La eficiencia en la aplicación de fitosanitarios es hoy uno de los pilares sobre los que se sostiene la productividad agrícola del Norte argentino. En provincias como Tucumán, Salta y Jujuy, donde conviven cultivos extensivos con economías regionales de alto valor, la tecnología aplicada a la pulverización dejó de ser un complemento para convertirse en una herramienta central de competitividad.
En diálogo con Suena Campo, Leandro Páez, responsable comercial de Jacto para la región Norte, repasó el presente del sector y el modo en que la empresa adapta su innovación global a las condiciones específicas del NOA. “El productor necesita ser muy eficaz con la aplicación, pero no solamente eso, sino tener mucha eficiencia”, sintetizó.
Jacto fue fundada por un inmigrante japonés que se radicó en Brasil en la década del 40 y desde hace más de 70 años desarrolla tecnología vinculada a la pulverización. Con más de 35 años de presencia en Argentina, la firma construyó un portafolio. “La gama de productos va desde las mochilas aplicadoras, incluso para uso casi casero, pasando por pulverizadoras de tres puntos, de arrastre y autopropulsadas hasta las más grandes. Participamos en absolutamente todos los cultivos y somos muy importantes en las economías regionales”, explicó Páez.
En el Norte argentino, sin embargo, los desafíos adquieren características propias. Las aplicaciones se realizan mayormente en verano, bajo condiciones que rara vez son ideales. “Estamos hablando de altísimas temperaturas y baja humedad relativa. Eso hace que mucha de la gota pulverizada se evapore”, detalló. En ese contexto, las ventanas de aplicación se reducen a pocas horas del día, generalmente temprano por la mañana o durante la noche.
“Muchos aplicadores ya adoptaron aplicar de noche, con los riesgos que eso conlleva, pero están acostumbrados a este tipo de trabajo. El problema es que las ventanas son tan chicas que hay que aumentar la capacidad de trabajo para hacer la mayor cantidad de hectáreas por hora”, señaló. La ecuación es clara: menos tiempo disponible y costos crecientes obligan a maximizar cada pasada.

El peso de los fitosanitarios dentro de la estructura de costos es otro factor determinante. “La aplicación de herbicidas, fungicidas e insecticidas se lleva un alto porcentaje del costo de producción. Por eso tiene que ser muy eficiente”, subrayó. En un escenario de márgenes ajustados, cualquier desvío en volumen aplicado o calidad de gota impacta directamente en la rentabilidad.
Pero ¿qué significa concretamente “mejorar las aplicaciones”? Desde el punto de vista técnico, el proceso comienza mucho antes de que la máquina ingrese al lote. “Hay un técnico que tiene que definir bien el objetivo: si va a ser una aplicación de herbicida, fungicida o insecticida. A partir de eso se define el volumen por hectárea según el producto y también qué boquilla usar, qué pastilla, para lograr el tamaño de gota adecuado”, explicó.
La teoría, sin embargo, debe traducirse en práctica a campo. “La parte difícil es llevar todo eso a cabo y que realmente se cumpla el volumen y el tamaño de gota que uno quiere. Eso requiere verificar in situ, hacer tarjeteo”, indicó. En ese punto, la tecnología digital comienza a marcar diferencias.
“Hoy Jacto tiene herramientas como la telemetría, que permite hacerlo en tiempo real. Con sensores en la máquina se puede verificar cuántos litros se están aplicando y anticiparse a posibles desvíos”, destacó Páez. La incorporación de sensores, monitoreo remoto y sistemas de control electrónico no sólo mejora la precisión, sino que también reduce errores operativos y optimiza el uso de insumos.
Consultado sobre la adopción tecnológica en el Norte, Páez fue categórico: “El productor agrícola es muy innovador y no le tiene miedo a los desafíos de cosas nuevas”. Según explicó, la inversión en tecnología está directamente vinculada a la búsqueda de eficiencia económica. “El productor invierte cuando puede porque toda tecnología conlleva un beneficio económico. Si yo determiné un volumen por hectárea, tiene que ser ese. No puede ser otro, porque estoy haciendo una mala aplicación o tirando producto de más”.
En cuanto a los equipos más demandados en la región, el referente de Jacto señaló que en cultivos extensivos la línea Uniport ocupa un lugar central. Modelos como el 2500 Plus cuentan con años de trayectoria en la zona y han ido incorporando mejoras tecnológicas en sucesivas versiones. “Es una máquina muy usada por los productores, que fue evolucionando y hoy está rotando hacia equipos con más tecnología, mayor capacidad de trabajo y nuevas características, como tracción integral”, describió.
La diversidad productiva del NOA también exige soluciones específicas. “Acá tenemos de todo: cinturones hortícolas muy importantes, caña de azúcar, mucho cítrico en Tucumán y en el Norte de Salta y Jujuy”, enumeró. Para cada sistema productivo, la empresa ofrece alternativas diferenciadas: turbinas para cítricos, equipos más pequeños para arándanos —un cultivo en expansión en algunas zonas— y una amplia gama para granos como soja y poroto.
En ese sentido, la pulverización no sólo impacta en los cultivos extensivos, que abarcan la mayor superficie, sino también en producciones intensivas donde la calidad de aplicación es determinante para la sanidad y el rendimiento. La precisión, en estos casos, no es una variable secundaria sino un requisito indispensable.
De cara al calendario de ferias y exposiciones, Jacto anunció bonificaciones especiales en el marco de Expoagro, que se realiza en San Nicolás, y confirmó que esos mismos beneficios se mantendrán para Expo Apronor, un evento de fuerte anclaje regional. “Tenemos bonificaciones especiales y convenios con los principales bancos. Y lo más importante es que estos beneficios los vamos a mantener para Expo Pronor”, afirmó Páez.
En un contexto donde los márgenes se achican y la presión ambiental y económica se intensifica, la eficiencia en cada aplicación se convierte en una decisión estratégica. “Los productores invierten porque quieren ser eficientes, quieren gastar lo menos posible. Hoy los márgenes son muy pequeños”, concluyó.
En el Norte argentino, donde el clima impone límites y la diversidad productiva amplía los desafíos, la tecnología aplicada a la pulverización aparece como una de las claves para sostener la competitividad. Más que una tendencia, se trata de una necesidad concreta: lograr que cada gota cuente.













