De acuerdo a un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los productores habrían recurrido a fondos de terceros por unos US$10.323 millones para afrontar los insumos y las labores del ciclo. El capital propio cubrió el 30% restante, equivalente a aproximadamente US$4.424 millones.
La estimación contempla los gastos en semillas, fertilizantes, agroquímicos, siembra y pulverización de soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol. Se trata de desembolsos que deben realizarse varios meses antes de recuperar la inversión con la cosecha, una distancia que vuelve determinante el acceso al crédito.
Una particularidad de esta campaña fue el mayor peso de las operaciones en dólares.La desaceleración de la inflación y la relativa estabilidad cambiaria redujeron la incertidumbre sobre los precios y el tipo de cambio, favoreciendo el uso de instrumentos en esa moneda tanto en el circuito comercial como en el bancario.
La cadena comercial siguió al frente
El crédito otorgado por los propios integrantes del negocio agrícola explicó alrededor del 55% del financiamiento externo, por unos US$5.713 millones.Corredores, acopios y cooperativas concentraron unos US$3.142 millones, equivalentes al 55% del canal. Predominaron el canje y los pagos en dólares contra contratos de granos, junto con el financiamiento mediante cuentas corrientes en moneda estadounidense.
Los proveedores de insumos y exportadores aportaron otros US$2.285 millones, el 40% del crédito comercial. La mayor parte se instrumentó mediante canje, seguido por cheques. También hubo operaciones en dólares respaldadas por contratos de venta futura y pagarés, mayoritariamente denominados en esa moneda.
Por su parte, las mutuales explicaron el 5% restante, unos US$286 millones. Su participación fue más frecuente en localidades pequeñas, con herramientas como la negociación de cheques y los préstamos con garantía hipotecaria.
Los bancos ganaron terreno con pagos adaptados a la cosecha
Los créditos bancarios y el Mercado Argentino de Valores canalizaron cerca del 45% de los recursos aportados por terceros, aproximadamente US$4.609 millones. Aunque el financiamiento comercial conservó la mayor participación, este bloque ganó peso en la campaña.
La herramienta bancaria más utilizada fue el préstamo de pago íntegro, conocido como bullet, que representó cerca del 24% de ese canal, por unos US$1.114 millones. Permite cancelar capital e intereses en un único desembolso al vencimiento, de modo que el pago pueda coincidir con la cosecha y la comercialización. Por su parte, los créditos hipotecarios y prendarios aportaron alrededor de US$925 millones, cerca del 20%.
El descuento de cheques y pagarés movilizó aproximadamente US$676 millones, mientras que las líneas para comprar insumos mediante plataformas digitales y convenios de tasas sumaron unos US$669 millones. Cada modalidad representó alrededor del 15% del bloque bancario y del MAV; la segunda registró un crecimiento significativo durante las últimas dos campañas.
El resto se distribuyó entre otras líneas bancarias e instrumentos del MAV, tarjetas agro y acuerdos en cuenta corriente. El panorama muestra una campaña sostenida principalmente por recursos externos, con el circuito comercial todavía al frente y una mayor participación de herramientas financieras que permiten vincular los vencimientos con el momento en que el productor recupera liquidez.













