En un contexto donde cada campaña presenta nuevos desafíos productivos, el rol del asesor agronómico se vuelve cada vez más determinante. La presión de malezas resistentes, enfermedades emergentes y la necesidad de maximizar la eficiencia en cada hectárea obligan a tomar decisiones más precisas y respaldadas por información técnica confiable. En este escenario, iniciativas como el programa de Asesores de Élite de Adama buscan fortalecer uno de los eslabones más importantes de la cadena agrícola: el asesor independiente.
Para Andrés Martínez, ingeniero agrónomo y coordinador de desarrollo técnico de mercado de Adama, el concepto central del programa se resume en una palabra clave: la construcción de vínculos. “El propósito del programa es crear una red nacional de trabajo formada por asesores independientes que compartan experiencias, tecnologías e información para apalancar la carrera profesional”, explicó.
Lejos de ser una simple capacitación técnica, la propuesta apunta a generar una verdadera comunidad profesional. Según Martínez, se trata de “armar una red de trabajo donde además sea una suerte de plataforma para generar el contexto y que asesores independientes trabajen en red”. En un sector donde muchas veces el asesor desarrolla su actividad de manera aislada, este tipo de espacios cobra un valor estratégico.
La iniciativa no surgió de manera casual. Desde el área de servicio técnico de la compañía, el análisis de la dinámica productiva permitió detectar la necesidad de fortalecer este eslabón. “Nosotros trabajamos con una especie de pirámide de influencia donde vemos cómo se le llega a la hectárea. Y el asesor independiente cercano al productor es un rol clave”, señaló. En ese sentido, explicó que el programa fue lanzado en 2019 con el objetivo de “empoderar y fortalecer a lo que creemos una de las cadenas más importantes”.
El crecimiento del programa en estos años refleja la demanda existente en el sector. “Arrancamos en 2019 siendo 24 asesores y esperamos terminar este año con alrededor de 160 o 170, abarcando más de 1.200.000 hectáreas”, destacó Martínez. Este incremento no solo evidencia el interés de los profesionales, sino también el impacto que genera en la toma de decisiones a campo.
Uno de los aspectos más valorados por los participantes es la posibilidad de compartir experiencias reales y problemáticas concretas. “Pensamos en esos asesores independientes que necesitan compartir su día a día y resolver problemas en una mesa de pares”, explicó. Este intercambio permite enriquecer la mirada técnica y encontrar soluciones más ajustadas a cada realidad productiva.
Además, el programa cumple un rol clave en la validación de tecnologías y estrategias. “Cuando traemos un lanzamiento o una nueva estrategia, lo validamos con ellos y les pedimos opinión. Generalmente les ofrecemos el espacio para que lo prueben y nos den su feedback”, detalló. Esta dinámica permite contar con una visión local antes de la adopción masiva de nuevas herramientas.
En cuanto a los temas que se abordan, la agenda está directamente vinculada a los principales desafíos del campo argentino. “Normalmente atendemos los cultivos extensivos más importantes y en algunas regiones también los intensivos. Surgen mucho el manejo de malezas tolerantes y resistentes, enfermedades en soja y problemáticas relacionadas a insectos”, indicó Martínez.
La estructura del programa está organizada en siete nodos distribuidos a lo largo del país, lo que permite abordar las particularidades de cada región. “Cada zona trae sus problemáticas y trabajamos en función de eso. Es muy rico presenciar una discusión entre un asesor del norte y uno del centro”, señaló. Esta interacción entre distintas realidades productivas potencia el aprendizaje colectivo y amplía la mirada técnica.
Más allá de lo agronómico, el programa también abre espacio a otras temáticas clave para el desarrollo profesional. “En las reuniones nacionales abordamos temas que interesan a todos, y no siempre tienen que ver con soluciones de Adama. Muchas veces el grupo demanda hablar de economía, clima o cómo organizar su información”, explicó. Esto refuerza la idea de una formación integral del asesor.
Los encuentros presenciales también forman parte de la propuesta y aportan un valor diferencial. “Normalmente una vez por año nos reunimos todos durante tres días para compartir vivencias y generar vínculos”, comentó Martínez. Estos espacios no solo fortalecen la red, sino que permiten generar contactos que luego se traducen en colaboración profesional.
En un contexto donde la agricultura exige cada vez mayor precisión, el asesor independiente se consolida como una figura estratégica para el productor. Su capacidad de interpretar información, adaptarla a cada lote y tomar decisiones en tiempo real lo posiciona como un actor clave en la rentabilidad del sistema.
“El asesor trabaja muy cerca del productor, y por eso creemos que fortalecerlo es fundamental”, afirmó Martínez. En esa línea, destacó que el programa busca aportar “información, inversión y red”, tres pilares que hoy resultan indispensables para enfrentar los desafíos del agro.
De cara al futuro, la consolidación de estas redes técnicas aparece como una de las claves para mejorar la competitividad del sector. En un entorno donde la información circula a gran velocidad, la capacidad de filtrarla, interpretarla y aplicarla correctamente puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso productivo.
El programa de Asesores de Élite de Adama se posiciona así como una herramienta concreta para potenciar ese proceso, promoviendo el intercambio, la capacitación continua y la construcción colectiva de conocimiento. Una apuesta que, en definitiva, pone en el centro a quienes todos los días toman decisiones clave en el campo.













