La eficiencia en el uso del agua dejó de ser una opción para transformarse en una necesidad concreta dentro de los sistemas productivos frutihortícolas. En un escenario atravesado por la variabilidad climática y los altos costos, el manejo del riego aparece como una de las herramientas más determinantes para sostener la productividad. En ese contexto, el Congreso Frutihortícola que se realizará el 13 y 14 de mayo se posiciona como un espacio clave para el intercambio técnico y la toma de decisiones estratégicas.
El ingeniero agrónomo Alejandro Pannunzio, referente en ingeniería en riego con más de 30 años de trayectoria, volverá a participar como sponsor Oro, aportando su experiencia en el diseño y manejo de sistemas adaptados a distintas realidades productivas. Su mirada combina lo técnico con lo práctico, en un sector donde la implementación suele ser tan importante como la tecnología disponible.
“Por supuesto que uno de los temas más importantes tiene que ver con el riego. La tecnología y la decisión estratégica son importantísimas”, señaló Pannunzio. La experiencia de la edición anterior dejó resultados positivos tanto desde lo técnico como desde lo comercial. «Cuando uno dice que tiene una faz técnica y una comercial, en realidad es todo lo mismo, porque es una faz técnico-comercial donde cada uno ofrece su producto o servicio, pero también comparte conocimiento”, explicó.
En ese sentido, subrayó el impacto que estos espacios generan en el desarrollo regional: “Lo que hace es transformar la región en una zona más competitiva, porque todo el mundo se va de estos eventos sabiendo más y con una red de contactos más amplia”.
Uno de los puntos más sensibles dentro del manejo productivo es, justamente, el riego. Aunque pueda parecer un aspecto básico, los errores en su implementación siguen siendo frecuentes. “Nosotros con el riego lo que hacemos es disminuir el riesgo. Hay una letra de diferencia, pero de eso se trata”, sintetizó Pannunzio, con una frase que resume el concepto central.
El desafío radica en que el comportamiento del agua en el suelo no es detectable a simple vista, lo que complejiza la toma de decisiones. “Las plantas responden a un estado energético del agua en el suelo y uno tiene que tomar decisiones sin ver lo que pasa dentro. Por eso es fácil instalar un equipo y que sea vistoso, pero en lo cotidiano los operadores necesitan mucha asistencia para entender estos fenómenos”, advirtió.
Además, el riego no solo implica aportar agua, sino también nutrientes, lo que aumenta su nivel de complejidad. “No hay que olvidarse que estos equipos además de llevar agua, llevan nutrientes. El nutriente principal de una planta es el agua. Si lo hacemos mal, hacemos todo el gasto pero no obtenemos todos los beneficios”, agregó.
En cuanto al nivel de adopción tecnológica en Argentina, Pannunzio destacó que existe un buen punto de partida, especialmente en regiones como el norte. “El productor argentino está bastante avanzado. En la zona de Orán hay una colonia de productores con un empuje enorme por incorporar tecnología. Siempre han hecho esfuerzos por tener lo último en riego, invernaderos y semillas”, indicó.
Sin embargo, también remarcó limitaciones estructurales que condicionan el desarrollo: “Argentina tiene problemas de infraestructura graves: rutas, canales de riego, energía eléctrica que no siempre tiene la estabilidad necesaria”.
A pesar de esas dificultades, algunas medidas recientes generan expectativas positivas. “Hoy hay un cambio importante en la carga impositiva de la energía para riego, que pasó del 30% al 12%. Además, el RIM permite amortizar los equipos en un año. Eso es una ayuda enorme y va a impactar mucho en el norte”, explicó.
Desde el punto de vista de la demanda, los productores buscan cada vez mayor eficiencia y adaptabilidad. “Hay que diseñar equipos con mucha elasticidad, porque pueden durar hasta 40 años y en ese tiempo cambian muchas cosas. También es clave que consuman poca energía y que tengan uniformidad, para que todas las plantas reciban lo mismo”, detalló.
Esa uniformidad es, justamente, uno de los conceptos que más se trabajarán en el congreso. En sistemas donde cada planta tiene un alto valor, lograr precisión en el riego es determinante. “Hoy las semillas tienen tanta tecnología y son tan costosas que tenemos que darle a cada planta exactamente lo que necesita. Para eso es fundamental usar materiales de alta calidad y sistemas que funcionen casi de manera perfecta”, afirmó.
Entre los errores más comunes, el especialista señaló la falta de monitoreo constante. “Lo más difícil es seguir día a día los requerimientos del cultivo. En el norte tenemos mucha lluvia, pero eso a veces complica el manejo. Tanto el exceso como el defecto de agua son un problema”, advirtió.
Finalmente, Pannunzio destacó el valor humano del evento como uno de sus principales diferenciales. “Nada reemplaza la riqueza de una conversación. El intercambio entre personas es lo más importante. Cada uno aporta su experiencia, sus dudas, y eso hace que todos crezcan”, concluyó.
Con una agenda que promete alto nivel técnico y participación internacional, el Congreso Internacional Frutihortícola vuelve a consolidarse como un punto de encuentro clave para un sector que busca producir más y mejor, optimizando cada recurso disponible. En ese camino, el riego eficiente ya no es solo una herramienta: es una decisión estratégica.













