Elegir el híbrido adecuado y ajustar el manejo a las características de cada ambiente puede representar una diferencia importante en el rendimiento y la rentabilidad del maíz. Con ese objetivo, GeoAgro impulsa desde hace varias campañas un ensayo que busca generar información local sobre el comportamiento de distintos materiales genéticos. Los resultados de la campaña 2025/26 se presentarán el próximo 14 de octubre en Yerba Buena, en una jornada destinada a productores, asesores y empresas vinculadas con la actividad agrícola.
La experiencia se desarrolla en Estancia El Azul, en Burruyacú, y forma parte de una iniciativa que comenzó hace cuatro o cinco campañas en el norte de Salta, a partir de la necesidad de conocer cómo responden los híbridos ante distintas condiciones productivas. En diálogo con Suena a Campo, el ingeniero agrónomo Leandro Bustos, referente de GeoAgro en el NOA, explicó que el propósito es aportar herramientas para que las decisiones de manejo tengan un sustento técnico más preciso.
“GeoAgro es una empresa que se dedica a la tecnología de la información aplicada al agro, aplicada a hacer más eficientes los sistemas productivos”, señaló Bustos. La firma tiene su sede en Rosario, Santa Fe, y trabaja en el acompañamiento y asesoramiento técnico para implementar soluciones digitales en las empresas agropecuarias. Bustos se desempeña en el desarrollo técnico-comercial para el NOA desde hace 13 años, con presencia en zonas productivas de Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero y Salta.
El trabajo de GeoAgro no se limita a incorporar herramientas tecnológicas. Según explicó el ingeniero, también busca que las empresas puedan aprovechar los datos que generan sus actividades para tomar mejores decisiones. “Vemos que las empresas de producción adoptan bastante tecnología, hacen inversiones importantes, pero hay por ahí una falta de formación, de implementación y de formación de las personas”, indicó. Por eso, planteó que la incorporación tecnológica necesita un propósito y una estrategia que permitan integrar la información disponible.
En los sistemas agrícolas, cada labor puede generar datos útiles para definir el manejo. Los análisis de suelo, las imágenes satelitales y los mapas de rendimiento de las cosechadoras permiten conocer con mayor detalle la variabilidad de un lote y detectar diferencias en su capacidad productiva. La combinación de esas fuentes ayuda a construir un diagnóstico sobre el cual definir decisiones agronómicas.
“Así como quien conoce su campo sabe dónde están los lotes que más producen, los lotes más flojos o aquellos donde se cae el rendimiento, a nivel intralote también hay distintas capacidades productivas”, explicó Bustos. El desafío consiste en identificar esas diferencias y determinar qué estrategia puede funcionar mejor en cada sector.
El ensayo de híbridos de maíz busca precisamente llevar ese análisis a condiciones reales de producción. Los materiales genéticos son desarrollados para responder de determinada manera según la oferta ambiental, pero las condiciones cambian entre regiones y también dentro de un mismo establecimiento. La disponibilidad de agua, las características del suelo y el régimen de lluvias son algunas de las variables que condicionan el resultado.
A esa variabilidad se suman las decisiones de manejo. En el ensayo se evalúan distintos materiales y densidades de siembra, junto con esquemas de fertilización nitrogenada, en un planteo productivo que reproduce parte de la complejidad que enfrenta una empresa agrícola. La intención es analizar el comportamiento de los híbridos en diferentes ambientes y traducir esa información en conclusiones que puedan utilizarse al planificar una campaña.
Bustos remarcó que el diagnóstico es determinante para reducir el margen de error. Para explicarlo, comparó el trabajo agronómico con la atención médica: mientras más información confiable se reúna sobre una situación, más preciso puede ser el diagnóstico y, en consecuencia, la recomendación. “Esa es la diferencia, usando todas esas fuentes de información”, resumió.
Uno de los datos que el equipo viene observando en las distintas localidades donde se desarrolla el ensayo es la magnitud de las diferencias de rendimiento que pueden surgir a partir de las decisiones de manejo. “Vemos que hay una diferencia en kilos bastante grande”, afirmó Bustos. Según detalló, la elección del híbrido adecuado para su ambiente, la densidad y la fecha de siembra pueden representar diferencias de entre 1.500 y 2.000 kilos por hectárea en maíz, de acuerdo con lo documentado en publicaciones científicas que mencionó durante la entrevista.
El especialista aclaró que los resultados específicos de la campaña 2025/26 se darán a conocer durante la presentación. La devolución incluirá el análisis de los datos de cosecha y los mapas de rendimiento, considerados una herramienta clave para evaluar el comportamiento de los tratamientos. En el trabajo también participan empresas semilleras, interesadas en generar información sobre sus materiales en situaciones concretas de producción.
“Ha sido buenísimo en estos años generar estas iniciativas como el ensayo, porque es lo que nos da sustento científico para validar nuestras decisiones agronómicas”, sostuvo Bustos. Para las empresas, contar con esa información resulta especialmente relevante al momento de definir cuánto sembrar en cada sector, qué híbrido utilizar, qué densidad establecer y cómo ajustar la fertilización.
La jornada del miércoles 14 de octubre se realizará en el salón Oliveto, en Yerba Buena. La recepción y acreditación comenzarán a las 8.30, mientras que a las 9 se presentarán los resultados del ensayo de maíz por ambiente productivo de la campaña 2025/26, a cargo del doctor Gustavo Martos, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), institución con la que GeoAgro mantiene una vinculación tecnológica.
Luego del receso para el coffee break, a las 11.30 se presentará la oferta de híbridos comerciales para la campaña 2026/27. La actividad finalizará con un almuerzo de camaradería.
La convocatoria está dirigida principalmente a empresas productoras, ingenieros, asesores independientes y personal vinculado con la toma de decisiones agrícolas, además de los semilleros que participan en la iniciativa. El objetivo es compartir información generada en la región y fortalecer el intercambio entre quienes producen, investigan y desarrollan tecnología.
En un cultivo donde las diferencias entre ambientes pueden modificar los resultados, conocer cómo responde cada híbrido y ajustar su manejo aparece como una herramienta para planificar con mayor precisión. La propuesta de GeoAgro apunta a que esos datos no queden aislados, sino que se conviertan en información útil para decidir antes de iniciar una nueva campaña.













