La degradación de los suelos continúa siendo uno de los principales desafíos para la sustentabilidad de la agricultura en la región pampeana. Frente a este escenario, un equipo de especialistas del INTA Entre Ríos avanza en la utilización de indicadores que permiten monitorear el estado del recurso y evaluar el impacto de distintas prácticas de manejo orientadas a conservar su productividad. Los investigadores trabajan con variables como carbono orgánico, estabilidad de agregados, infiltración y pérdida de suelo, con el objetivo de detectar tempranamente procesos de degradación y brindar herramientas para la toma de decisiones. «El suelo es un recurso estratégico en la agricultura. Si no medimos su estado y su dinámica, no podemos anticipar problemas ni ajustar el manejo«, afirmó Marcelo Wilson, coordinador del Proyecto Macrorregional del INTA sobre mitigación de externalidades de los sistemas productivos pampeanos.

«El suelo es un recurso estratégico en la agricultura. Si no medimos su estado y su dinámica, no podemos anticipar problemas ni ajustar el manejo«
Rotaciones y siembra directa reducen la erosión
Los estudios de largo plazo realizados en Entre Ríos, donde más del 57 % del territorio presenta algún grado de erosión, muestran que la incorporación de diferentes prácticas de manejo tiene un impacto directo sobre la conservación del suelo. El análisis de 17 campañas agrícolas determinó que la rotación maíz-trigo/soja reduce en un 40% el coeficiente de escorrentía, disminuyendo el arrastre de partículas y mejorando la infiltración del agua. Por su parte, Mariela Seehaus, investigadora del INTA Paraná, explicó que mantener el suelo cubierto durante todo el año constituye una de las herramientas más eficaces para controlar los procesos erosivos. Mientras un sistema de monocultivo de soja puede perder hasta 2,2 toneladas de suelo por hectárea al año, la incorporación de trigo como cultivo invernal reduce esas pérdidas a la mitad, alcanzando valores mínimos de apenas 0,3 toneladas por hectárea en las secuencias más diversificadas. La especialista destacó además que la siembra directa continúa siendo una práctica fundamental para disminuir la erosión y preservar la estructura del suelo.
El análisis de 17 campañas agrícolas determinó que la rotación maíz-trigo/soja reduce en un 40% el coeficiente de escorrentía, disminuyendo el arrastre de partículas y mejorando la infiltración del agua.
Las terrazas mejoran la conservación y almacenan más carbono
Otro de los resultados destacados del trabajo corresponde a la sistematización de tierras mediante terrazas de evacuación, una práctica que actualmente alcanza unas 600.000 hectáreas en Entre Ríos. Según los ensayos, esta infraestructura reduce las pérdidas de suelo en un 54 % y aumenta las reservas de carbono en un 8,5 % respecto de la situación inicial. Wilson explicó que las terrazas disminuyen la velocidad del escurrimiento superficial, evitando la pérdida de la capa fértil y favoreciendo la acumulación de materia orgánica. Los lotes sistematizados registraron además un 13 % más de carbono orgánico que aquellos sin este tipo de obras de conservación.
Las enmiendas orgánicas recuperan la fertilidad
Los investigadores también evaluaron el efecto de las enmiendas orgánicas, particularmente la utilización de cama de pollo, como herramienta para recuperar suelos degradados. De acuerdo con Emmanuel Gabioud, técnico del INTA Paraná, esta práctica mejora tanto la fertilidad química como las propiedades físicas del suelo. Los ensayos mostraron incrementos cercanos al 20% en el carbono orgánico luego de dos años de aplicación, acompañados por mejoras en la porosidad, la disponibilidad de fósforo y la infiltración del agua.
Los ensayos mostraron incrementos cercanos al 20% en el carbono orgánico luego de dos años de aplicación, acompañados por mejoras en la porosidad, la disponibilidad de fósforo y la infiltración del agua.
La importancia del monitoreo
Para los especialistas, el seguimiento permanente mediante indicadores constituye una herramienta clave para anticipar problemas y evaluar la eficacia de las distintas estrategias de manejo. «El suelo es la base del sistema productivo en nuestra región. Su manejo define su sustentabilidad a largo plazo«, concluyó Wilson. Los resultados refuerzan la importancia de combinar prácticas de conservación, rotaciones diversificadas y monitoreo continuo para preservar uno de los recursos más valiosos de la producción agropecuaria argentina.













