La posibilidad de avanzar con una reducción de las retenciones volvió a instalarse en el centro de la agenda del sector agropecuario argentino. El presidente Javier Milei planteó nuevamente que el Gobierno continuará reduciendo estos impuestos en la medida en que la economía crezca y exista margen fiscal. Para Eduardo Robinson, economista, consultor y decano de la Facultad de Economía de la UNSTA, la señal resulta relevante para un sector que necesita mejorar su competitividad y recuperar incentivos para invertir.
“Yo entiendo que el presidente está enviando una señal muy positiva para el sector”, sostuvo Robinson durante una entrevista con Suena a Campo. En ese sentido, explicó que las retenciones son “impuestos altamente distorsivos” porque impactan directamente sobre el sector exportador y terminan desalentando decisiones vinculadas con la producción y la inversión.
El economista recordó además que Argentina tuvo durante la década de 1990 un esquema de retenciones cero y vinculó ese escenario con un período de fuerte crecimiento de la producción, particularmente de soja. Por eso, consideró positiva la discusión actual, aunque aclaró que el ritmo de una eventual reducción dependerá de las condiciones fiscales. “Después habrá que ver si las condiciones fiscales lo permiten o no y a qué velocidad se puede ir disminuyendo las retenciones”, señaló.
El planteo adquiere especial importancia para el campo porque, según Robinson, no se trata únicamente de cuánto dinero deja de pagar un productor, sino también de las expectativas que genera una determinada política económica. Las decisiones productivas requieren planificación y, en muchos casos, comprometen inversiones de mediano y largo plazo.
“Nosotros invertimos en base a las expectativas. Si el gobierno envía una señal, la primera de que pueda bajar las retenciones, bueno, eso es muy bueno para el sector porque alimenta expectativas para poder comprar maquinaria, para poder invertir, para poder empezar a explorar mercados”, explicó.
Sin embargo, el impacto de una reducción de retenciones no es idéntico para todos los productores. La superficie trabajada, el cultivo, la ubicación geográfica y los costos de transporte forman parte de una ecuación de rentabilidad que varía según cada establecimiento. En el caso del NOA, la distancia a los puertos y los costos logísticos adquieren un peso particular.
Robinson también advirtió que la discusión sobre la competitividad del agro no puede quedar limitada a las retenciones. A su criterio, es necesario revisar el conjunto de la estructura tributaria argentina, incluyendo los impuestos provinciales y municipales.
“Argentina, como te digo, tenemos desde hace mucho tiempo un serio problema de consistencia fiscal. No solamente hay que mirar la estructura de gasto público, sino también tenemos que mirar las estructuras tributarias”, afirmó.
La particularidad de las retenciones, explicó, está en que afectan directamente el precio que recibe el productor. “La retención está afectando, está disminuyendo el precio que recibe directamente el productor”, remarcó. Por eso consideró que cualquier estrategia destinada a mejorar la competitividad debe contemplar una revisión más amplia de los costos e impuestos que enfrenta la producción.
En paralelo, el escenario regional suma otro elemento para el análisis. Brasil, principal socio comercial de Argentina, atraviesa una definición política que puede tener consecuencias económicas para ambos países. Para Robinson, la relación bilateral representa una oportunidad para profundizar los vínculos comerciales y avanzar en una agenda que permita potenciar el intercambio.
“Brasil desde hace mucho tiempo es el principal socio comercial que tiene Argentina desde los años 90”, destacó. En ese marco, consideró que existe una posibilidad de revitalizar el Mercosur, revisar aranceles y fortalecer los vínculos entre ambas economías.
El economista sostuvo que Argentina y Brasil podrían realizar esfuerzos conjuntos para explorar nuevos mercados y ampliar sus posibilidades comerciales. “Ambos países pueden hacer esfuerzos mancomunados para explorar mercados en todo el mundo y eso nos va a ayudar a potenciar muchísimo nuestro comercio”, afirmó.
Para Robinson, el desafío también pasa por dejar atrás una mirada exclusivamente coyuntural y comenzar a construir una estrategia de mayor plazo. En ese escenario, el campo aparece como uno de los sectores que pueden aportar al crecimiento, tanto por su capacidad exportadora como por la generación de empleo y divisas.
“Estamos muy acostumbrados en Argentina a mirar el corto plazo, pero nos falta esa mirada estratégica de posicionamiento”, sostuvo.
Con una eventual reducción de impuestos en discusión y un nuevo escenario regional en desarrollo, el economista planteó que el agro debe seguir de cerca las señales que surjan tanto de la política económica argentina como de la evolución de Brasil. Para Robinson, una mayor estabilidad y una relación comercial fortalecida entre ambos países podrían generar condiciones para que sectores productivos como el campo recuperen dinamismo.
“Si Brasil y nosotros logramos sobre todo tener una alianza comercial mucho más fuerte, se potencia todo y a mí me parece que da lugar para el optimismo”, concluyó.













