Las condiciones climáticas de la actual campaña en el noroeste argentino encendieron una señal de alerta en los sistemas productivos de soja. La combinación de lluvias frecuentes, alta humedad y temperaturas moderadas configura un escenario propicio para la aparición y rápida expansión de enfermedades, entre las que se destaca la roya asiática, considerada una de las más agresivas por su comportamiento epidemiológico y su capacidad de afectar significativamente los rindes.
En este contexto, el monitoreo sanitario cobra un rol central y obliga a los productores a ajustar estrategias de manejo para evitar pérdidas. Sobre este escenario, el especialista Sebastián Reznikov brindó un panorama actualizado de la situación en la región, a partir de los relevamientos realizados en las últimas semanas.
Según explicó, las primeras detecciones de roya asiática se registraron hace aproximadamente 15 días en el norte de la provincia de Salta. Posteriormente, la enfermedad fue identificada en Rosario de la Frontera, avanzando luego hacia Los Altos, en Catamarca, y también en territorio tucumano, específicamente en el departamento Burruyacú. “Esta semana llegaron muestras al laboratorio y observamos un incremento en la incidencia, pasando de un 5% a lotes con valores cercanos al 40%”, detalló. En cuanto a la severidad, indicó que la evolución también fue significativa: “Pasamos de simples trazas a incrementos de entre el 5% y el 20% en algunos lotes”.
El avance de la enfermedad está directamente vinculado a las condiciones ambientales predominantes. En ese sentido, Reznikov remarcó que si bien la roya asiática requiere temperaturas moderadas, cercanas a los 24 grados, el factor determinante es el tiempo de mojado foliar. “Necesita más de ocho horas de humedad sobre la hoja, y actualmente tenemos condiciones propicias en la región”, explicó. A esto se suma una característica clave del patógeno: su comportamiento policíclico. “El incremento es exponencial porque tiene varios ciclos de reproducción dentro del mismo ciclo del cultivo. En condiciones favorables, este proceso ocurre en un período de 10 a 14 días”, señaló.
Este rasgo explica la rapidez con la que la enfermedad puede pasar de niveles bajos a situaciones de alta incidencia, generando preocupación en los lotes. Además, su capacidad de dispersión incrementa el riesgo regional. “El patógeno se disemina por el viento y las pústulas pueden permanecer viables en el aire hasta por 51 días, recorriendo grandes distancias”, agregó el especialista.
Frente a este escenario, el monitoreo permanente aparece como la principal herramienta para la toma de decisiones. Reznikov insistió en que la vigilancia debe ser constante, independientemente del estado fenológico del cultivo, aunque recomendó prestar especial atención a los lotes sembrados en fechas tardías o con variedades de ciclo largo. “Si la detección ocurre en estadios avanzados como R5.5 o R6, el impacto en el rendimiento puede no ser tan grande”, aclaró, aunque subrayó la importancia de anticiparse.
Uno de los principales desafíos es la correcta identificación de la enfermedad en sus estadios iniciales. “Detectar una pústula a campo es muy difícil porque son muy chiquititas; se requiere experiencia y lupa de mano”, explicó. Por eso, recomendó una metodología concreta: “La recomendación es monitorear el estrato medio, extraer unos 30 folíolos centrales por lote y llevarlos a un laboratorio para una correcta identificación”. Este paso resulta clave para evitar confusiones con otras enfermedades bacterianas que presentan síntomas similares, lo que podría derivar en decisiones de manejo inadecuadas.
En cuanto al control, el uso de fungicidas sigue siendo la herramienta más efectiva, aunque su eficiencia depende en gran medida del momento de aplicación. “Hay que monitorear y aplicar con bajos niveles de severidad para que la eficacia sea mejor. Las aplicaciones preventivas o con baja severidad son las mejores; si los niveles son muy altos, la eficacia del fungicida disminuye”, advirtió.
Además, el especialista recomendó intensificar los monitoreos con frecuencia semanal y no limitarse únicamente a los lotes sin tratamiento. “También es importante enviar muestras de los lotes ya tratados para verificar la eficacia de la aplicación y seguir la evolución de la enfermedad”, señaló, destacando la importancia de un seguimiento integral.
En paralelo a la coyuntura sanitaria, Reznikov también anticipó su participación en el próximo Congreso de Ecofisiología y Manejo Agronómico, que se realizará el 4 y 5 de junio. Sobre su experiencia en la edición anterior, destacó el nivel técnico y el intercambio generado entre profesionales y productores. “Fue un evento muy bueno. Di una charla y un curso sobre manejo de enfermedades. Fue una gran oportunidad para intercambiar información con colegas y referentes nacionales”, recordó.
Asimismo, valoró el interés de los asistentes en las discusiones técnicas y el espacio generado para el intercambio de conocimientos. “Me sorprendió la calidad de los disertantes y el interés de los productores en las discusiones técnicas. Creo que este próximo congreso será igual o mejor”, afirmó, aunque prefirió no adelantar detalles específicos de su presentación de este año.
Mientras tanto, la situación sanitaria en los cultivos de soja del NOA exige atención constante y decisiones oportunas. En un año atravesado por condiciones climáticas favorables para el desarrollo de enfermedades, la roya asiática vuelve a posicionarse como una amenaza concreta, que obliga a redoblar esfuerzos en monitoreo y manejo para resguardar el potencial productivo de la campaña.













