La producción de café en Tucumán atraviesa una etapa inicial, con ensayos y avances en el conocimiento agronómico del cultivo. La especialista Margarita Jaramillo advierte que todavía quedan desafíos vinculados a la genética, los costos, la rentabilidad y la escala productiva, y plantea la necesidad de avanzar con prudencia para determinar qué tipo de café puede desarrollarse en la provincia.
En el Día Internacional del Café, la mirada vuelve a posarse sobre una producción que comenzó a despertar interés en Tucumán y que, de a poco, busca determinar si puede convertirse en una alternativa para los productores de la provincia. Después de los primeros ensayos y de las experiencias que permitieron conocer mejor el comportamiento del cultivo, el desafío ahora pasa por evaluar sus posibilidades reales y definir bajo qué condiciones podría desarrollarse una caficultura tucumana.
Para Margarita Jaramillo, profesora de la Universidad Nacional de Tucumán y especialista en café, el proceso todavía se encuentra en una etapa inicial. Ingeniera agrónoma oriunda de Medellín, Colombia, y radicada desde hace varios años en Tucumán, Jaramillo trabaja vinculada al cultivo desde diferentes ámbitos y aporta una mirada que combina investigación, agronomía y experiencia productiva.
“Es pasión, es vínculo, es fraternidad. Es familia también. Es motor”, definió al referirse al significado que tiene el café, una producción que además de representar una actividad económica forma parte de la identidad cultural de numerosas regiones productoras del mundo.
En Tucumán, sin embargo, el escenario requiere analizarse con detenimiento. “Está en desarrollo. Estamos, digamos, en los primeros pasos”, explicó Jaramillo. Según detalló, actualmente se trabaja sobre cuestiones vinculadas a la agronomía del cultivo, mientras todavía existen aspectos estructurales que deben resolverse para pensar en una producción con perspectivas comerciales.
Uno de ellos es la disponibilidad de material vegetal. La especialista señaló la importancia de avanzar con la importación de semillas certificadas para generar la trazabilidad necesaria y brindar mayores garantías a quienes decidan incorporar el cultivo. Pero el desafío no termina en la elección de la genética o en el diseño de una plantación.
“Hay unas aristas que en este momento no podemos resolver todavía, como son los costos de producción y si realmente el negocio va a ser rentable”, sostuvo. En ese sentido, remarcó que pensar en café implica mirar mucho más allá de la producción primaria: “No es solo agronomía, sino que es administración y brazo financiero para establecer el cultivo”.
Jaramillo participa en el desarrollo de esta actividad desde distintos lugares. Como profesora de la cátedra de Fitopatología de la Universidad Nacional de Tucumán, pero también como consultora y asesora, interviene en procesos que van desde la selección de la genética hasta el diseño de las plantaciones y aspectos vinculados al beneficio y la poscosecha.
Su experiencia le permite observar de cerca las oportunidades, pero también poner sobre la mesa las limitaciones que todavía existen. Y allí aparece uno de sus principales llamados de atención: evitar generar expectativas que todavía no cuentan con suficiente respaldo técnico y económico.
“Creo que hay que ser prudente con el manejo y uso de la información que se está generando para no generar muchas expectativas”, afirmó. Y sintetizó esa postura con una definición que atraviesa buena parte del análisis sobre el futuro del cultivo: “Una cosa son las palabras y otra la realidad y los hechos”.
Para la especialista, Tucumán no debe analizar su potencial cafetero como si se tratara de una zona tradicional de producción. El café encuentra sus condiciones óptimas en regiones tropicales, mientras que las experiencias que pueden desarrollarse en el subtrópico responden a otras características y requieren encontrar modelos productivos específicos.
“¿Qué se puede dar? ¿Es un café de especialidad de nicho o un café exótico?”, planteó Jaramillo. La pregunta abre una posibilidad concreta: que el café tucumano encuentre su lugar a partir de una producción diferenciada, antes que intentar competir por volumen con las grandes regiones cafeteras del mundo.
En ese sentido, consideró que sería apresurado pensar en “un café commodity o de largas extensiones”. Las superficies que actualmente presentan condiciones viables para producir son limitadas y, según explicó, no pueden equipararse con las zonas óptimas del trópico.
El dato del consumo argentino permite dimensionar el desafío. “Argentina consume 45.000 toneladas de café, y el 1% de eso no sabemos si vamos a llegar a cumplir”, señaló. La cifra muestra que todavía existe una distancia importante entre el consumo nacional y la capacidad productiva que podría alcanzar una actividad incipiente como la caficultura tucumana.
Sin embargo, esa limitación no significa que no exista una oportunidad. Para Jaramillo, los productores ocupan un lugar central en cualquier proceso de desarrollo. “Los que traccionan realmente la economía son los agricultores, son los que generan los vínculos laborales con las personas del campo”, destacó.
En esa perspectiva, el café también puede representar una alternativa para generar actividad y empleo, al mismo tiempo que abre un campo de investigación y aprendizaje para productores, recolectores y estudiantes.
El desafío para Tucumán, entonces, no parece estar en anunciar una expansión inmediata del cultivo, sino en continuar construyendo conocimiento. Evaluar materiales, conocer los costos, determinar la viabilidad económica, mejorar las técnicas de producción y estudiar qué calidad puede alcanzar el grano son pasos necesarios antes de hablar de una verdadera cadena cafetera provincial.
“Un paso a la vez”, insistió Jaramillo. Una definición que resume el momento actual del café tucumano: existe interés, hay experiencias y conocimiento en construcción, pero todavía queda un camino por recorrer para saber hasta dónde puede llegar una producción que busca encontrar su propia identidad en una provincia históricamente vinculada a otras actividades agrícolas.













