Las lluvias volvieron a instalarse en Tucumán durante las últimas semanas y, según los pronósticos meteorológicos, las precipitaciones podrían continuar durante varios días más. Este escenario genera inquietud en la población y, especialmente, en el sector agropecuario, donde el clima es un factor determinante para el desarrollo de los cultivos y la planificación de las labores en el campo.
Aunque para muchos la intensidad y la frecuencia de las precipitaciones parecen inusuales, desde el ámbito científico aseguran que el fenómeno responde, en gran medida, a un proceso climático esperable luego de varios años marcados por condiciones de sequía. Así lo explicó la ingeniera agrónoma Eugenia Zeman, integrante de la sección de Meteorología del INTA, quien analizó la situación actual y su impacto en el sistema productivo.
“Es una realidad esta persistencia de las precipitaciones en estos últimos tiempos, pero también es algo climáticamente esperable”, señaló Zeman. Según explicó, la percepción de que las lluvias son extraordinarias se debe en gran parte a que la región atravesó varios años con un marcado déficit hídrico.
“Lo que venía pasando desde 2022, 2023, 2024 e incluso parte de 2025 es que nuestra climatología estival estuvo determinada por una sequía bastante importante, que se acentuó especialmente en 2024. Recién ahora estamos saliendo de ese período”, explicó.
En ese sentido, la especialista aclaró que el actual régimen de precipitaciones no representa necesariamente una anomalía climática, sino más bien una recuperación de los niveles habituales de lluvia para esta época del año. “Se están restableciendo las precipitaciones. Climáticamente nosotros esperamos que en enero llueva mucho, que en febrero también haya buenos volúmenes y que en marzo continúe esa persistencia de lluvias”, afirmó.
Los registros históricos respaldan esta afirmación. De acuerdo con las series climáticas analizadas por los especialistas, marzo suele ser un mes con elevada frecuencia de precipitaciones en la provincia. “Nuestras series de 60 años nos dicen que en marzo el promedio es de unos 15 días con lluvia en el mes, por lo tanto es normal que haya esta persistencia”, detalló.
En cuanto al pronóstico inmediato, las condiciones de inestabilidad continuarían al menos durante varios días más. “En el corto plazo, hasta por lo menos el lunes 16, hay condiciones de inestabilidad. Va a haber precipitaciones aisladas en toda la provincia. Puede haber mejoras temporarias, pero las lluvias van a seguir apareciendo”, explicó Zeman.
El panorama a mediano plazo tampoco muestra una reducción inmediata en las precipitaciones. De acuerdo con los modelos meteorológicos que analizan distintos organismos científicos, los próximos meses podrían presentar registros superiores a los valores habituales. “Los pronósticos indican que marzo y abril también estarían con valores por encima de lo normal. En marzo esperamos alrededor de 210 milímetros y en abril unos 100 milímetros, pero todo indica que esos valores podrían ser mayores”, señaló.
Recién hacia el mes de mayo se esperaría una disminución en la frecuencia de lluvias y un retorno a condiciones más estables. “Hacia mayo es cuando se prevé que las precipitaciones comiencen a bajar y que el sistema vuelva a un comportamiento más cercano a la normalidad”, indicó.
Ante este escenario, algunos productores comenzaron a preguntarse si se trata de un cambio en el régimen pluviométrico de la región. Sin embargo, Zeman sostuvo que, por el momento, no hay evidencias que permitan afirmar que existe un desplazamiento estructural en el comportamiento de las lluvias. “De acuerdo con nuestras series climáticas, todavía no podemos hablar de un desplazamiento del régimen de precipitaciones. Lo que estamos viendo es más bien una recuperación de un estado que habíamos perdido durante varios años”, explicó.
En este sentido, recordó que durante los últimos ciclos estivales la región estuvo influenciada por condiciones asociadas al fenómeno de La Niña, lo que provocó una reducción significativa de las precipitaciones. “Tuvimos varios años con volúmenes de lluvia por debajo de lo normal y eso hizo que perdiéramos esta dinámica típica del verano en Tucumán, especialmente en el Pedemonte, que suele ser una zona muy lluviosa en febrero y marzo”, señaló.
Otro dato que llama la atención de los especialistas es que, al analizar los distintos índices climáticos globales que suelen explicar los comportamientos atmosféricos regionales, actualmente ninguno parece ser responsable directo de lo que ocurre en la provincia.
“En Argentina seguimos cerca de 12 índices climáticos distintos que tienen influencia sobre el clima regional. En este momento, ninguno de ellos está explicando lo que está pasando en Tucumán”, afirmó la especialista.
En cambio, el comportamiento actual estaría más relacionado con procesos atmosféricos locales. “Ahora estamos supeditados simplemente a lo que es nuestra orografía normal. Se generan fenómenos convectivos: la superficie se calienta mucho, se generan corrientes ascendentes y eso provoca precipitaciones intensas y aisladas en distintos sectores del Pedemonte”, explicó.
Si bien desde el punto de vista hídrico la lluvia es necesaria para el desarrollo de los cultivos, el exceso de agua también comienza a generar dificultades en el manejo agronómico. En este sentido, los productores ya comenzaron a consultar a los especialistas sobre posibles impactos en los lotes.
“Sí, estamos recibiendo consultas cotidianamente de productores. La planta necesita lluvia y en ese sentido el cultivo estaría en buenas condiciones porque está recuperando valores que en años anteriores no tenía. El problema aparece en las prácticas de manejo”, explicó Zeman.
El principal inconveniente es la acumulación de agua en los suelos, que dificulta el ingreso de maquinaria y complica tareas fundamentales para el manejo de los cultivos. “El agua no está drenando bien y se está acumulando en los campos. Eso impide entrar con maquinaria para hacer aplicaciones o trabajos necesarios para mejorar el rendimiento”, indicó.
Además, las condiciones de alta humedad pueden favorecer la aparición de enfermedades y plagas. “La persistencia de la nubosidad dificulta la evapotranspiración y aumenta la humedad en la canopia de los cultivos. Eso puede provocar la aparición de enfermedades y dificulta el control de plagas”, advirtió.
A esto se suma otro problema clave: el drenaje del suelo. “El drenaje es fundamental porque permite la oxigenación radicular de la planta. Lo que estamos viendo es que hay mucha acumulación de agua en el perfil del suelo y a la napa le está costando volver a sus valores normales”, explicó.
Frente a este escenario, la planificación productiva comienza a adaptarse a las condiciones climáticas. “Los productores ya están pensando en alternativas para poder ingresar a los lotes y continuar con las labores. Si el perfil del suelo ya tiene mucha agua, va a ser difícil que drene rápido y que tengamos piso para trabajar”, señaló.
Para quienes deseen seguir la evolución del clima con mayor precisión, la especialista recomienda consultar fuentes oficiales y pronósticos elaborados por organismos especializados. “Siempre es importante mirar el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico, que se hace en consenso con distintos organismos científicos y es una herramienta muy útil para el productor”, concluyó.













