “La parte académica me dio mucho para lo técnico, pero el trato con la gente fue más complejo. Que se junte la cosecha de la papa con las aplicaciones de limón, quedarme sin un tractor, que se enferme alguien el día clave… esas cosas no te las da la facultad, eso es pura experiencia”, reconoce.
Con 27 años y prácticamente solo al frente del campo -su abuelo gestiona la parte económica y administrativa-, Franco asumió decisiones de manera directa desde el primer día. “Yo esperaba algo gradual, algo de horario fijo, controlar stock. Y de golpe fue como: ‘a partir de hoy vos tomás todas las decisiones, fijate cómo lo manejás’”, relata.
El salto a la exportación implica un cambio de escala y de mentalidad. Ya no se trata solo de producir, sino de cumplir protocolos, normativas y estándares internacionales. “Entran otros parámetros. Yo no estaba tan al tanto de la normativa, los anexos, los monitoreos, toda la parte burocrática. Son cosas nuevas que uno tiene que empezar a estudiar”, admite.
Los manejos actuales están pensados principalmente para la Unión Europea, aunque no descartan otros destinos. “Muchos de los manejos los hacemos apuntando a la Unión Europea. Pero no nos cerramos a ninguna opción. Si Rusia tiene precio, será Rusia; si Estados Unidos tiene precio, será Estados Unidos”, afirma, dejando en claro que el mercado define estrategias.
Para transitar ese camino, el acompañamiento institucional fue fundamental. Franco destaca el apoyo de Afinoa como guía en el proceso exportador y también el vínculo con colegas y docentes. “Tengo amigos que empezaron a trabajar en empresas y me dan una mano. A la Estación Experimental le llevé muestras. Quise hacer un proyecto con café y me ayudaron docentes del vivero de la facultad. Todos nos ayudamos entre todos”, señala.
El café, precisamente, es uno de los proyectos que analiza a futuro, junto con la intención de involucrarse más en la producción de papa, el cultivo histórico de la finca. “El principal cultivo de la finca es la papa. Este año me gustaría estar íntegro con eso, aprender un montón y poder llevarlo bien”, proyecta.
Convencido de que la capacitación no termina con el título, ya planifica una especialización. “Voy a estudiar un posgrado en la Universidad Nacional del Litoral, una especialización en cultivos intensivos. Me parece fundamental seguir formándose. Hay experiencias que son tiempo y plata, y tener la dicha de que alguien las comparta con uno es algo maravilloso”, reflexiona.
Aunque todavía no se anima a posicionarse como referente en redes sociales, comparte en su perfil personal algunas experiencias del campo. “Siento que todavía no tengo la autoridad como para hablar de cosas técnicas, eso me apabura un poco”, confiesa. Sin embargo, su mensaje hacia otros jóvenes es claro y contundente.
“Amo lo que hago, amo la carrera que estudié. Yo salgo de mi casa feliz. Me recargo”, dice, describiendo la sensación de caminar entre los limoneros. Y agrega: “No se rindan, no se frustren. Si de verdad amás el campo, te lo devuelve. Perseveren por lo que quieren y no se frustren con la carrera, que al final del día todos llegamos”.
Mientras concede la entrevista desde su camioneta, mate en mano y conectado gracias a Starlink, se prepara para reunirse con compradores que evaluarán la fruta. El esfuerzo de estos meses está a prueba. “Ahora me junto con unos compradores a ver qué nos dicen, a ver si salió bien el esfuerzo o no”, comenta.
El desafío es grande: profesionalizar, exportar y sostener una empresa familiar en un contexto cambiante. Pero también es una oportunidad para demostrar que la nueva generación no solo hereda la tierra, sino que la reinventa. En esa síntesis entre tradición y conocimiento técnico, Franco encarna a una camada de jóvenes que eligió volver para transformar.













