El manejo de barbechos de invierno atraviesa un momento atípico en Tucumán. Las lluvias, que históricamente escasean en esta época, comenzaron a aparecer con mayor frecuencia, modificando las condiciones en las que los productores toman decisiones clave. Este nuevo escenario no solo altera la dinámica de las malezas, sino que también introduce interrogantes sobre el uso de herbicidas, la planificación de cultivos y el impacto económico en sistemas cada vez más ajustados.
“Hay dos aspectos contradictorios: por un lado, la humedad favorece la germinación de más malezas, pero por el otro, genera buenas condiciones para que las herramientas de control funcionen mejor”, explicó el ingeniero agrónomo Sebastián Sabaté, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). En ese sentido, remarcó que el contexto actual debe leerse como una oportunidad: “Hay que aprovechar para reducir al máximo la presión de malezas”.
El punto de partida es entender que la dinámica cambió. Las malezas ya no responden a los patrones habituales del invierno seco, sino que encuentran condiciones ideales para emerger, crecer y competir. Esto obliga a ajustar los tiempos y las estrategias de control. “El riesgo principal es que las malezas nos apuren debido a la dinámica que genera el exceso de humedad”, advirtió Sabaté, marcando una de las principales preocupaciones del momento.
En este contexto, el especialista fue claro al destacar una herramienta muchas veces subestimada: los cultivos. “El mejor herbicida que tenemos es un cultivo”, afirmó. La implantación de trigo o de cultivos de servicio como la vicia aparece como una alternativa eficaz para competir contra las malezas y estabilizar el sistema. “Si el productor logra establecer un cultivo, tiene la oportunidad perfecta para mantener a raya las malezas”, agregó.
Sin embargo, no todos los sistemas pueden incorporar cultivos invernales, por lo que el barbecho químico sigue siendo una práctica central. Allí, el rol de los herbicidas residuales cobra mayor relevancia. “Los residuales tendrán un buen comportamiento, pero sin ellos el manejo con post-emergentes será bastante complejo”, señaló Sabaté, dejando en claro que las decisiones deben ser más finas que en campañas anteriores.
Uno de los puntos críticos pasa por el comportamiento de los herbicidas en un ambiente con mayor disponibilidad de agua. La humedad no solo potencia su eficacia, sino que también puede generar efectos indeseados. “Existe el riesgo de fitotoxicidad con herbicidas residuales que antes se usaban sin problema, al estar más disponibles por el agua”, explicó. Esta situación obliga a revisar dosis, momentos de aplicación y, sobre todo, las características físicoquímicas de cada producto.
La advertencia es concreta: no hay lugar para recetas preestablecidas. “Hay que analizar mucho y no actuar con la ‘recetita de siempre’. Algunos productos muy solubles podrían causar problemas este invierno”, sostuvo el técnico. En un escenario donde cada error cuesta caro, el conocimiento del lote y el asesoramiento profesional se vuelven indispensables.
A su vez, las malezas de invierno pueden convertirse en un problema más allá del barbecho. “Si no se manejan bien, pueden sostener plagas y enfermedades para la campaña de verano”, indicó Sabaté, sumando un nuevo factor de riesgo que trasciende la estación actual.
En paralelo, la mayor disponibilidad hídrica abre una ventana de oportunidades productivas. “Esperamos rendimientos excepcionales”, anticipó el especialista, al explicar que en los sistemas monzónicos del NOA la principal limitante invernal suele ser la falta de agua. Este año, ese condicionante parece revertirse. “Tener agua ahora ayudará mucho a mejorar el sistema”, aseguró.
No obstante, el impacto positivo dependerá de cómo se gestione ese recurso. “La palabra clave es ‘depende’. Juega a favor si usamos esa humedad para implantar cultivos como trigo, garbanzo, colza o vicia”, detalló. Pero al mismo tiempo, insistió en que puede haber “sorpresas negativas” si no se consideran adecuadamente las interacciones entre suelo, agua y productos químicos.
En un contexto económico donde los costos desde barbecho a cosecha se mantienen elevados y los márgenes son cada vez más ajustados, la eficiencia en la toma de decisiones resulta determinante. “Elegir bien las herramientas conociendo la problemática de cada lote es fundamental. Llegar a tiempo en el manejo es gran parte del éxito”, subrayó Sabaté. Y agregó un concepto clave: “A veces se invierte mucho dinero pero se llega tarde y ese dinero se pierde”.
Dentro de las estrategias posibles, los cultivos de cobertura emergen como una de las grandes apuestas del año. “Es el gran año para aventurarse con ellos”, afirmó. En particular, destacó el potencial de la vicia: “Con la humedad prevista, una leguminosa como la vicia tendrá un buen desarrollo, aportando mejora al suelo, control de malezas y fertilización natural, lo cual es clave ante el costo de los fertilizantes”.
Finalmente, el especialista resumió el principal error que los productores deben evitar en este escenario: la falta de diagnóstico y la demora en las decisiones. “El error común es no tener un buen diagnóstico de cada lote o llegar tarde. Hay que estar atentos a la dinámica de las malezas, elegir la herramienta adecuada y hacer un seguimiento constante”, concluyó. Y dejó una última advertencia: “No aprovechar esta coyuntura para establecer cultivos competitivos también sería un error”.













